Condena a medias

Mientras en el Consejo de Seguridad de la ONU se aprobaba el proyecto de resolución presentado por Francia y Dinamarca contra el régimen racista de Pretoria, en Suráfrica se superaba la cifra de un millar de detenidos de raza negra desde que el pasado domingo se implantase el estado de emergencia en algunas zonas del país. En el mismo período, el número de muertos ha sido de 16.Tal como era previsible, porque las posiciones eran ya suficientemente explícitas antes de la votación, la condena de Suráfrica y la recomendación de sanciónes no han contado con los votos de Estados Unidos y Gran Bretaña, que han optado por una tímida abstención. Ni Washington ni Londres proclaman su amistad con el régimen de Pretoria, excesivamente comprometedor por sus leyes y sus prácticas racistas, pero por su actitud de valladar de la penetración soviética en el África meridional, aplican el principio de que los enemigos de nuestros enemigos son nuestros amigos. Esta es la política diplomática que los Estados Unidos ejercen en Iberoamérica y en Asia, y que inspiró el apoyo norteamericano a la España franquista.

Esta doctrina, más sustentada en conveniencias que en principios, es la que horas antes de la votación en las Naciones Unidas inspiraba el documento final de la internacional conservadora, reunida en Washington. Los partidos conservadores instan a proseguir la presión sobre el régimen sandinista de Managua y recomiendan el diálogo entre todos los grupos raciales en Suráfrica. Presión, sin especificar su alcance, para un sistema calificado de caballo de Troya de la penetración comunista en Centroamérica, y beatífico diálogo multirracial en un país en el que los blancos, en minoría pero con el poder, está suficientemente demostrado que no quieren dialogar.

No quieren dialogar y, en el fondo, no conceden excesiva importancia a las sanciones que recomienda la resolución aprobada. Así lo ha declarado en Portugal, donde se encuentra de visita, el viceministro de Exteriores surafricano, Louis Nel, en el sentido de que su país levantará el estado de emergencia cuando lo considere oportuno, sin que en ello influya la presión internacional (...).

Habrá que ver ahora hasta qué punto es secundada por los países occidentales la resolución aprobada. Incluso, se podría decir, por parte de los países que la han votado. En el plano internacional, como en el individual, el negocio es el negocio y las sanciones que se prevén sólo son recomendaciones voluntarias. La condena adquiere así un sentido moral, por el que desgraciadamente no se siente aludida la minoría blanca.

, 28 de julio

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