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El percance se produjo cuando toreaba de capa

ENVIADO ESPECIALEl quinto de la tarde, de la ganadería de Baltasar Ibán, terciado de tipo, bizco del derecho y astifino cornalón del izquierdo, cogió de forma impresionante a Ortega Cano cuando lanceaba de capote al recibirle. Iba acoplándose el diestro sobre las rayas y desgranando verónicas con empaque; a la cuarta le echó mano y se lo llevó a los lomos para desplazarle, una vez recogido en la arena, hasta la boca de riego con un seco derrote.

Campuzano, que se hizo cargo de la lidia de este toro, flojo y descastado, obtuvo una benévola oreja tras una faena encimista, vulgar y con enganchones.

Ortega Cano, que saboreó el triunfo ante el segundo de la tarde por cortarle dos orejas zaragozanas -es decir, regaladas-, no estuvo a la altura de la gran calidad del toro. Sin templar, en ocasiones desacoplado, no fue motivo para que la masa le aclamara con entusiasmo. Cada vez que sus pases de muleta llevaban la ejecutoria carente de calidad.

Ibán / J

A. Campuzano, Ortega Cano, EspartacoCinco toros de Baltasar Ibán y uno de Sánchez Daip, terciados y encastados. 1ºy 4º sospechosos de afeitado. José Antonio Campuzano: oreja; vuelta; oreja. Ortega Cano: dos orejas; cogido por su segundo. Sufre una cornada de pronóstico gravísimo. Espartaco: oreja; dos orejas. Plaza de Zaragoza, 13 de octubre. Sexta y última corrida de feria

En Zaragoza vale todo. A Espartaco le jalean y su toreo pueblerino, despegado y tremendista en los desplantes, encontró su horma ante este público, que coloca el prestigio de esta plaza a la altura de los cosos de talanqueras. De pena. No serían menos los entusiasmos dedicados a un Campuzano vulgar con la muleta, en su primero, que tardó en encontrar las excelencias del pitón izquierdo de su segundo.

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