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SANIDAD

'Salta la tapia', una experiencia nueva y abierta en el psiquiátrico sevillano de Miraflores

El programa Salta la tapia pretende ser la síntesis de las nuevas experiencias y distintos métodos que se aplican en el hospital psiquiátrico de Miraflores, de Sevilla. Con irregular periodicidad, se ha conseguido que la sociedad se fije en el centro y considere de otra forma a ese tipo de enfermos. La experiencia ha coincidido en este año con la aprobación polémica de la ley del Instituto de Salud Mental de Andalucía, donde han quedado claras las discrepancias que en este tema mantienen la Junta de Andalucía y las diputaciones.

La discusión final del proyecto de ley provocó la curiosa situación en la Cámara autonómica de que el grupo de la oposición conservadora defendía el proyecto original, mientras la mayoría socialista apoyaba sus propias correcciones al texto primitivo. Aquella primera redacción otorgaba mayor poder a la Junta de Andalucía, en detrimento de las diputaciones, de las que dependen los hospitales psiquiátricos. La defensa del texto corregido por el propio Gobierno la encabezó el presidente de la Diputación de Sevilla, Miguel Ángel Pino. Esta situación se interpreta como un intento de las diputaciones para no perder el control de la psiquiatría y, en su caso, erigirse en protagonistas de la mejora de la asistencia y tratamiento de las enfermedades mentales. En general, el 25%. de los presupuestos de las diputaciones va a parar a estos centros.El primer Salta la tapia se realizó hace seis años, por iniciativa del psicólogo Juan Luis Piñera. Estuvo después dos años sin ponerse en práctica, y desde hace tres ha causado gran impacto entre la población. Era la consecuencia de una nueva visión de la asistencia psiquiátrica, surgida cuando ocupaba la dirección del centro el doctor González Chaves. Se trataba de eliminar paulatinamente la diferencia entre los de dentro y los de fuera, porque tras la puerta de Miraflores sólo hay una mínima parte de los enfermos mentales. El concepto de que la enfermedad mental es biológica fue dejando paso al convencimiento de que era biográfica.

En esa etapa se duplicó el personal técnico, se iniciaron estudios epidemiológicos, se suprimió el tratamiento de electrochoque -que antes se aplicaba a uno de cada cinco enfermos-, se pusieron en marcha una biblioteca y un club social, se intentó evitar los ingresos y se abordó el estudio sectorizado, en el que un grupo se especializó en determinados sectores de la provincia. Ello supone, además, el ahorro de 15 millones de pesetas en comida y 90 anualmente. Las diferencias entre los responsables políticos del hospital y el equipo técnico motivaron la no renovación del contrato a González Chaves, lo que originó una crisis de varios meses. No obstante, bajo la actual dirección del doctor Yanes, la continuidad de los nuevos métodos parece asegurada.

Una prueba de ello la constituye el éxito del Salta la tapia-84, en cuyos actos han participado más de 10.000 personas, que han perdido sus recelos a la hora de cruzar el umbral del psiquiátrico. Con exposiciones de los trabajos efectuados por el Taller de Terapia Ocupacional, verbenas populares, representaciones teatrales, capeas, festivales flamencos, el festival de música Electro-Rock y acontecimientos deportivos se ha cerrado otro intento de integrar en la sociedad a los enfermos mentales.

Electro-Rock en el psiquiátrico

El hospital psiquiátrico de Miraflores tiene una población de 900 internos, de los que 800 son crónicos, y el resto, agudos. La mayoría de los crónicos tiene acceso al régimen abierto, siempre y cuando tenga algún familiar o lugar donde dirigirse. La propaganda de la última semana rezaba Entrada libre. Salida también, y en el interior del hospital se han celebrado espectáculos para todos las gustos.La selección de grupos rockeros como Silvio y Barra Libre, Kiko Veneno, Pata Negra y Rompehielos para meter decibelios en el psiquiátrico, amén de recordar lejanamente aquel Rock de la prisión, merece, como mínimo, el calificativo de adecuada. Silvio canta en Vikingo y es el líder de la escuela sevillana; Veneno conjuga la cotidiana originalidad de sus letras con un fondo musical digno de un ordenador; Pata Negra son dos gitanos que lo mismo cantan blues que bordan las bulerías, y Rompehielos interpretó oportunamente el Rock del psicoanalista.

Todo ello con la noche de coartada y ese brillo mutuo en la mirada que trata de esclarecer si el que está al lado es de fuera o de dentro. Los de dentro subieron al escenario. Primero, una espontánea, que cantó un lindo tema de su invención, anunció un milagro y amenazó con castigos divinos los excesos sexuales. Después, Mateo, un músico a quien los avatares de la vida condujeron a ese centro, pero que guarda el ritmo en algún lugar de su cerebro, y las cualidades, en su garganta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de julio de 1984