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Dos policías nacionales, asesinados cuando paseaban de paisano por un monte cercano a San Sebastián

JOSÉ LUIS BARBERÍA, Dos policías nacionales, Máximo Díaz Barderas y Francisco Rivas López, fueron asesinados a última hora de la tarde del martes, presumiblemente por ETA Militar, cuando paseaban, vestidos de paisano y fuera de servicio, por una ladera del monte Ulía, en las proximidades de Pasajes de San Pedro, a unos 10 kilómetros de San Sebastián. La policía encontró los cuerpos tumbados boca arriba a ambos lados del sendero y a la misma altura, frente al mar. La perrilla de uno de los policías gemía recostada sobre el pecho de su dueño, y la mano del otro compañero descansaba, en una postura forzada, cerca de un pequeño ramillete de margaritas, al lado de un casquillo 9 milímetros Parabellum, marca SF.

El comando terrorista abordó a sus víctimas en un paraje aislado y les mató a bocajarro, de un tiro en la sien. Aparentemente, los policías no opusieron resistencia. Sus cuerpos no presentan más señales de violencia que un boquete negro ele sangre coagulada en la sien. Tampoco existen indicios de lucha en el lugar del atentado, un pequeño claro salpicado de zarzas y matorrales, por el que discurre el sendero que las víctimas recorrían frecuentemente en compañía de dos perros de caza.Los cadáveres fueron localizados pasadas las 10.00 horas de ayer tras una noche de intensos rastreos en el monte Ulía y una vez que un autodenominado portavoz de ETAm indicara al diario Egin el punto exacto del atentado.

El paraje, denominado Monte Redondo, está situado cerca de un pinar, a unos dos kilómetros de Pasajes de San Pedro, y desde él se domina el faro de La Plata y la bocana del puerto. Uno de los cadáveres llevaba sujeta una funda de pistola vacía, lo que permite deducir, aún sin confirmación oficial, que al menos uno de los dos policías iba armado en el momento de ser sorprendidos por el comando.

Máximo Díaz Barderas, natural de Pedro Bernardo (Ávila), tenía 35 años de edad y era padre de tres hijos: de ocho, seis y tres años. Ingresó en la Policía Nacional en 1973 y fue destinado a San Sebastián hace 11 años. Francisco Rivas López, de 50 años, padre de una hija de 19, había nacido en Torremocho (Guadalajara) en 1935 y llevaba 26 años destinado en San Sebastián. Al igual que su compañero vivía con su familia en Pasajes de San Pedro, en una barriada de casas reservada a la Policía Nacional que se encuentra ubicada en la ladera sur del monte Ulía.

Los dos amigos salieron de casa después de comer, pasadas las dos de la tarde, vestidos con prendas de monte -pantalones de pana camisa de cuadros, chaqueta de chándal, botas- acompañados de sus perros con la intención de dar una vuelta y regresar al anochecer, a la hora de la cena. Pasadas las nueve de la noche del martes, sus familiares comenzaron a inquietarse, y dos horas más tarde avisaron a sus vecinos, alarmados por el regreso a casa de uno de los dos perros. A primera hora de la madrugada los compañeros y vecinos de Francisco Rivas y Máximo Díaz iniciaron la búsqueda rastreando zonas del monte Ulía. Durante la noche, policías y guardias civiles, hasta superar el centenar, fueron sumándose a esta tarea, que no obtuvo resultado alguno. A las 9.30 horas de ayer, un comunicante que se identificó como portavoz de ETAm telefoneó al diario Egin para indicar dónde se encontraban los cadáveres.

Anoche persistían algunas de las incógnitas del atentado, pero todo hace suponer que fue preparado minuciosamente. El comando conocía la costumbre de los dos policías de aprovechar las tardes de buen tiempo para salir al monte y sacar a pasear a los perros y, probablemente, sabía también cuál era su recorrido habitual. Un mando de la Policía Nacional indicó ayer que ETA no se arriesga nunca en atentados que pueden resultarles comprometedores. "Se mantienen siempre a la espera, vigilan mucho, y juegan sobre seguro". Los dos cadáveres fueron trasladados en helicóptero y llevados al Gobierno Civil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de mayo de 1985

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