Operación nostalgia
La blanca doble fue una obra gloriosa del teatro franquista: lo sigue siendo. Por aquel tiempo, el, cardenal prerrenacentista de Sevilla, Segura, la mandó retirar de su diócesis porque le parecía soez, aunque en la instrucción dejaba a salvo la calidad de la música del maestro Guerrero. El maestro era más modesto con respecto a sí mismo.En una conversación con Josefina Carabias, en la que ella le exhortaba a hacer una música un poco más consistente (a propósito de esta revista y otras conteporáneas), Guerrero explicaba el poco estímulo que había tenido para hacer música sinfónica, lo que le había decidido a hacer "musiquita canalla a todo pasto, que es lo que a la gente le gusta".
La blanca doble
Autores: Paradas y Jiménez (versión de Manuel Paso). Música: Jacinto Guerrero. Intérpretes: Luciana Wolf, Paco de Osca, Ana Gallarin, Tony Martín, Susana Egea, Jesús Castejón, Pedro Javier. Dirección musical: Fernando García Morcillo y Roberto Estela. Dirección: Paco de Osca.Estreno: Teatro Progreso, 24 de enero, Madrid.
Jacinto Guerrero dijo después: "Bueno, pero no lo publique usted hasta que yo haya muerto", y la periodista lo cumplió.
Sin embargo, en esta misma La blanca doble hay números brillantes dentro del género: La mantilla de Almagro, Agua de la Fuentecilla... Jacinto Guerrero era un hombre bueno, simpático, humanismo, popular, y su música tenía las condiciones necesarias para la comunicación en esa época (1947).
Sin embargo, de esta revista lo que más se difundió fueron los cuplés de ¡Ay qué tío! a los que sin duda se refería el cardenal de Sevilla cuando hablaba de lo soez, y quién sabe si el mismo maestro al hablar de lo canalla.
La música ha sido orquestada para este caso por Fernando García Morcillo (La vaca lechera) y Roberto Estela; el libreto de Paradas y Jiménez, vertido por Manuel Paso (de la famosa dinastía y autor de las revistas que fueron famosas), que lo actualiza: en los cuplés se denigra la democracia, se critica al alcalde, al vicepresidente del Gobierno y a la esposa del presidente González.
Tono franquista
La actualización -que responde a una tradición del espíritu satírico del género que no se podía cumplir precisamente cuando no había democracia- representa al mismo tiempo una retroacción: la devolución del tono franquista de aquella estética.La reproducción del género se realiza con bastante exactitud: telones cortos, chicas de conjunto desiguales y un poco afónicas, vedettes picarescas y a veces emplumadas -Luciana Wolf, Ana Gallarin-, actores cómicos de mueca eterna-Paco de Osca, Jesús Castejón, Tony Martíny números traídos por los pelos.
El público -sábado por la tarde, bastante numeroso- aplaudió muchas veces y ovacionó al final: había mucha nostalgia.


























































