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El jefe del Gobierno italiano estudia la posibilidad de que su país rompa las relaciones diplomáticas con Bulgaria

Juan Arias

El secretario general del sindicato de tendencia socialista Unión Internacional de Trabajadores (UIL), Giorgio Benvenuto, pidió públicamente ayer la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Italia y Bulgaria. Esto hay que hacerlo, dijo, "si tenemos un mínimo de dignidad nacional". El Gobierno estudia la posible ruptura ante las recientes revelaciones sobre las actividades de espionaje en su país en conexión, fundamentalmente, con el atentado a Juan Pablo II. Algunos periódicos italianos consideraban ayer que la ruptura de relaciones diplomáticas podría ser inminente

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Benvenuto dirige hoy una de las tres mayores centrales de la llamada Unidad Sindical. Es uno de los sindicatos más agresivos y que recoge las simpatías mayores de los jóvenes. Pero, al mismo tiempo, acaba de recibir el duro golpe del llamado escándalo Scricciolo, es decir, el desconcierto de haber tenido que comprobar que el responsable número uno de la política internacional del sindicato, Luigi Scricciolo, era nada menos que un espía de los servicios secretos búlgaros, según ha confesado él mismo después de diez meses de cárcel, durante los cuales se había proclamado siempre inocente.El caso Scricciolo, junto con las confesiones de Ali Agca, el autor del atentado contra Juan Pablo II que acusa también a dos diplomáticos búlgaros destacados en Roma de haber sido sus cómplices en el intento de asesinato del Papa, ha llevado al sindicalista socialista a afirmar que la Embajada de Bulgaria en Roma "se ha revelado como un elemento de desestabilización en nuestro país".

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha confirmado que está preparando una "valoración política completa sobre el caso de Bulgaria", y, según informó ayer Corriere della Sera, podrían darse en los próximos días "novedades clamorosas".

Mientras tanto, se ha filtrado la noticia de que durante los días pasados el Gobierno italiano expulsó a otros dos diplomáticos: uno, de la Embajada de la URSS, y otro, de la India. No se sabe, sin embargo, si el hecho tendrá relación con las investigaciones sobre el atentado contra el Papa.

Nerviosismo búlgaro

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Por lo que se refiere a la noticia llegada desde Sofía sobre la detención del contrabandista internacional de armas y droga, el turco Bechir Celenk -buscado desde el 4 de noviembre por la policía internacional, tras haber sido acusado por la Magistratura italiana de haber participado en la organización del intento de asesinato del Papa, ofreciendo dinero a Ali Agca para que atentara contra su vida-, todos los observadores de este país comentan que es sólo un gesto que revela el nerviosismo de las autoridades búlgaras, que desean con este gesto cubrirse la cara.Al nuevo presidente del Gobierno, Amintore Fanfani, diversas fuerzas políticas -entre ellas los socialistas y los, socialdemócratas- le han pedido que aborde, en la discusión parlamentaria sobre su programa de Gobierno, el caso búlgaro.

En su discurso de ayer, Fanfani sin embargo, no abordó el tema directamente, aunque podría tocarlo durante el debate los próximos días. Ayer, por primera vez en crónicas y editoriales, empezando por Corriere della Sera, se hablaba abiertamente de un intento de los servicios secretos de la URSS de "eliminar al Papa polaco" sirviéndose de Bulgaria como país satélite.

Pero se avanza también la hipótesis de que el hecho de que dicha información, si se revelara auténtica, pudiera implicar indirectamente a Yuri Andropov, ex presidente del KGB (policía política de la URSS) en tiempos del atentado al Papa, ha podido salir en este momento a la luz pública en concomitancia con la lucha política actual dentro del Kremlin.

Al mismo tiempo, la Embajada búlgara en Roma no pierde ocasión para repetir, como lo hizo ayer por enésima vez, que se trata sólo de un montaje contra su país, que "ha condenado siempre el terrorismo y profesado devoción al Papa".

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