Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Santiago de Compostela celebra la inmortalidad de Ramón María del Valle-Inclán

A pesar de que la mañana era fría y lluviosa, las palabras estaban envueltas por la emoción y por la necesidad de convertir la conmemoración de los cincuenta años de la ausencia de Ramón María del Valle Inclán en un recuerdo vivo y permanente. "Los dioses no mueren, los dioses son eternos; por eso, más que llorar tu muerte, queremos celebrar tu inmortalidad". Esta frase con la que cerró su intervención el alcalde de Vilanova en el acto que se celebró ayer, a ser la clave y el resumen del sentir de los presentes en el homenaje con el que Santiago de Compostela celebró la inmortalidad de Valle.

MÁS INFORMACIÓN

El 50º aniversario de la muerte de Ramón María del Valle-Inclán se celebró con un acto lleno de solemnidad en el que participaron el presidente de la Real Academia Gallega, Domingo García Sabell, en calidad de amigo del escritor, y dos alcaldes, el de Vilanova de Arousa, Sito Vázquez, y el de Compostela, Xerardo Estévez, estableciendo así el encuentro entre el lugar que vio nacer al escritor y la ciudad en donde se produjo su muerte.La personalidad de Valle-Inclán, su dimensión humana y su genialidad como escritor estaban presentes, se hacían realidad en cada una de las frases y su vinculación con Galicia quedaba también patente, patente en su deseo de ser enterrado en Compostela, en Boisaca, tal como lo expresaba García Sabell: "Aquí se fundió don Ramón con la tierra de Galicia y de Santiago de Compostela, algo que no podrá arrancar nunca. Aquí se funde él con la tierra madre, a la que tanto amó y a la que él divinizaba de una manera trascendente, en su arte y su vida. Piense que ese panteísmo que es propio de los gallegos estaba enormemente acusado en don Ramón".

Quedaba realzado también el compromiso de Valle-Inclán, su fuerza, su vigor, su honestidad, que eran como un modelo que incitaba a imitarse, según puntualizaba García Sabell.

El presidente de la Real Academia Gallega y los alcaldes de Santiago y Vilanova de Arousa depositaron sobre la tumba de Valle Inclán ramos de flores y una corona de laurel. Numerosas personas asistentes al acto desfilaron ante la gruesa losa de granito que cubre la tumba de Valle-Inclán y depositaron sobre ella claveles rojos.

Fue Xerardo Estévez, alcalde de Compostela, quien cerró el turno de las intervenciones. Quizá porque fue el ayuntamiento compostelano el que hizo realidad este homenaje al asumir el pleno de la corporación la propuesta del concejal Luis Pasín.

Un encuentro

Para Xerardo Estévez, ese acto de recuperar una vez más al escritor "no es un homenaje, ni mucho menos; es un encuentro entre dos puntos de su vida, entre Vilanova y Santiago, donde él quiso morir".Si Valle-Inclán expresó su deseo de ser enterrado en Santiago, en un cementerio civil, sin esquelas, sin coronas; en fin, sin grandes ceremonias, el homenaje en su 50º aniversario tampoco podría olvidar ese deseo de sencillez.

Por eso "este gran don Ramón de las barbas de chivo", como decía, en un conocidísimo soneto dedicado al marqués de Bradomín, Rubén Darío, revivió en este homenaje con el respeto tanto de admiradores entusiastas de sus obras como de viejos conocidos a través de unos claveles rojos que fueron depositando en esa lápida de granito, que pasaba inadvertida porque en ella no había ninguna inscripción.

Pero esa tumba olvidada cuenta a partir de ayer con una placa en la que se rememora este 50º aniversario. Ahora todos reconocemos la tumba del insigne personaje, del escritor que nos dejó libros como Divinas palabras o Flor de santidad.

En Madrid, el cuadro de actores que representará la obra Divinas palabras en el teatro Bellas Artes, colocó ayer un ramo de flores ante la estatua de Ramón María del Valle-Inclán, situada en el Paseo de Recoletos. El actor Juanjo Menéndez se desprendió de su bufanda blanca y la anudó al cuello de la estatua, que estaba rodeada de flores recibidas en otros homenajes anteriores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de enero de 1986