Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
PREMIOS EUROPA NOSTRA DE DEFENSA DEL PATRIMONIO

La rehabilitación del palacio salmantino de Monterrey se logró con técnicas avanzadas

Salamanca
La rehabilitación del palacio de Monterrey de Salamanca, la actuación urbanística en Lanzarote por su adecuación al medio ambiente y la restauración de varios monumentos en Jaca han merecido los premios que concede anualmente la organización Europa Nostra. Estos galardones se otorgan desde 1978 y no son premios con dotación en metálico, sino el reconocimiento público de una obra de restauración o conservación del patrimonio. Europa Nostra, vinculada al Consejo de Europa, es una federación de 22 asociaciones, a la que pertenece por parte española Hispania Nostra. La concesión de los galardones a un total de 25 proyectos se hizo pública ayer en Londres.

M. DEL MAR ROSELL, Las obras de rehabilitación de las fachadas y cubiertas del palacio de Monterrey de Salamanca merecieron ayer en Londres uno de los premios concedidos por la organización internacional Europa Nostra, vinculada al Consejo de Europa. Los duques de Alba, propietarios del palacio, que ostentan también el título de condes de Monterrey, han financiado estas obras, valoradas en 27 millones de pesetas. El palacio data de hace cuatro siglos y medio, y para su restauración se han empleado las técnicas más avanzadas.

En los trabajos de rehabilitación e impermeabilización del palacio de Monterrey, de Salamanca, que finalizaron el pasado mes de junio, se utilizaron resina y fibra de vidrio, para frenar lo que se consideraba un proceso imparable de deterioro por efecto de los agentes atmosféricos y químicos del ambiente.El palacio de Monterrey, cuatro siglos y medio después de su construcción, ha necesitado los auxilios de las técnicas más avanzadas para poder seguir viviendo sin temor a perder su aspecto y armonía originales. Prototipo de palacio renacentista español, ha servido como modelo a muchos edificios civiles posteriores. Su silueta se ha imitado en distintas ciudades españolas y suramericanas, hasta considerarse inspirador de un subestilo de construcción civil que lleva su nombre.

Pese a ello, el edificio es sólo el ala sur, la cuarta parte de la idea original concebida por Alonso de Acevedo y Zúñiga, conde de Monterrey, a principios del siglo XVI. Su diseño inicial respondía a la configuración de una fortaleza de planta cuadrada, con torreones en las cuatro esquinas, levantada en torno a un patio central. En la actualidad, lo utilizan los duques de Alba como residencia, en sus visitas a Salamanca. Aunque en su interior se descubrieron hace varios meses dos cuadros atribuidos a Ribera, su amueblamiento responde a las necesidades de una vivienda y su interés se encuentra en el exterior.

Cierre de la galería superior

Precisamente las fachadas y cubiertas han recibido las últimas atenciones de los técnicos. A lo largo de los últimos 50 años el palacio ha experimentado algunos cambios, como el cierre de una galería superior, de 25 arcos, que pasó a convertirse en una sala. Hace 10 años, se realizaron también trabajos de cimentación del edificio. La última fase, que ha merecido la distinción de Europa Nostra, tuvo un arranque decisivo: desde 1979, el riesgo de que la caída de piedra de la parte alta del palacio provocara un accidente en la vía pública se logró atajar con un andamio de tubos amarillos que encorsetó el edificio hasta el verano pasado.

En 1984, los arquitectos José Carlos Marcos y Pío García Escudero y el restaurador Jerónimo García Gallego se propusieron realizar una operación global de consolidación, restauración y conservación para garantizar la desaparición de todas aquellas causas que originaban los años del palacio y lograr su perfecto mantenimiento, según se explicaba en la memoria del proyecto.

Daños en muchos edificios

Los daños eran comunes a los de otros muchos edificios definitorios del carácter artístico de Salamanca: la plaza Mayor, la universidad... Cresterías platerescas, pináculos barrocos, comisas y filigranas en piedra dorada... La piedra obtenida en las canteras de la localidad colindante con la capital de Villamayor, con que se han construido todos los edificios nobles de Salamanca, se desmorona al paso de un cierto tiempo.

El peligro que corren los edificios más significativos del conjunto salmantino se advirtió hace tiempo. Las llamadas de atención fueron catastrofistas: "Los monumentos de la ciudad pueden desaparecer con el siglo XX", llegó a decirse. Y en opinión de los expertos, a menos de que se atajara urgentemente el deterioro que se producía, podía ser verdad. La plaza Mayor, el patio de escuelas de la universidad, La Clerecía y el palacio de Monterrey, y ahora la fachada de la universidad, han ido encontrando su solución en resina y materias que impermeabilizan parcialmente la piedra con que están construidas y sirven para recomponer los elementos que perdieron cohesión.

'Mal de piedra'

El mal de piedra que afecta a las construcciones salmantinas tiene su origen en la porosidad del material que se utiliza para su realización. La piedra arenisca de Villamayor permite la filtración de la humedad, del agua de lluvia acompañada de los elementos químicos procedentes de la polución atmosférica, según explican José Carlos Marcos y Pío García Escudero. En el interior de la piedra, el agua se hiela y se deshiela y provoca movimientos internos en las arcillas que provocan la pérdida de cohesión interna. Los elementos químicos producen también reacciones en su interior.

Por este motivo, una de las primeras tareas llevadas a cabo por el restaurador Jerónimo García Gallego consistió en la desecación de la piedra y absorción de estos elementos, así como la neutralización de las sales. La eficacia de Jerónimo García en el tratamiento de la piedra de Salamanca está, según los autores del proyecto, suficientemente demostrada. A lo largo de los últimos años ha llevado a cabo las restauraciones de la plaza Mayor y de La Clerecía.

La controversia que provoca la aplicación de técnicas de las características de las utilizadas en el palacio de Monterrey no tiene sentido en este caso, según los arquitectos. Pío García Escudero asegura que al acometer la obra se trataba de tomar una decisión drástica para atajar el mal antes de que los daños resultaran irreversibles. Por otro lado, sólo un período superior a los 50 años sería suficiente para descubrir los efectos a largo plazo de la aplicación de estos productos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de enero de 1986