_
_
_
_
Tribuna:TRIBUNA LIBRE
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Andalucía y la reforma agraria integral

Nadie puede negar que estamos ante un problema de fondo cuando se contabilizan datos como los que siguen: el 38% de superficie de Andalucía está repartido en fincas de menos de 500 hectáreas; el 60%, en fincas de 100 hectáreas, con la existencia de 11.400 explotaciones de este tipo. -Como hay muchos propietarios que tienen varias explotaciones, el número de éstos, que dominan más de la mitad de las tierras de Andalucía, se quedan reducidos a unos cuantos miles, teniendo en su poder alrededor de 5.300.000 hectáreas; sin embargo, de las 434.000 hectáreas de regadío, sólo un 25% está en las tierras de los terratenientes; es decir, éstos tienen mucho, pero riegan poco; asimismo, el 62% de las tierras que no se labran, monte, dehesa, bosque y matorral -que suponen 2.600.000 hectáreas-, está repartido en fincas de más de 500 hectáreas, lo que nos da una idea de por qué no se repuebla Andalucía.Estos datos de la propiedad y del regadío, junto a la escasa industrialización de los productos agrarios y a la disminución sistemática de los cultivos sociales -algodón, remolacha, olivar, viñas...-., teniendo enfrente a esa legión de trabajadores en paro dependiendo para subsistir de la ayuda al empleo comunitario (1.270 pesetas por día, cuatro días a la semana, cuando se pagan, que esa es otra), indican claramente que se requieren medidas estructurales de transformación, no sólo ya por razones sociales -que serían suficientes-, sino también por razones socioeconómicas de rentabilidad, eficacia y competitividad en los mercados internos y externos, y sobre todo ante la CEE y nuestro posible ingreso.

Y estas medidas no deben consistir sólo en el simple cambio de la propiedad de la tierra -mediante una política de cuestionamiento de la propiedad abusiva de la misma- de los latifundistas a manos de los jornaleros, dado que el contenido de la frase histórica, y quizá an.acránica, de "la tierra para quien la trabaja" ha sido radicalmente viciado por el capitalismo, cuya actuación práctica le ha añadido "y la producción, para quien la comercializa". De esta forma, lo esencial se traslada desde la cuestión estricta de la propiedad de la tierra a todo un sistema más eficaz y completo de explotación.

Por ello nada más cercano a esta estrategia que la subdivisión de las explotaciones agrarias, que -como hoy vemos en Andalucía- permiten a las multinacionales y monopolios obtener el beneficio del trabajo mediante los abastecimientos, por un lado (semillas, abonos, maquinarias, créditos, etcétera), y la comercialización de los productos, cuyos canales dominan y controlan, por otro. No obstante, y con todo, hay que entrar a cuestionar la propiedad como un elemento inicial en todo proceso -de transformación en el tema de la tierra.

Transformar el medio ruralEstos elementos de propiedad, abastecimiento y comercialización, junto a la financiación, el desarrollo de la ganadería, elevación de la cualificación profesional y cultura¡ de los trabajadores, el aprovechamiento de todos los recursos naturales, la elaboración e industrialización completas de los cultivos, estudios y programación agraria comarcal, interesando y correlacionando las comúcas en diversos aspectos productivos, una legislación ordenadora de la producción y una legislación laboral apropiada para la agricultura, unido todo ello a medidas tendentes a transformar el medio rural -no sólo la agricultura-, tales como la asistencia social y sanitaria, el enfoque ecológico de los cultivos y agricultura, la formación y cultura,. el ocio y el esparcimiento, etcétera; es decir, a modificar en profundidad el hábitat rural en la línea de igualarlo al nivel de civilización con el medio urbano, es lo que nos lleva a plantear el carácter de integral en la necesaria reforma agraria, que debe abordarse y es tablecerse si realmente observamos con perspectiva el futuro del problema de la tierra y su solución.

Pues bien, este terna, el de la reforma agraria integral (RAI), es hoy en Andalucía no sólo actualidad, sino la meta por la que se movilizan y trabajan jornaleros, pequeños campesinos y propietarios, intelectuales y profesionales y, lo que es muy importante, trabajadores de la industria, la cultura y los servicios, sabedores de que en nuestra tierra, y debido a su especial estructura socioeconómica y dependencia industrial y financiera, la cuestión de la tieirra, la transformación del medio rural y el abordar rápidamente estos temas son la garantía de una salida del subdesarrollo, la marginación y la dependencia, dado que actuaría de punta de lanza, dando el tirón de todos los demás factor es productivos e industriales.

Este objetivo - es el la RAI es el que impulsa la marcha que emprendieron el pasado día 5 de septiembre en Sevilla un grupo de jornaleros y trabajadores de Comisiones Obreras, que durante 40 jornadas,- andando más de 1.000 kilómetros por siete provincias andaluzas y por 62 poblaciones, pretende llevar a todos los rincones y a todos los grupos sociales la inquietud, la preocupación y el debate sobre este tema tan enraizado en la conciencia histórica de Andalucía como demuestran no sólo la extensa bibliograrla que comprende nuestra historia, sino también el caluroso y masivo recibimiento que acoge a los caminantes por todos aquellos lugares por donde pasan.

Las ilusiones de un puebloQuizá algunos se asombren del carácter mesiánicia o loco que tiene esta magna empresa (andar 1.045 kilómetros seguidos, abrasados por un sol de justicia, desde luego no es recomendable). Sin embargo, lo comprendería perfectamente si se insertase en las ilusiones de un pueblo harto de la limosna del empleo comunitario y ansioso de dignificar y rentabilizar su trabajo no sólo para sí, sino también para la economía de este país.

El Gobierno, tanto el autonómico andaluz como el central, haría bien en escuchar estas demandas enraizadas en la médula histórica de Andalucía, y no desaprovechar la ocasión de contribuir al progreso económico- social. Si, por el contrario, aborda una reforma agraria de.carácter tradicional, no acorde con la enorme complejidad multifactorial que incide sobre el medio rural y su ancestral separación del medio urbano, sentará las bases definitivas de una zona depauperada y tercermundista en el marco de un Estado moderno, y de la dependencia de éste en la actual distribución de los mercados a nivel internacional, aceptando así el papel que el gran capital multinacional nos tiene reservado en el concierto económico mundial.

No desearía acabar estas líneas, finalmente, sin dejar de añadir que a veces el análisis profundo, la lógica y la asepsia de la socioeconomía debe ceder ante el impacto de lo humano, del esfuerzo y la voluntad de hombres y mujeres que, asentándose en los precarios y míseros medios, abren vías de progreso no sólo para ellos, sino para todo el conjunto social.

Es este el case de los caminantes por la reforma agraria integral; por ello -su esfuerzo- no cabe más que rendir un profundo homenaje a esta cuerda y solidaria locura.

Antonio Roidrigo Torrijos es secretario general de la Unión Provincíal de CC OO de Sevilla.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_