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CARTAS AL DIRECTOR

Símbolos del pasado

La estatua ecuestre del general Franco adornaba la plaza del País Valenciano, en Valencia. En septiembre pasado, por decisión de la autoridad civil, fue retirada por obreros encapuchados, acosados por grupos de la ultraderecha. Hace unos días, la citada estatua fue ubicada en el patio central de la Capitanía General de la III Región Militar. La valoración de este singular evento me lleva a exponer otras realidades de índole parecida.Su majestad el Rey, el ministro de Defensa y altos mandos militares han señalado reiteradamente que se debe progresar en el sentido de una profunda integración entre Fuerzas Armadas y sociedad. Las Fuerzas Armadas, es evidente, no son sólo los cuadros de mando profesionales: los jóvenes españoles, durante el tiempo en que cumplen sus deberes militares, constituyen la auténtica esencia de nuestros ejércitos. Estos jóvenes son también parte de la sociedad española, que se ha otorgado a sí misma unas instituciones democráticas que garantizan la convivencia en armonía. Por ello, parece contradictorio y antipedagógico, dada la función formativa de las Fuerzas Armadas, que estos jóvenes uniformados, al protagonizar en las unidades el solemne acto de honor a los caídos, lo hagan ante, estos monolitos que dicen: "1936-1939. Español, lee y divulga que 49.000 muertos, 247.000 heridos, 18.096 mutilados han sido la contribución del Arma de Infantería a nuestra cruzada nacional...". Este texto recuerda permanentemente unas fechas (aún figuran en las bandas de gala de los oficiales) que no tienen hoy ningún contenido positivo para los españoles, y además excluye, como enemigos, a millares de patriotas muertos en combate. Me permito sugerir que los monolitos lleven la inscripción que corresponde: "A todos los que dieron su vida por la Patria" (informo que soy hijo de caído que colaboró en la cruzada nacional).

Me producen respeto las figuras que son ya, guste o no guste, patrimonio de nuestra historia. Pero aquellos símbolos de los que emanan ideologías que alimentan hechos como la rebelión militar del 23-F deben ser cuidadosamente guardados. Cuando un soldado es llamado al despacho de un superior y encuentra imágenes del general Franco de tamaño natural y una pequeña fotografía de su majestad el Rey, debe pensar necesariamente que algo no funciona con normalidad. Y no porque un insigne general no deba ser honrado en un centro militar, sino porque una cuarentena de poder político absolutosignifica algo más que un insigne general.

Nuestro aplauso a las reformas técnico-profesionales y a un nuevo enfoque en la concepción de la defensa, pero también nuestro respeto a los jóvenes ciudadanos, soldados de España y de la Monarquía parlamentaria que encarna nuestro Rey, don Juan Carlos I. / teniente coronel de Infantería.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de enero de 1984