TRIBUNALES

Otro funcionario de Carabanchel también admite que no contó al juez toda la verdad

Antonio Rubio Vázquez, subdirector de la cárcel de Carabanchel en marzo de 1978, cuando murió de una paliza el joven anarquista Agustín Rueda y resultaron lesionados otros siete reclusos, reconoció ayer, en la segunda jornada del juicio que se celebra por estos hechos, que en las declaraciones iniciales en el juzgado no dijo toda la verdad, influido por la incómoda proximidad de otros funcionarios, a los que trató de amparar "movido por cierto paternalismo". Como hiciera el día anterior el entonces director de la prisión, Rubio eludió su responsabilidad en los hechos.

La mayor parte de la jornada de ayer, en sesiones de mañana y tarde -el juicio continúa hoy-, la consumieron los interrogatorios del fiscal, los letrados de la acusación particular y los abogados defensores al procesado, Antonio Rubio Vázquez.Según el relato del fiscal para la averiguación del origen del túnel descubierto en la cárcel, los reclusos José Luis de la Vega y Pedro García Peña fueron golpeados en presencia del director y subdirector de la prisión; y este último asistió también al interrogatorio violento parecido, en otras dependencias de la cárcel, a los internos Miguel Ángel Melero, Jorge González Sánchez, Alfredo Casal Ortega, Juan Antonio Gámez Tovarí y Agustín Rueda Sierra, el fallecido.

Rubio sólo admitió haber visto a varios funcionarios golpear a Agustín Rueda, y dijo que ordenó que dejaran de hacerlo. Varios de ellos, según relató el funcionario, "se fueron a tomar café". Rubio explicó que, en aquel momento, pensé que el motivo de los golpes habría sido "alguna rebeldía" del recluso. Sin embargo, negó que él hubiera tenido noticias de que Rueda había esgrimido un cuchillo contra los funcionarios, con lo que dejó en evidencia al director de la prisión que, en la primera jornada del juicio, atribuyó a Rubio esta afirmación. Precisamente la ausencia ante la Sala del cuchillo supuestamente esgrimido por Rueda motivó la petición de suspensión de la vista por parte de varios letrados de la defensa. Tras consultar a las restantes partes, el Tribunal decidió denegar dicha suspensión, sin perjuicio de intentar hallar la pieza de convicción mencionada.

A preguntas de los letrados de la acusación Fernando Salas y Jaime Sanz de Bremond, el ex subdirector de la cárcel se ratificó en la declaración prestada ante el juzgado el 4 de octubre de 1978 y atribuyó las anteriores, realizadas pocos días después de los hechos, al momento psicológico en que se encontraba y a "cierto paternalismo" que le movió a amparar a los funcionarios con datos inexactos.

Interrogar "con sacacorcho"

La necesidad de careos entre los procesados quedó clara ayer cuando Rubio negó las acusaciones de varios funcionarios que declararon en su día que él ordenó coger y utilizar las defensas de goma y presenció los "interrogatorios".Rubio negó que el recluso .Vega fuera interrogado en su presencia, porque, según dijo, la primera pregunta "empezó pegar voces, y el director ordenó que saliera de jefatura".

En cuanto al interno García Peña, el ex subdirector de la cárcel afirmó ' haber participado en el interrogatorio, pero aseguró desconocer por qué procedimientos se obtuvo la lista de unos 25 sospechosos de construir el túnel, relación que "espontáneamente" facilitó este recluso.

Rubio reconoció que mientras interrogaba a García Peña, el jefe de servicios sacó del despacho varias defensas de goma. A propósito ' de aquel interrogatorio a García Peña, la letrada de la acusación Begoña González pidió a Rubio que explicara qué quería decir cuando declaró que había que . sacarle las cosas con sacacorchos".

El presidente del tribunal Carlos María Entrena, se anticipó al procesado y ofreció una explicación a la letrada: "Quiere decir hacerle preguntas insistentes". El procesado, tal vez crecido por este apoyo del magistrado, se permitió un chiste: "No íbamos a meterle un sacacorchos en la boca". La letrada, que parecía no dar crédito a lo oído, pidió al procesado que se lo repitiera y fue de nuevo el presidente, con tono complaciente, quien respondió en lugar del procesado, al que no recriminó por su ocurrencia.

Respecto a los golpes que vio a varios funcionarios propinar a Agustín Rueda, aseguró: "No sospechaba que esos gomazos, mal o bien dados, produjeran la muerte". Sin embargo, declaró que ordenó que le visitara el médico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de diciembre de 1987.

Lo más visto en...

Top 50