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La herencia decisiva de Ramón Castroviejo

Ramón Castroviejo, oftalmólogo español mundialmente conocido, pionero en el trasplante de córnea, que realizó su vida profesional en Estados Unidos, falleció el pasado jueves en Madrid, a los 82 años. Un discípulo suyo, que además fue íntimo amigo, explica la influencia sobre la oftalmología quirúrgica de este siglo de Castroviejo, sin el cual no puede concebirse.

Si ya de por sí resulta dificil esbozar la personalidad científica y humana del doctor Ramón Castroviejo, mucho más lo es en estos momentos en que la angustia de su desaparición irreparable apenas me permite el sosiego necesario para glosar su influencia en la oftalmología universal y, por supuesto, española.El umbral de este año que comienza, y que hace unos días esperaba impaciente e ilusionado, hoy se troca en tristeza y desesperanza por la pérdida de una persona a la que profesaba un afecto entrañable y un agradecimiento sin límites.

Todo ello puede hacer pensar que lo que se escribe es fruto de estos sentimientos y no de una realidad. Cuántos recuerdos y anécdotas pasan por mi cabeza en estos momentos... El honor de haber sido becario en la década de los cincuenta, después ayudante suyo en su entrañable clínica de Nueva York y posteriormente haber mantenido una profunda amistad, colaborando en todos sus proyectos, me concede ahora, ante mi conciencia, el privilegio de escribir estas líneas emocionadas en memoria de mi maestro y amigo.

Se marcha a Estados Unidos en 1928, al habérsele concedido una beca de unos meses de duración. Desde el primer momento se dio cuenta de que no regresaría a España más que al final de su vida profesional. Sin embargo a su país lo llevaba siempre muy presente, y a partir de su asentamiento profesional en Estados Unidos, como consecuencia de sus trabajos en el trasplante de córnea, hecho que ocurrió entre los años 1930 y 1935, inició su proyección internacional. En estos años, y por circunstancia de los avatares históricos, el aislamiento de España era un hecho que trascendía de los aspectos puramente políticos y que tenía, por tanto, un reflejo en todas las actividades, incluyendo, por supuesto, la oftalmología.Es precisamente en estos momentos cuando Ramón Castroviejo comenzó a ensefiar sus técnicas a los oftalmólogos españoles. Para ello creó unas becas a sus expensas que permitían en esos años dificiles estar al día de lo que en aquellaépoca era actualidad. Fuimos 120 oftalmólogos españoles los que nos trasladamos a Estados Unidos para conocer sus técnicas y renovar nuestro instrumental, en aquellos tiempos muy dificil de conseguir en España. No sólo nos enseñaba sus conocimientos, sino que, en su total entrega, nos facilitaba la asistencia a otros centros que él consideraba idóneos para completar nuestra formación. Hombre de mentalidad pragmática, rompió con el academicismo que imperaba en ,aquellos momentos, consiguiendo un equilibrio entre lo teórico y lo práctico.

Fue un gran cirujano plástico, y, una vez polarizadas sus investigaciones al polo anterior del Ojo, logró desmitificar el trasplante de córnea, que prácticamente hasta entonces era una quimera. Hizo realidad la práctica de su cirugía consiguiendo la divulgación de su técnica quirúrgica, que puso al alcance de los cirujanos. oftalmológicos, con toda la trascendencia que ello supuso en el campo de esta especialidad.

Rebasada la etapa del trasplante de córnea con material humano, fue principal impulsor de la utilización, en casos extremos, de prótesis plásticas en sustitución de injertos humanos no tolerados. Asimismo, hizo infinidad de modificacio nes en la cirugía del glaucoma cataratas y desprendimiento de retina.

Fue un verdadero paladín de la etapa macro-quirúrgica.

El mejor elogio de su habilidad docente-quirúrgica fue el hacernos ver fácil cualquier técnica por él empleada. Su actuación quirúrgica podríamos resumirla como de ingenio, espontaneidad y simplicidad. Hemos de significar que, en su creatividad imaginativa, ha diseñado más de 200 prototipos de material quirúrgico, siempre co.. el fin de facilitar las técnicas. No desaprovechaba la ocasión de abaratar costes en ,os instrumentos, y así, creó el cuchillete de hojas de afeitar (aún en boga), tijeras de córnea, trépanos para trasplantes pinzas cruzadas para la extracción de la catarata, pinzas extrafinas, cauterios, etcétera.SencillezLa misma sencillez de su creatividad la empleaba en sus intervenciones público-docentes. Eran siempre muy concretas, porque hablaba con la misma simplicidad que utilizaba en sus técnicas quirúrgicas.Las academias oftalmológicas de todos los países sé sentían orgullosas dé contarlo entre sus miembros. Fue nombrado doctor honoris causa de diferentes universidades esparcidas por todo el mundo. Sus posibilidades -para alcanzar el galardón científico más representativo a nivel internacional fueron inmensas, pero su polarización a resolver el problema humano del momento le marginó en dicho terreno.Amante de su familia, tuvo la satisfacción de disfrutar del cariño de sus nietos, hijos de su hija Alix y de Emilio Artacho, embajador de España en Ginebra, y ver cómo su hijo Christopher triunfaba como economista en Nueva York. Todos ellos venían periódicamente a España para acompañarlo.Su perfil humano podríamos condensarlo como persona amante de España, trabajador infatigable, maestro desinteresado, amigo de sus amigos, devoto de sus padres. Sobre esta síntesis humana se asentaba su categoría científica universal. Como final, únicamente podemos decir que no se concibe la oftalmología quirúrgica de la segunda mitad del siglo XX.sin su influencia.

Luis Fernández Vega es oftalmólogo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de enero de 1987

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