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CINE /'QUERIDISIMA MAMA'

Barato oportunismo

En 1977 murió Joan Crawford, una de las míticas actrices de la época dorada de Hollywood. Había comenzado su brillante carrera en los años veinte, compitiendo con la flapper Clara Bow. Trabajó ininterrumpidamente desde 1925 hasta 1970, a pesar de que quince años antes se había casado con un magnate de la Pepsi-Cola, de quien heredó su poder, que supo utilizar hasta el final. Estéril, Joan Crawford adoptó dos niños, a quienes luego desheredó, justificándolo en el testamento con una frase ambigua: "Ellos saben por qué".

Buena fuente de ingresos

'Queridísima mama'

Director: Frank Perry. Guión: Frank Yablans, basado en el libro de Christina Crawford. Música: Henry Mancini. Intérpretes: Faye Dunaway, Steve Forrest, Diana Scarwin, Mara Hobel. Drama. Norteamericana, 1981. Local de estreno: Salamanca

Christina, la hija mayor, publicó un año después de la muerte de la actriz un duro libro -Mommie dearest, no traducido en España en el que revelaba la supuesta crueldad con la que había sido tratada desde que compartiera el hogar de la actriz. El libro tuvo un gran éxito entre quienes morbosamente siempre esperan conocer detalles íntimos de los famosos. Nada de interés, sin embargo, revelaba el oportunista texto de la desheredada. Se dice en él que cuando Joan Crawford se emborrachaba, perdía el control de sí misma y castigaba duramente a quienes la rodeaban. Que regalaba juguetes sobrantes -los mejores, según la hija- a niños pobres, que obligaba a los hijos a escribir felicitaciones de Navidad a sus admiradores y que a toda costa quería dar la imagen de madre generosa y de hogar feliz. Eso es todo.Los estudios de Hollywood no desaprovecharon la oportunidad de producir una película que encontrara entre los lectores del libro una buena fuente de ingresos. Queridísima mamá no ha tenido, sin embargo, el éxito esperado.

El público joven que ahora acude al cine en mayor número ignora la existencia de Joan Crawford, y a pocos les importa si sus borracheras eran divertidas o histéricas. En todo caso, quien la ve comprende rápidamente que la venganza de la hija adoptiva tiene unas raíces más fuertes que las que ella confiesa. El juego privado de su testimonio, tan unilateral, tan descaradamente oportunista, se anula a sí mismo.

Película confusa y aburrida

La película, dirigida por Frank Perry, es tan confusa y aburrida, que no colabora precisamente a disimular los baches de la ira. Y aunque Faye Dunaway, encargada e emular a Joan Crawford, realiza un trabajo respetable, intentando matizar lo que sus estudios de actriz le enseñaron, es incapaz de superar la debilidad original del libro, del guión, de la puesta en escena. No interesa la revancha ni, lo que es peor, interesa mucho la propia Joan Crawford.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de septiembre de 1982