Entrevista:EL PONTÍFICE Y LA DICTADURA

Obispo Carlos Camus: "El Papa nos ha dado un respaldo muy hermoso"

La Iglesia chilena celebra que Juan Pablo II haya calificado de dictadura al régimen del general Augusto Pinochet

Juan Pablo II ha llegado a un Chile en el que la Iglesia y el Gobierno del general Augusto Pinochet viven en una permanente tensión. En declaraciones hechas a la Prensa chilena hace menos de un mes, el obispo de Linares, Carlos Camus, dijo que vio heroísmo en quienes atentaron contra Pinochet, porque "se arriesgaron bastante". Camus añadió que los miembros del comando guerrillero no "tienen tanta culpa" en el plano moral, porque "les habían declarado la guerra, y ellos hicieron su guerra".

El obispo de Linares, a quien el Papa describió como un hombre "que se deja arrastrar a veces por su temperamento", concedió una entrevista a EL PAIS, en la que se refiere a esas declaraciones, tras las que ha recibido amenazas de muerte y que han provocado una queja oficial del Gobierno chileno ante la Santa Sede.Pregunta. Sus opiniones sobre el atentado contra el general Pinochet han suscitado una gran polémica y han vuelto a traer a colación la licitud o no de atentar contra el tirano.

Respuesta. Sobre esto hay opiniones en la Iglesia, lo cual quiere decir que es un problema abierto. De hecho, en una de las últimas comunicaciones el Santo Padre dejó abierto el camino del último recurso. El escándalo que se armó aquí me parece un poco farisaico. En teología existe esta posibilidad, y sería bueno que aquí, en Chile, hubiera una clarificación doctrinal al respecto, hecha por expertos. A mí me dijeron que había hecho una apología de la violencia, pero yo creo que habría que preguntarse quién lo dice y si tiene alguna autoridad moral para decirlo.

P. ¿Ha habido tensiones entre la Iglesia y el Gobierno para preparar la visita del Papa?

R. Ha habido múltiples tensiones en la preparación del viaje, pero también ha habido un clima de colaboración. Frente a la importancia de la visita, ha existido el compromiso de obviar los problemas; pero sería tonto negar que han existido conflictos.

P. ¿Cómo califica la petición de los presos políticos que llevan 37 días en huelga de hambre para que el Papa medie -entre ellos y el régimen de Pinochet?

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R. Yo creo que no podemos cargar al Papa con todos nuestros problemas; eso es muy infantil. Es como la historia de los niñitos que se han portado mal y están esperando a su papá para contarles todos los cuentos. Creo que debemos aprender a asumir nuestros problemas.,

P. ¿Por qué la jerarquía eclesiástica no es partidaria de las manifestaciones políticas durante la visita del Papa?

R. Queremos que, en lo posible, el Papa tenga absoluta libertad . Él conoce la situación, y mientras más callemos nosotros, más podrá hablar el Papa. Si enredamos la cosa, Juan Pablo II deberá tener más cuidado para no ser mal interpretado.

P. Pero las personas afectadas por la privación de los derechos más elementales tienen ganas de expresarse, como lo demuestran la gran cantidad de manifestaciones que se realizan a diario.

R. Sí; cada vez que en Chile se puede hablar un poquito, la gente se suelta. Pero el pueblo es muy respetuoso, y lo importante es dejar hablar al Papa.

Opción por los pobres

P. ¿Cómo se puede llevar adelante ahora mismo en Chile la opción por los pobres?

R. Para nosotros ha sido el acercamiento al pueblo. La descentralización de las parroquias, la creación de las comunidades cristianas de base, una liturgia popular y sensible, una manifestación de la doctrina social han sido elementos importantes en ello. La cercanía al pueblo es lo que no sensibiliza, así como los ejemplos de fe y los testimonios que recibimos a diario. Los obispos escuchamos a Dios en la vida del pueblo.

P. La derecha conservadora acusa a la Iglesia chilena de estar actuando como un contrapoder frente a la dictadura.

R. Cuando hay una dictadura es muy dificil para los cristianos laicos el poder expresar sus opiniones con libertad y sin riesgo. Entonces, normalmente, se produce una mayor acentuación del papel de Ia jerararquía. Tenemos que hacer un papel de suplencia que no nos gusta. Sin embargo, debemos hablar cuando no hay otra voz que defienda al pueblo. Estamos, pues, ante una situación de emergencia que ha durado mucho, pero somos plenamente conscientes de que no es nuestro papel, sino que nos hallamos ante circunstancias excepcionales. Espero que, cuando Chile vuelva a la democracia, los cristianos sabrán interpretar. la doctrina y los principios de la Iglesia. Los obispos, con mucho gusto, nos dedicaremos con mayor plenitud a las tareas de evangelización más directas. Ahora, recientemente, el Santo Padre nos ha dado un respaldo muy hermoso, así que nos sentimos tranquilos.

P. ¿Se refiere a la calificación de Chile como dictadura?

R. Sí; y para mí fue una cosa emocionante ver al Papa tan nítido, tan claro y tan padre de todos nosotros.

P. ¿La actuación de la Iglesia siempre ha sido motivo de preocupación?

R. Sí, es cierto. Si uno es maniqueo y divide el mundo en buenos y malos, entonces la cosa es simple, es un esquema ficticio. Yo creo que en el mundo somos todos pecadores, y el demonio es tuerto, a partes, de tal manera que nadie puede sentirse entre "los buenos". La Iglesia tiene que moverse en un mundo que está herido por el pecado, pero donde está presente el espíritu de Dios. Querer una Iglesia separada del mundo, separada de los problemas, separada de toda la vida es una manera de negarle su presencia; en el fondo, es una herejía negar la encarnación del hijo de Dios.

P. En Chile nació el movimiento cristiano por el socialismo. Sin embargo" no se han dado grandes teólogos en este país.

R. Chile no es un país de teólogos. Nunca ha tenido una tradición teológica de gran importancia. Los problemas no se han planteado en lo teórico. En Chile, los problemas se plantean en lo práctico. Somos una Iglesia urgida por las circunstancias.

P. Se dice que los teólogos europeos piensan, y la Iglesia, en Latino ameré rica, actúa. ¿Comparte usted esta opinión?

R. Sí, es cierto. Los problemas de la liberación se dan en los países subdesarrollados. El problema está en encontrar una respuesta cristiana a la miseria y a la injusticia.

P. El general Pinochet afirmaba hace poco que la Iglesia chilena está infiltrada por la subversión marxista.

R. Todos, quién más quién menos, estamos infiltrados por el pecado original. Nadie es puro. En ese sentido, el que se escandalice, que tire la primera piedra. En Chile, las motivaciones de la Iglesia son pastorales. Fluyen del Evangelio.

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