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Reportaje:El gerente de Lípidos Ibéricos relata desde la cárcel la historia de un fraude / 1

Miguel Par: "Hacer contrabando de colza no requería sobornar a ningún funcionario de Aduanas"

Miguel Par Balcells, 56 años, gerente financiero y copropietario de Lípidos Ibéricos, SA (Libsa), afirma: "Yo no tengo nada que ver con la adulteración de aceite y, mucho menos, con la intoxicación que ha causado 327 muertos y veinte mil enfermos". Desde la cárcel, Miguel Par se decide a pasar de acusado a acusador. Y cuenta "la verdadera historia", en la que salen datos nuevos a la luz y en la que denuncia "curiosas contradicciones" de la Administración. Levanté una empresa por la que obtuvo felicitaciones oficiales. También hizo contrabando, sin el más pequeño tropiezo hasta ahora, "sin grandes misterios ni tener que sobornar en Aduanas". Hasta que saltó, meses atrás, el escándalo de la adulteración del aceite.

Lleva un año en prisión en Carabanchel (Madrid), a la espera del juicio. Y está dispuesto, dice, a asumir sus responsabilidades, pero no más. No quiere ser cabeza de turco ni chivo expiatorio. Este es el doble papel que, según él, quiere hacerle encarnar la Administración: único receptor del castigo entre los culpables, que permanecen ocultos "pero el contrabando de grasas no empieza ni acaba en mí, como pretenden hacer creer"), y objeto desviador de la culpa ("pero no voy a permitir que el hecho de haber pasado de contrabando unas partidas de aceite de colza comestible, o el hecho de fabricar y vender legalmente trioleínas, se utilicen como si ahí estuviera la clave de toda la adulteración del aceite en España")."Se nos acusa de intervención en la introducción y distribución del aceite tóxico, ya que tres cisternas de nuestro aceite de colza comestible, que introdujimos de contrabando, fueron vendidas a una empresa que adulteró aceite de oliva, y su resultante, al parecer, fue tóxico. Lípidos trabaja con más de mil empresas. Aquella empresa a la que se alude compré nuestro de aceite de colza comestible a un empleado nuestro, sin nuestro conocimiento, pese a que asumirnos la venta cuando la policía hizo gestiones, con el fin de respaldar a dicho empleado. Este quiso buscarse una red de clientes por su cuenta y no nos avisó".

"El auto de procesamiento dice que hay hechos 'racionalmente indiciarios' de nuestra implicación, pero el mismo auto añade que 'no existe la certidumbre a establecer relación causal entre el aceite de Lípidos Ibéricos y la enfermedad de las familias que consumieron...', etcétera. Entonces, como no se nos puede demostrar la intervención, nos achacan que, al traer de contrabando aceite de colza comestible, obligamos a los adulteradores a importar aceite de colza desnaturalizado. ¡Ya está bien! Como si hubiera de ser Lípidos quien tuviera que llevar el control de las importaciones legales e ilegales y la autorización de las licencias de importación, las concesiones de cupo de la CAT o el FORPPA de aceite de soja.

"Una comisión interministerial estuvo en nuestra fábrica a finales del año pasado. Esta comisión elevó un informe. No se conoce su resultado. Quizá resulta que no interesa que salga a la luz porque des mantelaría el montaje de acusación que se nos ha hecho. Más bien parece que no se quiere esclarecer esta historia, sino dejarla como está, aunque haciendo una sutil campaña contra las grasas animales. Hasta hace pocos años, en España sólo se consumían aceites de oliva y orujo, manteca de cerdo, tocino, mantequilla y, ya posteriormente, las margarinas. Había una pequeña producción de aceites de pepita de uva y de semilla de algodón y maíz. El español no conocía el aceite de soja, el de colza, el de cártamo, y del girasol sólo comía las pipas. Nunca pasó nada. Luego 'vinieron las lluvias', es decir, las multinacionales, y nos hicieron consumir soja; luego, cártamo; luego, girasol. Todos ello eran peores que el de oliva, pero más baratos. Y, como eran más baratos, empezó el tinglado de las mezclas fraudulentas con el de oliva".

El nacimiento de Libsa

"A mitad de esas alturas, los españoles encontramos la forma de producir un aceite, tan perfectamente comestible como los de semillas, a partir del tocino y la manteca de cerdo, con lo cual paliábamos los excedentes de ambos productos en el mercado nacional", indica Miguel Par.

Lípidos Ibéricos, SA, nace en 1973. Su sede comercial está en la calle de Maresma, de Barcelona. Hasta entonces, sus propietarios se dedicaban al refino de aceites con la empresa Industrial Molturadora. "Uno de los aceites importados por España, aunque de forma controlada, es decir, sujeto a comercio de Estado, no de libre importación, era y es el aceite de soja. Hasta hace unos veinte años, en España no había plantas de extracción de aceite de soja. La CAT adjudicaba a los envasadores los cupos de importación de ese aceite, que se importaba crudo y las refinerías lo refinaban. Esto era hasta medidados los años sesenta. Entonces surgieron aquí las extractoras de soja, y la mayoría de las refinerías cayeron porque la importación no era ya de aceite crudo, sino del haba, y las extractoras del aceite hacían el refino".

Esta circunstancia hizo que Industrial Molturadora se convirtiera pronto en Lípidos Ibéricos. Es a raíz de una publicación en el BOE. Una orden del Ministerio de Industria, firmada por López Bravo, de fecha 15 de septiembre de 1967, convoca a la iniciativa privada para la instalación de una planta de fabricación de aceites y grasas comestibles a partir del tocino de cerdo, según un proceso técnico desarrollado por el Patronato Juan de la Cierva.

Ignacio Baxeiras, copropietario y gerente entonces, como Miguel Par, de Industrial Molturadora, se entrevista con Domingo Martín García, jefe de laboratorio de dicho patronato, quien le explica, en líneas generales, el sistema de conversión del tocino de cerdo en aceite comestible, sin desvelar las peculiaridades del mismo. La empresa privada que se decida a fabricar tal aceite por dicho procedimiento habrá de pagar al patronato un canon de 0,25 pesetas por kilo y 0,50 pesetas del volumen total de ventas. A Ignacio Baxeiras le interesa el tema, pero no le interesa pagar el canon. Con lo que ha visto decide prescindir del patronato y crear, por su cuenta, un sistema de extracción de aceite a partir del tocino de cerdo.

La producción de Libsa, con unos cien empleados, llega a ser de un centenar de toneladas diarias de triestearinas y trioleínas de tocino de cerdo y sebo de vacuno, y, potencialmente, de unas 36.000 toneladas al año, aunque la producción real al año, según Miguel Par, era de unas 15.000 toneladas.

Las triestearinas son la parte sólida que resulta del tratamiento de la manteca. Las trioleínas son la parte líquida, el aceite.

"Lípidos continúa abierta. Sometida a intervención judicial por suspensión de pagos, pero abierta. ¿Cómo pueden acusamos de que vendíamos aceite prohibido para el consumo humano? Ha sido una falacia decir en el Senado, por ignorancia o mala fe, que nuestras trioleínas son una grasa esterificada y nuestra fábrica una planta esterificadora".

La grasa de cerdo hace competencia

Miguel Par vuelve al desarrollo de su empresa. "Con la producción española anual de manteca y tocino se prodrían producir anualmente unas 50.000 toneladas de aceite, cuyo precio siempre sería inferior al de los aceites de semillas. Y eso no interesa. Y mucho menos si ese aceite tenía la aceptación que debía tener y se autorizaba la importación libre de manteca de cerdo, cuya producción mundial es excedentaria. Y eso no interesa. Así es que se empezó una campaña contra las grasas animales: que si los insaturados, que si el colesterol, etcétera. Un poco de seriedad. El español siempre comió tocino y guisó con manteca y nunca se envenenó".

"La situación excedentaria en España de manteca de cerdo ha justificado que la Administración no autorice su importación libre. Por esta razón, el precio de la manteca de cerdo oscila".

Libsa quiso dejar de estar sometida a esas fluctuaciones y, en 1977, solicitó una admisión temporal de importación de manteca de cerdo. No había precedente. Como es habitual, la resolución pasó por Consejo de Ministros. En 1980 se le autorizó esa posibilidad, "que no llegó a utilizar".

Desde 1975 exportó la citada trioleína, principalmente, a los países de la Comunidad Económica Europea. «Era la única empresa española exportadora en este ramo, y en cantidades tan sustanciosas, que se nos concedió, a finales de octubre de 1979, la carta de exportador de segunda categoría, con felicitación del director general de Exportación".

La producción de trioleínas de Libsa se desglosaba, aproximadamente, en un 55% con destino a mayoristas del mercado alimentario, un 25% a la exportación y un 20% a la industria alimentaria o no alimentaria.

"No hace falta sobornar: es mucho más fácil"

Miguel Par ha hecho llegar al ministro de Justicia un escrito en el que, entre otras cosas, dice: "Libsa es una empresa modema con tecnología propia, que podía vender fácilmente hasta 100 toneladas diarias, unas 36.000 toneladas anuales, de las mercancías de su elaboración. Si hubiera comerciado con aceite tóxico, a estas alturas todos los españoles estaríamos envenenados".

"Cierto que Libsa comerció con aceite de colza comestible del que se consume en todo el mundo fuera de los países mediteráneos", continúa el escrito. "Con ello, Libsa incurrió en infracción de contrabando, hoy documentada en actas de la Dirección General de Aduanas, y ello no es excepcional para la misma. Ha sido práctica común en muchas industrias españolas".

En dicho escrito se apunta la posibilidad de que, bajo licencia de importación de aceite de colza desnaturalizado, se importara durante los últimos años, en gran parte y realmente, aceite de colza sin desnaturalizar, perfectamente comestible, listo para su destino al consumo de boca.

En sus declaraciones añade: "En resumen, hacer contrabando no exige grandes misterios, ni sobornar a ningún funcionario de Aduanas. Es mucho más fácil. El funcionario de Aduanas tiene que tomar unas muestras para comprobar si corresponden con lo que se supone que importas. Basta con que se las des tú. La propia Administración ha fomentado ese relajamiento. Es la Administración quien ha propiciado la política de grasas que obliga al contrabando. Sin ese contrabando no era posible hacer una política de grasas que permitiera vender barato el aceite de oliva. Así es que la Administración tenía que hacer la vista gorda al contrabando y a la adulteración".

"El consumo de aceite de oliva es muy superior", añade, "al de la producción; ustedes mismos dieron cifras de esto. Si resulta que no hay importación de aceite de oliva, ¿cómo se pueden consumir al año doscientas mil toneladas de aceite de oliva más del que producimos? La respuesta es sencilla: porque ese aceite de oliva no es aceite de oliva. Es un aceite mezclado. Esto lo sabía todo el mundo: los industriales del aceite, los tenderos, la Administración y el consumidor, cuando el consumidor compra un aceite baratísimo como de aceite puro de oliva".

"El negocio estaba en coger aceite de oliva y mezclarlo con otro aceite, español o importado, cuanto más barato, mejor, siempre y cuando fuese aceite comestible. A nadie se le había ocurrido aquí mezclar, como los marroquíes, un aceite de motor o cualquier otra barbaridad de ese tipo. Lo que se hacía era mezclar aceite de oliva con orujo, que era el siguiente en precio; pero el margen era poco rentable. Así es que se terminó por mezclar otros más baratos: de soja, de pepita de uva, de algodón, etcétera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de agosto de 1982