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Tribuna:EL MOVIMIENTO DE LOS JORNALEROS ANDALUCES

La vieja historia...

Los oprimidos necesitan moverse por utopías y sueños imposibles para conseguir salir del paro y la miseria. Éste, es uno de los temas esgrimidos por el autor de este artículo, en el que se ataca la propiedad privada de la tierra y los argumentos que la sustentan y se defienden las, ocupaciones de fincas en Andalucía, -donde junto a millares de jornaleros que están sin trabajo hay fincas, improductivas y sin explotar. Es, según palabras del autor, la vieja historia de siempre.

Si uno se asoma a la historia y la recorre con ojos desapasionados, comprueba cómo en las distintas épocas del paso del hombre sobre este planeta las clases dominantes han sabido elevar a la categoría de sagrado e intocable aquellos principios, mitos, miedos y fantasmas que fueron cambiando de nombre y ropaje, pero que siempre cumplieron la misma función: mantener el orden establecido tal cual .les convenía a sus intereses y privilegios a estas clases dominantes y alejar al pueblo lo más posible del poder, la riqueza y los bienes sociales, de los que hacían botín y patrimonio particular unos pocos con total impunidad y desvergüenza.En estos días de lucha jornalera he podido comprobar, en el libro siempre actual e irrefutable de la vida práctica, cómo las clases dominantes de -ahora y el poder a su servicio desempolvan los mismos mitos y fantasmas y golpean con el mismo desprecio y parecida saña a las clases desprivilegiadas cuando éstas osan rebelarse o sencillamente exigir lo que el sistema no puede dar, no dará nunca a los pobres, como es el trabajo, la tierra o la libertad.

El sistema capitalista en su actual crisis no puede dar trabajo a los pobres, porque para no romperse tiene que mecanizar y robotizar su producción, necesita producir y producirlo urgente e inexorablemente.

Las clases dominantes y los Estados a su, servicio no pueden consentir tampoco, y menos precisamente ahora cuando el sistema está en cuestión y demuestra su inutilidad, dar tierra a los desposeídos, porque sería tanto como admitir que hay una salida distinta a la crisis, cual es el reparto de la riqueza existente, y porque sería poner en tela de juicio la validez, nada más y nada menos, que de la sagrada propiedad privada sobre los medios de producción.

Y claro está que el sistema tampoco puede dar libertad a los pobres. Porque ¿qué harían los pobres si fueran verdaderamente libres? ¿Qué harían los desposeídos, los explotados en el instante mismo de'sentirse con la libertad entre las manos? Es fácil imaginárselo. Los pobres utilizarían su libertad para dejar de ser pobres, para acabar con la explotación y la desposesión de que son víctimas.

No hay cosa que más prohíban el poder y sus clases instaladas que dar libertad al esclavo, no sea que a éste le dé por romper las cadenas y quedarse sin amos. La libertad real siempre es subversiva y peligrosa.

Y aquí, en esta Andalucía, en este Sur, los jornaleros estamos exigiendo estos imposibles de agua, trabajo y tierra. Estamos pidiendo el imposible de la libertad y lo pedimos porque sentimos sobre nuestras espaldas el decreto a muerte que las multinacionales, con intereses crecientes en Andalucía, acelerados con la entrada en el Mercado Común, en complicidad manifiesta con este Gobierno sumiso y manigero y los señores terratenientes han establecido.

Y lo han establecido hasta en el modo, porque se pretende que, esta muerte legal del jornalero sea una muerte como clase social y sea una muerte a fuerza de la humillación, de las limosnas estatales, que signifique una liquidación también como seres humanos.

No puede, pues, extrañarnos que frente a esta'lucha por la tierra y la existencia del jornalero andaluz, las clases dominantes y su poder hayan sacado una vez más el viejo fantasma de que no puede cuestionarse la propiedad de la tierra porque la propiedad de la tierra es.un derecho natural.

Derecho para todos

Y nosotros, cuando se sacan estos fantasmas para justificar lo injustificable, no podemos más que preguntarnos si es que es verdad que la propiedad privada sobre la tierra es un derecho natural de todos los seres humanos, ¿cómo es que en Andalucía este derecho sólo lo ejerce efectivamente una insignificante miñoría que acumula despóticamente casi todas las tierras cultivables en sus manos? Si es un derecho natural para todos, ¿cómo es que a los jornaleros se nos tiene hace ya siglos privados tan impunemente de ese derecho? ¿O es que ese llamado derecho na, tural es para uso exclusivo y particular de los señores terratenientes?

Más bien el derecho natural, si miramos a la propia naturaleza, nos dice, otra cosa bien distinta. Nos,dice, por ejemplo, que la tierra no, ha sido hecha por nadie y que si nadie ha hecho la tierra, la tierra no puede ni debe ser de nadie y debe ser para uso y alimento de toda la comunidad que habita en ella.

Más bien, si queremos leer en el libro de la naturaleza, ésta nos dice que la tierra como el aire y como el agua, que son bienes universales y vitales paráel consumo humano y, para colmo, limitados, .es una auténtica barbaridad que puedan ser poseídos por el egoísmo rentabilista y depredador de ninguna clasesocial, sino que deben ser bienes públicos controlados y administrados celosamente por toda la comunidad.

El, aire para respirar, el agua para beber y la tierra para comer es lo míniro que deben controlar los pueblos para poder ejercer efectivamente. su derecho a la vida.

Y es por ese derecho elemental a la vida por lo que luchamos los jornaleros andaluces. Claro, que, frente a la exigencia de ese derecho que trastoca, los planes del gran capital, el poder hacer uso, cómo no, de otro viejo argumento, el de la represión.

Y en, 37 días de ocupación de la finca del Humoso, propiedad del duque del Infantado, cuatro veces grande de España, hemos asistido al espectáculo de 30 desalojos de la Guardia Civil, a más de 100 procesos judiciales pendientes y a la detención ¡legal y anticonstitucional durante cuatro días cofisecuti,vos de 80 mujeres que pacíficamente y con una bandera blanca paseaban por las aceras cercanas al palacio de Monsalves, sede de la Junta de Andalucía, para, pedir tierra, paz y diálogo, sinque desde dentro del palacio hubiera otra respuesta que la versión kafkiaLna de "la calle es mía y la acera tambien" interpretada por la soberbia virreinal del señor RodrígueÍ de, la Borbolla.

Era la vieja represión que de nuevo estaba aquí en pleno centro de Sevilla y a plena democracia en forma de furgón inmundo, nunca propio para seres humanos, que iba y venía para detener a un puñado de mujeres y alguno de Sus niños que tenían que recorrer entre desmayos, debido al asfixiante calor, el calvario de las comisarías, el juzgado de guardia, la burocracia de los papeles que no se entienden y la puesta en libertad a altas horas de la madrugada, porque estos pobres habían cometido el terrible atrevimiento de exigirle al poder nada menos que diálogo y pan.

Andalucía libre

Y una noche, cómo no, porque de noche actúan los que de día no se pueden mostrar, sonó el odio de siglos en forma de unos disparos que derribaron a tierra una bandera andaluza que presidía la finca ocupada.

No sabemos quién le dio al gatillo, pero estamos plenamente seguros de que, siendo de más alta o baja alcurnia, pertenecerá a esa especie terrorista que disfrutaba con los tiros de gracia a la puerta de los cementerios, que un día disparara contra Blas Infante por querer una Andalucía libre y que hacía fiesta cuando asesinaba a sangre fría a unos hermanos nuestros que hace casi medio siglo exigían, como nosotros, su derecho a la vida y a la tierra.

Y uno comprueba todo esto y lo vive y lo padece colectivamente en una larga e interminable pesadilla, donde se tropieza'una y otra vez con duques térratenientes y aguatenientes y el egoísmo cerril de una burguesía.que dispone del agua, la vida y la tierra y que nunca supo de más progreso que no fuera el de sus bolsillos y que cabalgó y cabalga en la abundancia en medio de la miseria y la desesperación del pueblo. Una pesadilla en la que los bárbaros del lujo, el derroche y la riqueza, por cualquier estúpido motivo, pueden gastarse en una sola noche, con todo descaro, el dinero con el que podrían alimentarse más de 300 familias durante un año. Una. pesadilla en la que la distancia entre la riqueza y la pobreza se agiganta pavorosamente, sin que el poder haga otro oficio que mantener el orden aún a costa de la justicia, de mantener la propiedad aún a costa del despojo y el destripe económico y psíquico de los más humildes, de mantener la calma y la paz (¡valiente paz!) desde el "no se inquieten señores, aquí no pasa nada", aunque dos millones de estómagos en esta Andalucía circulen dolorosamente aún por debajo del llamado último nivel de la pobreza portando silenciosamente en sus vidas la escritura que atestigua la más terrible desigualdad.

Parece como si el hambre, porque no se muere ruidosamente, no fuera un terrorismo. Parece como si los índices más altos de paro de toda Europa no fueran una escandalosa violencia de los que tienen contra quienes no tienen, de los poseedores contra los desposeídos.

Parece como si la violencia cuando la ejercen los poderosos y los Estados no fuera tal violencia... y quizá por eso, tal vez por eso, nunca se hable de que hay que pacificar el Sur.

Nadie parece enterarse. A muchos les interesa que no se sepa nada. Es la vieja historia. Es la historia siempre dura y terrible para los pobres. La silenciada historia de atropellos y violencias que soportaron y siguen soportando los oprimidos de todas las épocas y los opíimidos d,e este ahora.

Por eso que después de 40 días de lucha jornalera por la existencia, frente a las castas terratenientes, la lucha utópica, porque utopía es en este, Sur el derecho al trabajo, al agua y a la tierra, uno no puede evitar el recuerdo de la historia y los viejos recursos y comportamientos porque apenas si han sufrido cambios más que algún retoque que se puede considerar como de fachada.

Por eso, que la utopía sea en los oprimidos tan necesaria. La utopía es imprescindible como el aire, como el agua, como el pan, como la tierra.... porque la historia, más temprano que tarde, y a pesar de los tiranos, las clases sociales y sus fantasmas, tendrá que ser escrita irremediable e irrenunciablemente por los pueblos.

Juan Manuel Sánchez Gordillo es alcalde de Marinaleda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de octubre de 1985