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Un estreno en la cartelera de Bilbao

Antonio Gala reivindica su 'pasión' por el idioma y por las palabras nuevas'

El autor habla ante la representación de 'El cementerio de los pájaros'

Antonio Gala estrena hoy en el teatro Consulado de Bilbao su última obra, El cementerio de los pájaros, que protagonizan, en sus papeles principales, Irene Gutiérrez Caba, Encarna Paso, Miguel Ayones y Manuel de Blas. La dirección es de Manuel Collado. La obra será estrenada en Madrid el próximo 15 de septiembre, en el teatro de La Comedia. La representación de Bilbao no es un hecho aislado. Responde al creciente interés que existe en aquella capital por el arte escénico y a la inusitada frecuencia con que el mundo del teatro visita la cartelera bilbaína. En esta página Gala reivindica su derecho a apasionarse por el idioma español y la delegación de EL PAIS en Bilbao describe el ambiente previo a este estreno, con el que prácticamente se abre la temporada escénica.Antonio Gala ofrece tal movilidad oral que una cree que el famoso bastón lo utiliza mayormente para no marearse con tanto paseo entre sujetos, con tanto balanceo de adjetivos, de tanto como utiliza las metáforas a modo de lianas. Muy quieto, muy apacible, muy sereno, sí. Pero el despliegue de su locuacidad es como una de esas colas de pavo real que se van abriendo, abriendo, y que nunca parecen agotar su mosaico de colores. Antonio Gala es, fundamentalmente, un señor a quien escuchar. Eso lo saben muy bien las damas que acuden a las funciones de su teatro o a las conferencias en las que se aparece personalmente, inflamadas por devociones dignas de las beatas de antaño, aquellas que languidecían bajo la oratoria del abate de moda."Yo soy un gran aficionado a la conversación, sobre todo cuando es improvisada, que es como cuando sales de caza y no sabes qué vas a cazar, y surgen las ideas, y unas se engarzan en otras... También soy un apasionado del idioma, yo soy un escritor de los que tienen siempre al lado el diccionario, y soy feliz, muy feliz, cuando alguien me enseña una palabra nueva".

Y así, meciéndonos en florido castellano, me explica lo de su nueva obra teatral: "Para mí, El cementerio de los pájaros representa un gozo, porque ya tenía desde hace tiempo el deseo de escribir sobre este tema. Que es curioso cómo en el hombre, y no sólo en el alma individual sino en el alma colectiva, y no sólo en España sino en todo Occidente, se tensan ahora dos sentimientos contradictorios: el fervoroso deseo de libertad, y el fervoroso temor a la libertad. Entonces surge la libertad como una angustia, y este momento que vivimos nosotros, verdaderamente, tiene algo de angustioso".

La misma obra

"Yo he escrito siempre la misma obra", añade, "con los mismos ingredientes: un escenario oprimente, extrañamente oscuro, alguien que ha perdido la libertad, un factor desencadenante y las situaciones que a continuación se producen. Y luego eso se construye sobre dos rieles, que Son la justicia, esa justicia absoluta que debe permitir a todos los hombres que se cumplan; y la esperanza, que muchas veces no está en mi obra pero que salpica al espectador y le recomienda que salve en, la. vida lo que en el escenario no ha podido ser salvado".

"El cementerio de los pájaros sigue esta trayectoria. Quizá aporta algo nuevo: así como Noviembre y un poco de yerba aportó un lenguaje especialmente recreado, El cementerio... tiene un lenguaje muy teatral, poco literario, muy de situaciones. Me parece que los personajes son vivos, son habituales, con los que nos cruzamos en la vida, y que eso va a ser entendido, porque somos todos nosotros. Y no me gustaría, aunque va a ser prácticamente imposible, que los símbolos fueran evidentes".

Hay otro rasgo común al teatro de Antonio Gala, que es la prioritaria utilización de mujeres. ¿Por qué? "Hay muchas razones para eso. Algunas, puramente técnicas; otras, bastante más inmediatas. Yo creo que la mujer ha sido el símbolo y la encarnación de las ideas con mucha más frecuencia que el hombre a lo largo de la historia. No sé si es por una actitud de ella, que crea al hombre, mientras que el hombre cree que crea la vida. En todo caso, la mujer es más expresiva, el hombre es más taciturno: actúa, pero no da las razones de su actuación. Las mujeres, sobre todo las de mi Sur, son más claras, actúan y se explican, y eso en teatro es un valor magnífico. Finalmente, hay otra razón: en España disponemos de un elenco mucho más numeroso de buenas actrices que de buenos actores".

Parece que Irene Gutiérrez Caba, en un papel principal, realiza una creación en una línea muy distinta a la que nos tiene acostumbrados: "Yo no suelo escribir para actrices determinadas, entre otras cosas porque, en teatro, eso da mala suerte. Sin embargo, en este caso sí he tenido muy presente a Irene G. Caba, que es el gran amor del ama de casa, porque irradia bondad, discreción, serenidad, porque no pisa un bar, porque antes de salir de gira les pone fundas a los muebles, guarda la ropa y pone la naftalina. Es decir, el éxito no sólo no hace la digestión de ella sino que ella ha hecho de tal forma la digestión del éxito que lo ha incorporado a los poros de su piel, al dibujo de sus cejas. Entonces, este personaje es absolutamente distinto a todo lo que ha hecho".

Tras El cementerio de los pájaros, Antonio Gala prepara una temporada de alejamiento teatral, una de esas separaciones amistosas con que se obsequia esporádicamente para regresar con mayores ansias. Y, en este tiempo, escribirá, por primera vez, novela: "Que es, como decía Jardiel Poncela, un hombre que escribía teatro sin cesar, el nirvana de la literatura".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de septiembre de 1982