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CARTAS AL DIRECTOR

Strassera, en España

Los inconvenientes que el fiscal de la Cámara Federal argentina, Julio Strassera, tuvo que sortear en sendas entradas a nuestro país, en el aeropuerto de Barajas (EL PAÍS, 1 de diciembre de 1987), una protagonizada por la Policía Nacional y otra por la Guardia Civil, resultan vergonzosos atentados no sólo contra la persona del ilustre visitante, sino, lo que es más grave, contra todo el pueblo de la nación argentina, verdadero actor en la causa contra quienes, habiendo tomado el poder por la fuerza, quebrantaron no sólo las leyes del país, sino también las bases morales sobre las que se sustentan los derechos de la humanidad.Esta afrenta contra la persona del fiscal argentino por su actuación en dicha causa, insisto, va mucho más allá de la simple grosería de unos funcionarios. No descarto la necesidad de formalizar una disculpa ante la representación de ese país, ni el planteamiento de una profunda reflexión por nuestra parte, ante la evidencia de que dentro de las fuerzas del orden haya elementos como éstos, capaces de alinearse, aunque de esta forma implícita, con el terror de Estado que sembraron los milicos en Argentina.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 1987