Nicaragua, hoy y mañana
Soy un lector ávido de su diario y al mismo tiempo un admirador del idioma español. Espero que se me ceda un espacio en las Cartas al director, aunque sea solamente por las 30 líneas mecanográficas, para poder contestar a los miembros de la Asociación de Amistad Hispano-Nicaragüense en lo que se refiere al artículo Nicaragua, hoy y mañana. Contiene afirmaciones que no puedo aceptar, porque creo que falsifican la realidad.El régimen revolucionario sandinista no es y no serájamás basado en una economía mixta, no aceptará nunca un pluralismo interno y un no alineamiento internacional, porque un proceso revolucionario no puede hacerlo.
En el artículo se repite más de una vez la amenaza de que si el Congreso sigue financiando a los contras y si los acuerdos de paz de Esquipulas 2 abortan, el Frente Sandinista se verá arrastrado a imponer la disciplina interna, radicalizándose en el interior, reprimiendo a la oposición interior, y a establecer más vinculaciones con la comunidad de países socialistas.
En la lógica de los comandantes, Esquipulas 2 aborta si los contras no rinden las armas incondicionalmente, mientras que ellos las guardan y continúan su rearme masivo con la ayuda de los rusos, que es 10 veces más grande que la ayuda de Reagan a los contras. Los contras -que no son bandas mercenarias sino patriotas nicaragüenses- luchan contra la traición de la revolución sandinista, que reemplazó simplemente la dictadura somocista por una dictadura leninista-marxista.
¿Por qué el Gobierno de Nicaragua no hace lo que hizo, por ejemplo, el Gobierno español, que reemplazó la dictadura de Franco por una verdadera democracia, con un verdadero pluralismo político? Si fuera así habría en seguida la paz que deseamos para el pueblo nicaragúense, con un apoyo decidido de la comunidad internacional y específicamente de la Comunidad Europea y de Estados Unidos, lo que garantizaría una paz sostenida sobre el desarrollo económico.
Eso sería entonces lo que llamo el poder popular. Lo que quieren los sandinistas es cimentar el proceso revolucionario. Para ver eso no es necesario tener una visión profética, sino la visión del buzo que decía: "Hay que ir al fondo de las cosas".-
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