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Alfonsín afronta un duro desafío múltiple en 1987

Bajo un espesísimo bochorno austral, coincidente por antinomia con los fríos europeos, Argentina ha reanudado su vida política tras 15 días de vacaciones del presidente Alfonsín en Chapadmalal, al sur de la provincia bonaerense. La recién estrenada agenda de trabajo ya está emborronada de problemas: huelga general del próximo día 26; el 1 de febrero, entrada en vigor de la zona de exclusión pesquera británica en torno a las islas Malvinas; agrandamiento de la brecha cambiaria del dólar respecto al austral; reforma constitucional, y un entierro).

El primer acto oficial de Alfonsín tras su descanso estival fue su asistencia al velatorio del intendente (alcalde) de Buenos Aires, Julio César Saguier, fulminado a los 52 años por un linfoma. El intendente de Buenos Aires es tradicionalmente designado por el presidente de la República, quien delega el cargo en alguno de sus próximos de confianza. Saguier, como los ex ministros de Defensa Raúl Borrás y Roque Carranza, también fallecidos prematuramente, constituía uno de los apoyos amicales y políticos de Alfonsín; uno más de los pocos que ya quedan de entre los que le acompañaron en su travesía del desierto que le llevó a la dirección del radicalismo argentino.Los aumentos salariales de comienzos de año han terminado en una reyerta verbal entre el Gobierno y la Confederación General de! Trabajo (CGT). El Gobierno ha aumentado el salario mínimo hasta 150 australes (un dólar en el mercado paralelo se compra en 1,79 australes), y la CGT ha decretado para el día 26 una enésima huelga general contra la política económica de la Casa Rosada. El líder cegetista Saúl Ubaldini, del gremio cervecero, reputó al Gobierno de mentiroso y le instó a que se marchara. El oficialismo adujo que Ubaldini había ingerido demasiada cerveza y que los Gobiernos deben venir o irse según el resultado de las urnas, y no por la opinión de un jefe sindical.

El Plan Austral de economía de guerra se mantiene sólido, pero hace algunas aguas por la especulación monetaria: la brecha cambiarla entre el dólar oficial y el paralelo ya ha alcanzado el 40%, y no es difícil trocar en cualquier comercio un dólar norteamericano por 1,79 australes, cuando hasta hace pocos meses la paridad era férreamente equivalente. El Banco de la Nación (oficial) acudió, sin éxito, en socorro del austral vendiendo 28 millones de dólares en bonos externos en la bolsa, que fueron inmediatamente deglutidos por el sector privado, sin frenar el alza del dólar paralelo o negro.

Reforma constitucional

Pese al verano austral, el Congreso y el Senado han sido llamados a sesiones extraordinarias para debatir la reforma constitucional, piedra de toque de la iniciativa política del presidente Alfonsín. El proyecto de reforma de la Carta Magna aún no está ultimado, pero de él se conocen sus líneas maestras: potenciación del papel del Congreso instaurando la moción de censura vinculante, creación de la figura del primer ministro responsable ante el Parlamento, reducción del mandato presidencial y derogación de la exigencia de profesar el catolicismo para los primeros mandatarios de la República.Según la actual Constitución argentina, datada en 1853, el presidente no puede ser reelecto tras su mandato. La reforma de esta disposición desbloquearía el dudoso horizonte político de 1989, en el que no se vislumbra ningún candidato radical que pueda suplir a Alfonsín ni se aprecia la crecida de algún candidato peronista que pueda aglutinar con solvencia la bolsa de gatos en la que ha devenido la oposición justicialista. Así las cosas, el tapado de Raúl Alfonsín sería el propio Alfonsín, pero como primer ministro, y no como presidente de la República. La reforma constitucional establecería también la elección presidencial a dos vueltas en caso de no lograrse en la primera la mayoría absoluta.

Por otra parte, la sentencia británica del 1 de febrero sobre la ampliación de la zona de exclusión económica en torno a las islas Malvinas pende ominosamente sobre la nación. Las recientes visitas a Buenos Aires del canciller francés Jean-Bernard Raymond y del enviado especial de Ronald Reagan, Philip Habib, hacen presagiar que la fecha fatídica será contemplada con prudencia por Argentina. Nadie, no obstante, puede prever las reacciones aisladas de la Armada argentina, tan frustrada como enojada, sobre los pesqueros internacionales -entre ellos, muchos bajo pabellón español- que faenan a partir de entonces en el mar argentino y con licencias británicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de enero de 1987

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