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Murió Federico C. Sainz de Robles, testigo y cronista de la reciente historia de Madrid

Federico Carlos Sainz de Robles, cronista oficial de la Villa de Madrid y padre del presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, falleció ayer en la clínica de la Cruz Roja de Madrid como consecuencia de un paro cardiaco. Tenía 83 años. Dedicó a Madrid, al estudio de la generación del 98 y a otros temas de carácter histórico siete volúmenes y más de 8.000 artículos periodísticos. La actividad tradicional del cronista la hizo compatible Sainz de Robles con un gran sentido del humor y una gran capacidad para la ironía.

Federico Carlos Sainz de Robles y Correa era un erudito íntimamente vinculado a la ciudad de Madrid, donde nació el 3 de septiembre de 1898. Gran parte de su extensa obra, en la que se contabilizan más de setenta volúmenes y cerca de 8.000 artículos periodísticos, versaban sobre la capital de España, de la que era cronista oficial. Esta intensa dedicación a los temas madrileños fue reconocida en numerosos premios y galardones, entre los que destacan el de Hijo Predilecto de Madrid, concedido por el Ayuntamiento de esta ciudad en 1980. También obtuvo el premio del Ayuntamiento de Madrid en 1931 y en 1963, y el premio Nacional de Teatro en 1953 y 1961.Sainz de Robles destacó como un profundo conocedor de la obra de Benito Pérez Galdós y de la Generación del 98. Desde su puesto de asesor literario de las editoriales Aguilar y Espasa Calpe llegó a escribir trabajos e introducciones a la obra de casi todos los componentes de esta generación de escritores. En 1978, con motivo de un homenaje a Benito Pérez Galdós, Sainz de Robles pronunció un discurso en el que hizo uno de sus acostumbrados comentarios irónicos: "Es triste decir", afirmó, "que una de las poquísimas veces que la derecha y la izquierda coincidieron totalmente en nuestro país fue cuando pidieron que no se le concediese el premio Nobel a Pérez Galdós".

Federico Sainz de Robles era famoso por ese uso de la ironía, que en ocasiones fue cáustica, y así, en mayo de 1978, con motivo de la polémica sobre la colocación de la escultura de Chillida La sirena varada en el museo al aire libre del paseo madrileño de la Castellana, el cronista oficial de la Villa, que acababa de cumplir los ochenta años, declaró a la agencia Efe: "Yo no digo que Chillida sea un mal escultor; digo, únicamente, que La sirena varada es una birria: tres bloques unidos por un pico. Y espero que eso nunca se cuelgue en Madrid". La verdad es que Sainz de Robles no tenía opiniones muy convencionales sobre el arte moderno, ya que a continuación añadió: "Y es que el nuestro es un país de papanatas, en donde nadie se atreve a decir algo tan elemental como que un pintor genial como Picasso ha hecho también muchas tonterías. Entre ellas, el Guernica, que, por mí, pueden quedárselo los americanos".

La capacidad de trabajo de Sainz de Robles siempre asombró a sus contemporáneos. Crítico literario, ensayista, historiador, antólogo y poeta, sentía una necesidad vital de explorar continuamente nuevos campos. Llegó incluso a publicar una serie de diccionarios, entre los que destacan su Diccionario de la Literatura y su Diccionario de sinónimos y antónimos.

Toda su formación académica la realizó en Madrid, estudiando primero bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros, y después las licenciaturas de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Central. Cursó también Humanidades en el seminario Conciliar de San Dámaso, de Madrid. Profesionalmente, trabajó como archivero-bibliotecario-arqueólogo, por oposición, del Ayuntamiento de Madrid. Fue director de la Hemeroteca Municipal, miembro del Instituto de Estudios Madrileños del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y asesor de diversas editoriales. Ejerció la crítica literaria en el diario Madrid y colaboró en publicaciones internacionales. Casado con doña María Victoria Rodríguez de Lucas, era el padre de Federico Carlos Sainz de Robles, actual presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de noviembre de 1982