El referéndum

(...) La primera providencia, con el texto de la Constitución en la mano y a las 24 horas de insistir el presidente del Congreso, don Gregorio Peces-Barba, sobre la plena representatividad de esta institución vertebral del sistema democrático, es que el Parlamento, en buena ley, y por encima de criterios partidistas, no debería autorizar la convocatoria. Una cosa era la idea de un referéndum cuando el Partido Socialista estaba en la oposición y proclamaba su voluntad de salirse de la Alianza Atlántica, aunque fuese por mayoría simple, y otra es la convocatoria de un referéndum para permanecer en dicha alianza, cuando ya se ha pronunciado favorablemente la casi unanimidad de los diputados. Desde ese momento, huelga la consulta popular, si es que mantenemos el principio de representatividad. (...)Descartada, por disciplina de partido, una eventual desautorización de la propuesta gubernamental, el propio contenido de la pregunta y de su prólogo ofrecen motivo de honda discusión. La cuestión no es pura y simplemente de permanencia en la Alianza. Tiene que ser en las condiciones propuestas por el Gobierno. (...)

De contestarse negativamente a la pregunta, quedará la duda de si el votante sigue estando de acuerdo con la permanencia en la OTAN, pero discrepa con los términos acordados por el Gobierno. Por otro lado, el ciudadano tampoco conoce todavía cuál será, en último término, la alternativa que elegirá el Gobierno. (...)

1 de febrero

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