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TRIBUNA

Una estrategia para la reconciliacion

Ronald Reagan debe tomar la iniciativa en la cumbre de Washington y plantear una auténtica estrategia frente a la URSS, que lleve a una auténtica concordia, indica el autor. El presidente norteamericano debe evitar que la reunión en la capital norteamericana se convierta meramente en un festival de fingida amistad con Mijail Gorbachov.

La próxima visita del secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, para la firma de un acuerdo sobre las armas nucleares de alcance intermedio tiene lugar en un momento de una perplejidad, incluso podríamos decir peligrosa, de la Administración de Reagan.Muchos dirigentes republicanos están denunciando el acuerdo, mientras que la corriente dominante de los demócratas, la de centro izquierda, no solamente lo está aclamando, sino recomendando que se dé ayuda económica a Moscú.

Que el partido del presidente se está rebelando ha quedado claramente demostrado en el debate de Houston entre los candidatos presidenciales republicanos. Todos, menos uno, lo denunciaron como peligroso, incomprobable y dañino para las relaciones de EE UU con Europa.

El paradójico apoyo que le proporcionan los candidatos demócratas no deja de tener inconvenientes para Reagan, ya que este apoyo está dominado por la pasión de cultivar la buena voluntad de Gorbachov con concesiones unilaterales por parte norteamericana; no sólo el ofrecimiento de ayuda económica, sino por las promesas para eliminar el misil MX, abandonar la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI) y podar el presupuesto de defensa.

La Administración parece estar preocupada con la fiscalización de las armas nucleares, habiendo abandonado su anterior defensa de aquella posición que hubiera debido obligar a la Unión Soviética a detener sus aventuras secundarias y a observar un mayor respeto de los derechos humanos.

El presidente debe tomar su tiempo para, elaborar un planteamiento estratégico y bien meditado para hacer frente a la visita de Gorbachov.

Llamando a este limitado acuerdo un avance histórico, o dejando que la conferencia cumbre degenere en un festival de fingida amistad, nos hace correr el riesgo de hacer el juego de los soviéticos.

Para Moscú, la cumbre ideal sería aquella en la que la atención recaiga sobre el control de armamentos, con lo que un acuerdo de mediana importancia es jaleado como el anuncio de una nueva era en las relaciones EE UU-URSS en que los puntos críticos, tales como Afganistán, son dejados de lado. Tras una reunión de este tipo, Gorbachov podría dirigirse al pueblo norteamericano pidiéndole acabar con la rivalidad tecnológico-militar (que está imponiendo fuertes tensiones en la economía soviética) y el acceso de los soviéticos a la tecnología y el capital norteamericanos.

Podemos estar seguros de que los medios de comunicación, y tal vez algunos elementos del Congreso, harán todo lo posible para facilitar las relaciones públicas de Mijail Gorbachov.

Por ello es importante para el presidente repetir el éxito de su primer encuentro con Gorbachov en Ginebra e impedir el percance que sufrió en la reunión de Reikiavik. En Ginebra fue Reagan el que dio el tono, dejando bien claro que una mejora auténtica en las relaciones exigía avances en un amplio frente.

En Reikiavik, el presidente y su secretario de Estado cayeron en una trampa de los soviéticos aceptando negociar allí mismo (sin la presencia del secretario de Defensa) sobre algunas propuestas muy específicas: exclusivamente sobre armas nucleares.. El resultado fue que casi todo el mundo creyó que le habían ganado por la mano a EE UU.

El tomar la iniciativa en la reunión de Washington no significa que el presidente sólo tratará de generalidades, sino que debe adelantarse a los esfuerzos de Gorbachov para presentar el acuerdo sobre misiles de alcance intermedio como un punto de inflexión decisivo para las relaciones entre ambos países, poniendo sobre la mesa varias propuestas de negociación para el año próximo.

Elementos de una concordia

Como elementos de una estrategia de auténtica concordia, además de la rotunda reafirmación de la preocupación norteamericana por los derechos humanos, debe incluir:1. El marco de un acuerdo sobre armas estratégicas y una fórmula general para un compromiso sobre las defensas estratégicas, que permitan su perfeccionamiento y prueba a cambio de una mayor duración del tratado sobre misiles antibalísticos.

2. Una propuesta para una reducción importante de las armas ofensivas convencionales estacionadas en Europa central, adelantándose así a la probable oferta soviética para eliminar en Europa las armas nucleares del teatro de operaciones.

3. Un plan concreto para la neutralización de Afganistán, con la inmediata retirada de las fuerzas soviéticas situando en las ciudades claves, y durante un cierto tiempo, una fuerza de paz internacional.

El acuerdo soviético para negociar en 1988 sobre este orden del día tan explícito podría producir convenios que permitirían más tarde una importante expansión de las relaciones económicas. Pero para esto sería necesario que Gorbachov hubiera recortado de manera importante él presupuesto de defensa soviético, ya que en otro caso EE UU estaría tan sólo ayudando a Moscú a solucionar sus aprietos presupuestarios, haciéndole posible modernizar su economía mientras evitaba la reducción de los gastos militares.

Pero si esto es una parte de un más amplio esfuerzo para alcanzar una concordia regional y estratégica -si hay una continua mejora de la situación de los derechos humanos en la Unión Soviética y recortes en sus gastos militares- podría estar justificada una expansión de las relaciones económicas.

Traducción: J. Mateos.

Zhiguiew Brzezinski fue consejero del presidente Jimmy Carter para asuntos de seguridad nacional. Escribió este comentario para The New York Times.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de diciembre de 1987