El PP levanta el entusiasmo de Vox con su discurso contra el burka
La mayoría del Congreso rechaza la propuesta de los ultras, aunque varios grupos se declaran dispuestos a abrir “un debate serio”


Lo nunca visto en el Congreso: la bancada de Vox en pie, uniéndose a la del PP, con sus diputados rompiéndose las manos para ovacionar la intervención de la portavoz del grupo popular, Ester Muñoz. La arenga de Muñoz en favor de prohibir el burka y niqab en espacios públicos —“un principio moral que nos define como nación”, según sus palabras— acabó entusiasmando a la extrema derecha, los autores de la proposición de ley que este martes ha sido rechazada por el Congreso. Vox alistó a la causa a PP y UPN, ni un solo grupo más. La propuesta reunió 170 votos a favor de los tres grupos de la derecha nacional, 177 en contra -PSOE, Sumar, ERC, EH Bildu, PNV, Podemos, BNG y Compromís- y una abstención de Coalición Canaria (CC).
La iniciativa tampoco logró atraer a Junts, que hasta la víspera no se había pronunciado. La formación de Carles Puigdemont finalmente presentó su propia iniciativa para legislar en ese sentido tras anunciar que no seguiría el juego a quienes desdeñó como “fascistas”. Otros grupos como el PNV, CC y el propio PSOE se mostraron dispuestos a debatir el asunto, siempre que se desgaje del discurso contra la inmigración de la extrema derecha.
Aquella mayoría de investidura que se esfumó hace ya algún tiempo, renació este martes en el Congreso gracias al mismo pegamento que la hizo posible: el rechazo frontal a Vox, un espantajo que hermana a toda la izquierda y a la derecha soberanista. Porque más allá de la propuesta concreta, lo que desestimó la mayoría del Congreso fue reforzar el discurso “xenófobo y racista” de la formación ultra.
El PP buscaba otra cosa, justo lo contrario: resaltar lo que lo une al partido de Santiago Abascal, cuando las sucesivas elecciones autonómicas van asentando la idea de que el pacto con los ultras será el peaje inevitable en su camino a La Moncloa. Así lo habían resaltado el pasado fin de semana el líder del partido, Alberto Núñez Feijóo, y la propia Muñoz coincidiendo con las negociaciones para revalidar sus gobiernos en Aragón y Extremadura. A tenor de lo visto este martes en el Congreso, la portavoz popular lo consiguió plenamente.
El discurso de Muñoz contra los velos integrales, un “símbolo de sumisión” de la mujer, enardeció primero a sus diputados y luego a los de Vox, que poco a poco fueron sumándose a los aplausos hasta acabar poniéndose en pie. “¿Esto es el progreso de la izquierda?”, atacó la dirigente popular enarbolando la fotografía de una mujer cubierta con el burka. Muñoz, a diferencia de lo que sí había hecho Vox con profusión, no entró a cuestionar abiertamente la inmigración, aunque sembró alguna referencia. De ese modo arrancó grandes aplausos al proclamar: “A quienes les moleste que las mujeres seamos libres e iguales, que no vengan a España”. La portavoz del grupo popular también rebatió el argumento de algunas voces de la izquierda que aducen que la prohibición atentaría contra el derecho a la libertad religiosa: “Ese derecho no es absoluto cuando conculca la libertad y la integridad”.
El debate concluyó con esa concordia entre PP y Vox tras haber comenzado de forma bien distinta. En su defensa de la propuesta, la diputada ultra Blanca Armario llegó a culpar por igual a populares y socialistas de provocar que “los españoles nos sintamos como extranjeros en nuestra propia tierra”. Esa intervención dio pie al PSOE para reprochar al PP que apoyase la iniciativa de quienes “los atacan y humillan”. Fueron palabras de la diputada socialista Andrea Fernández, minutos antes de ceder la tribuna de oradores a Muñoz y que esta transmutase las estocadas de Vox en una rendida ovación. Poco antes, la diputada de Sumar Esther Gil de Reboleño había manifestado: “El PP pone los votos y Vox la ideología”.
La incertidumbre sobre el resultado de la votación en el pleno que comenzaba a las 15.00 se había disipado ya a primera hora de la mañana, cuando Junts anunció su no rotundo. Las dudas provenían de que el partido de Carles Puigdemont se había manifestado en ocasiones anteriores en favor de la prohibición. Y de hecho, tras confirmar su rechazo a Vox, registró en el Congreso una propuesta en ese sentido, aunque mucho más matizada que la de los ultras, que contemplaba multas para las mujeres que incumpliesen la norma y penas de cárcel para quienes las coaccionen a vestir así. La portavoz de Junts, Miriam Nogueras, quiso trazar una línea radical para diferenciarse de quienes tachó reiteradamente de “fascistas”. “Ni burka ni Vox”, sentenció. “No a Vox, ahora y siempre”, anunció antes de situar a su formación en “la centralidad, los valores y la democracia”.
En la izquierda, varias portavoces dejaron claro su rechazo al burka. “No queremos para otras mujeres lo que no queremos para nosotras”, avisó la socialista Fernández. “No nos gustan el burka y el niqab, que quede claro”, convino Pilar Vallugera, de ERC. Otras pusieron pusieron el acento en defender la “libertad religiosa”, como Noemí Santana, de Podemos. La más contundente en esa línea fue Àgueda Micó, de Compromís, quien defendió: “Ningún Estado le tiene que decir a nadie cómo tiene que vestir”. Por el PNV, Mikel Legarda glosó los reparos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos a la prohibición decretada en Francia desde 2010, de la que criticó que “exacerba estereotipos” y socava la “pluralidad religiosa”.
Otro argumento recurrente de los detractores fue que la prohibición acabaría recluyendo a muchas de esas mujeres en casa. Fernández aseguró que es el caso del 30% de las afectadas en Francia. “¿Creen que la solución para estas mujeres es multarlas, criminalizarlas, encerrarlas en casa?”, planteó Gil de Reboleño, de Sumar. “Es una norma inhumana y cruel”, abundó la republicana Vallugera.
La diputada de ERC resumió en una frase la réplica que no dejó de plantear ni una sola de las portavoces de la izquierda: “Vox defendiendo los derechos de las mujeres… ¡Qué oxímoron!”. Porque esta vez Vox, el partido que tiene entre su némesis lo que llama la “ideología de género” se arropó esta vez en la bandera de la libertad de las mujeres. Mezclada, como no podía faltar, con un discurso más habitual sobre seguridad e inmigración. La diputada Blanca Armario hasta recurrió a un asunto que su grupo suele minimizar —los ataques a homosexuales— para comentar un caso en que los agresores eran de origen magrebí.
El potaje dialéctico de Vox tampoco dejó de lado las inevitables gotas de exaltación nacionalista y la denuncia de los siniestros planes que atribuye a la izquierda. Esa izquierda que, según Armario, “se ha propuesto derribar España” y que ni siquiera se aviene a reconocer “las glorias de la historia española”. Frente a tal demolición se alza Vox, ese partido que no tiene “ningún problema con el color de la piel, sino con lo que traen algunos en la cabeza”.
El rechazo a la propuesta de Vox no cierra el debate. Junts ya registró su propuesta que, según Nogueras, “pasa los filtros europeos” a diferencia de la de Abascal. El PNV sugiere crear una subcomisión para estudiar el tema, y la única diputada de CC, Cristina Valido, también aboga por buscar fórmulas contra el velo integral. El PSOE, por boca de Andrea Fernández, se mostró dispuesto a “abrir un debate serio”, aunque sin mayores concreciones.
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