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Un indio pronuncia ante Juan Pablo II un discurso muy crítico en Popayán

ENVIADO ESPECIAL, El indio Andrés Camilo Chapó, de la tribu de Guambiano, pronunció ayer, en nombre de las comunidades indígenas colombianas, un discurso oficial ante el papa Juan Pablo II, tan duro que estremeció a los miles de rieles presentes en Popayán, a 1.700 metros de altitud, en el departamento de Cauca. El discurso causó tal impacto que el sacerdote que presidía la ceremonia litúrgica, Gregorio Caicedo, lo interrumpió impidiéndole que continuase. Fue el propio Juan Pablo II quien, tras haberse informado de los motivos de tal interrupción, pidió al joven indio que continuase su alocución desde donde había sido interrumpida.

Andrés Camilo Chapó, vestido con el atuendo tradicional de su tribu y con el sombrero puesto, leyó el discurso primero en su lengua y después en español, aunque éste último con una cierta dificultad. "Estamos cumpliendo, Santidad", dijo el joven indio, "500 años de una historia hecha en el silencio del dolor, del desprecio, de la marginación y del martirio desconocido porque es martirio de indio. Contamos con una historia de lucha que ha sido vida o muerte para nuestras culturas. Muchos hermanos han sucumbido frente a la agresión sin piedad del conquistador y muchos nos hemos mantenido en pie".Al llegar a este punto empezaron a mezclarse aplausos y silbidos en la muchedumbre. El joven continuó, impasible: "Las montañas agrestes de los majestuosos Andes, las llanuras y las profundas selvas americanas son testigos mudos de tantos sufrimientos y de tantas esperanzas... nuestros pies, están encallecidos, Santidad, por los largos caminos que nos ha tocado recorrer huyendo del invasor". Y añadió.: "Estamos recobrando con duro trabajo nuestras tierras para sobrevivir aquí con las formas de gobierno propias. Hablamos con orgullo nuestras lenguas y buscamos un sistema educativo que favorezca nuestras propias culturas y desarrollo social. Es un camino dificil y duro porque las respuestas de los terratenientes no se han hecho esperar, asesinando indígenas incluidas mujeres y niños".

Gritos y aplausos

Iban creciendo conjuntamente los aplausos y los gritos de los oyentes. El Papa escuchaba cubriéndose la cara con las manos. El indio siguió sin parpadear: "Cabe destacar que contra nosotros ha estado también un sector del clero que por luchar por nuestra liberación nos ha calumniado como subversivos. Pero a pesar de todo mantenemos nuestra fe. Ha habido, en efecto, otro sector de la Iglesia, Santidad, que ha visto en las luchas indígenas los sufrimientos de Cristo por una verdadera liberación y por el derecho a vivir que es por lo que nosotros luchamos y es así como aquellos representantes de Cristo en la tierra han sido perseguidos y asesinados, como es el caso de ..."

En este punto fue cuando Andrés Camilo Chapó fue interrumpido por un brusco "¡basta!", que resonó a través de los altavoces de la explanada. Lo pronunció el padre Gregorio Caicedo, quien acompañó rápidamente al indio hacia la tribuna del Papa, llevándolo casi a empujones. Juan Pablo II, antes de leer su discurso y tras haber abrazado y besado al joven indio anunció que más tarde le pediría que leyese lo que le quedaba del discurso. Así fue, y el gesto del papa Wojtyla resolvió inteligentemente la situación tan tensa que se había creado. Los nombres de los sacerdotes asesinados que el joven no había podido pronunciar al haber sido interrumpido son el del padre Álvaro Orcue y el de León Rodríguez, ambos muy jóvenes.

El Papa recordó ayer a los primeros misioneros españoles. Dijo el Papa: "Los misioneros de España os anunciaron la doctrina de Jesús según vuestros moldes culturales". Y añadió: "En medio de grandes vicisitudes y dificultades, a veces también de incomprensiones, limitaciones o fallos, la tarea evangelizadora se llevó a cabo con la ayuda de Dios".

La muerte del Pontífice

Algunos diarios habían recordado una vieja profecía del padre jesuita colombiano Bartolorné Marqués Polo, que vivió en Popayán en 1690 y fue famoso por sus epigramas. En uno de ellos se profetizaba que Popayán sería destruida por un horrible terremoto durante una Semana Santa. Y coincidió que el terremoto que echó al suelo a media ciudad en 1983 tuvo lugar justamente el Jueves Santo. La misma profecía aseguraba que, tras la reconstrucción de la ciudad, iba a llegar hasta Popayán un papa de Roma, y que estando allí sentiría un gran dolor en el pecho y su sotana blanca se vería teflida de rojo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de julio de 1986

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