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Crisis energética en Perú: la fuga en un ducto de gas natural provoca sobrecostos y tensiones

Los conductores de 350.000 vehículos que funcionan con ese combustible en Lima verán triplicarse el precio. El Ejecutivo ha declarado la emergencia el suministro hasta el 14 de marzo

Pipa de gas en Cusco, Perú, en febrero de 2023.Klebher Vasquez (Anadolu Agency via Getty Images)

Lima y varias regiones de Perú amanecieron este martes con colas de taxistas apostados en los grifos, con el rostro desencajado. El país atraviesa una crisis energética a causa de una fuga en el ducto del yacimiento de Camisea, en la selva del Cusco, que provee de gas natural a todo el territorio. El incidente, producido el domingo, ha reducido el volumen de gas seco disponible abruptamente y ha paralizado el transporte de líquidos de gas natural, afectando a las centrales termoeléctricas y a varios sectores del transporte.

El Ministerio de Energía y Minas declaró en emergencia el suministro hasta el 14 de marzo, pero todavía no hay certezas del tiempo que tomará reparar el ducto, administrado por el Consorcio Camisea. Se trata de una zona de difícil acceso, en el distrito de Megantoni, donde solo se puede ingresar por vía aérea. El Ejecutivo ha establecido una política excepcional de racionamiento que prioriza a los hogares, al transporte público masivo y a las industrias estratégicas.

El incidente ocurre en plena escalada de la violencia en Irán tras los ataques de Estados Unidos este fin de semana. En respuesta, Teherán ha atacado infraestructuras petroleras y rutas de transporte y el precio de la energía se ha disparado. El tráfico por el estrecho de Ormuz, bajo influencia iraní y por donde fluye una quinta parte de la producción de petróleo y gas, se ha suspendido casi por completo ante el peligro de bombardeos.

De esta manera, los conductores no solo están obligados a migrar hacia un producto más caro, sino a un combustible cuyo precio se mantendrá en alza en tanto la guerra se agudice. En algunos puntos de Lima, el galón de gasolina premium ya cuesta 20 soles (5,8 dólares), cuando normalmente estaba entre los 15 y 16 soles (4,4 y 4,7 dólares) por galón.

Los más perjudicados, de momento, son los 350.000 vehículos que funcionan con Gas Natural Vehicular (GNV). El Gobierno ha emitido una resolución para que no se les venda GNV en los grifos. Se calcula que de este grupo, 335 mil son unidades livianas (autos, mototaxis, motocicletas) y que en su mayoría pertenecen a quienes ofrecen servicio de taxi. Especialistas sostienen que los gastos de los taxistas se triplicarán. Si acostumbraba gastar 20 soles (5.8 dólares) al día para llenar su tanque, mientras dure la crisis desembolsará 70 soles (20.5 dólares).

“En una emergencia van a tener que echar gasolina”, ha declarado el ministro de Energía y Minas, Ángelo Alfaro, despertando la molestia del sector. En Perú, el GNV es aproximadamente 55% más barato que la gasolina y 30% más cómodo que el Gas Licuado de Petróleo (GLP). El impacto es significativo y se trasladará inevitablemente a los pasajeros. Alfaro ha explicado que una gran parte de los grifos aún cuentan con reservas de GNV mientras otros ya han agotado su stock por la alta demanda. Ha señalado, además, que se sancionará a los grifos que especulen con el precio del combustible.

Por otra parte, alrededor de 1.000 empresas que utilizan gas natural como principal fuente de energía han visto restringido su suministro. Muchas migraron en los últimos años hacia este recurso por ser más competitivo y menos contaminante. Ahora deben volver al diésel o al GLP, asumiendo sobrecostos y eventuales paralizaciones. La Sociedad Nacional de Industrias ha instado a proponer, como medida temporal, el uso de fuentes alternativas, como GLP o diésel, que garanticen mayor disponibilidad y seguridad operativa.

Si bien Pluspetrol, operador del Consorcio Camisea, ha informado que no existen comunidades a menos de 16 kilómetros del punto del incidente y que la situación fue controlada, se han reportado denuncias de ciudadanos que han padecido mareos por la fuga y deflación del gas natural. Mientras la investigación sobre las causas de la fuga continúa, se ha reabierto el debate sobre la necesidad de garantizar la seguridad energética del Perú. La masificación del gas natural, que se ha enfocado en la costa, se ha estancado por la disminución de las reservas y la escasa inversión en la búsqueda de nuevos yacimientos.

Aunque los taxistas acaparan los focos en las últimas horas, se soslaya a las poblaciones, pueblos indígenas en su mayoría, que habitan el territorio aledaño donde se extrae el gas natural en Megantoni, en el Cusco. “¿Qué ha cambiado para las comunidades en 24 años de explotación? Acceso precario a salud pública, niños indocumentados, vacunas incompletas, energía eléctrica inestable [...] Hay preocupación real por los impactos en la salud tras la ruptura del ducto. El temor es legítimo. El gas sale de territorios indígenas, pero la riqueza no se queda allí o, mejor dicho, los territorios indígenas siguen en pobreza y exclusión”, reclama la congresista Ruth Luque.

La emergencia ha dejado en evidencia la fragilidad de un sistema que depende de un único ducto, y las profundas asimetrías que atraviesa la cadena del gas natural: desde los taxistas que hoy hacen cuentas para no trabajar a pérdida, hasta las industrias que asumen sobrecostos y las comunidades indígenas sumidas en la desigualdad estructural.

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