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Calvo Sotelo quiere anunciar en Londres la apertura de la frontera con Gibraltar

El presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, quiere anunciar en Londres, a mediados de diciembre, el inicio oficial de las negociaciones hispano-británicas sobre Gibraltar y el final de las restricciones impuestas por España al Peñón. Calvo Sotelo espera, como contrapartidas y en demostración de la voluntad política negociadora del Reino Unido, que el Gobierno de Margaret Thatcher no conceda en la Cámara de los Comunes la nacionalidad británica a los gibraltareños y apoye, por el contrario, el informe sobre Gibraltar elaborado por la Comisión de Exteriores de dicha Cámara el pasado verano en favor de muchas tesis españolas sobre la descolonización de la Roca.

Por otra parte, el Ejecutivo español desea que el Gobierno británico, en su calidad de presidente en ejercicio del Consejo de Ministros de las Comunidades Europeas, encabece y aliente en la próxima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la CEE (prevista para el 26 de noviembre en Londres) una propuesta política que apruebe, al máximo nivel europeo, la fecha del 1 de enero de 1984 como el día de la adhesión de España a las Comunidades Europeas.Con estas dos iniciativas, pendientes de negociaciones y que cuentan con elementos contrarios tanto en el Parlamento británico, a propósito de Gibraltar, como en la CEE, para el reconocimiento de un calendario tope de adhesión por parte de Francia, el Gobierno de Calvo Sotelo espera rodear y justificar la aceleración del proceso de adhesión de España a la OTAN, que tendrá su vértice político en el Consejo Atlántico de invierno (a primeros de diciembre), en el que los ministros de Asuntos Exteriores de la Alianza esperan invitar a España a adherirse.

Asimismo, el Gobierno quiere con esta triple operación -Gibraltar-OTAN-CEE- dar a entender a la opinión pública que la política exterior española progresa gracias al acercamiento a la Alianza Atlántica, que de cumplirse los planes del Ejecutivo en estos tres campos obligarán a la Administración española a desarrollar a lo largo de 1982 una cuádruple negociación de política exterior. Dos multilaterales, con la CEE y la OTAN (esta última para definir el nivel de integración militar hispana en la Alianza), y dos bilaterales, con Londres y Washington, sobre Gibraltar y para la renovación del tratado bilateral hispano-norteamericano, cuya prórroga caducará en mayo.

Con estas iniciativas, marcadas y condicionadas por la urgencia OTAN del Gobierno, el Ejecutivo quiere también contrarrestar los ataques de la oposición en relación con el debate atlántico, que se iniciará la semana entrante en la Comisión de Exteriores del Congreso sin que la izquierda haya conseguido ni siquiera ampliar el plazo de enmiendas en esta discusión.

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Calvo Sotelo quiere anunciar en Londres el final de las restricciones a Gibraltar

Viene de primera página

El presidente Calvo Sotelo prepara un viaje oficial a Londres para el mes de diciembre, posiblemente para la secunda semana, para lo cual ya cuenta con la invitación oficial de la primera ministra del Reino Unido. Margaret Thatcher. según se ha sabido de fuentes diplomáticas bien informadas. El objetivo de esta visita a la capital británica no es otro que el de suscribir un compromiso político hispano-británico al máximo nivel ejecutivo para iniciar una negociación oficial sobre la descolonización de Gibraltar y buscar soluciones definitivas sobre la soberanía del Peñón que reclama España y el mando de la base militar, que podría quedar bajo control hispano-británico en el marco de la OTAN. Asiismo, ambas partes estudiarían en la negociación una solución autonómica o una situación especial para la población gibraltareña.

Hasta el momento, la negociación oficial Madrid-Londres sobre Gibraltar, acordada en la primavera de 1980 por lord Carrington y Marcelino Oreja en el llamado acuerdo de Lisboa, ha permanecido bloqueada por una y otra parte. El Reino Unido exigía a España el previo levantamiento de las restricciones impuestas al Peñón y la apertura de la frontera, y Madrid pedía a Londres toda una serie de garantías políticas y técnicas, como la equiparación en derechos de los trabajadores españoles que se desplacen a Gibraltar a los de cualquier otro país tercero o miembro de la CEE.

Asimismo, en Madrid se dudaba de la voluntad política del Reino Unido a la hora de llegar al fondo de la negociación gibraltareña, que para España no tiene otro objetivo que la plena recuperación de la soberanía del territorio, y esta duda impedía a las autoridades hispanas iniciar el levantamiento de las restricciones sin saber a dónde conduciría la negociación.

Ahora, ante la urgencia OTAN a la que se ven sometidos el Gobierno de Calvo Sotelo y su ministro de Asuntos Exteriores. José Pedro Pérez-Llorca, Madrid ha urgido a Londres algún gesto político que justifique el levantamiento de las restricciones, la apertura de la verja gibraltareña y el inicio de la negociación. Un gesto en el que, al parecer, no se podrán incluir las completas garantías de igualdad de derecho a los trabajadores hispanos que quieran ir a la Roca, porque aquí tienen mucho que decir los gibraltareños, a los que el Gobierno británico no quiere dejar descolgados de este proceso.

Contrapartidas de Londres De todas maneras, se ha pensado en dos actitudes políticas de Londres sobre el tema gibraltareño, Y que tienen una fecha comprometida en el Parlamento británico. Se trata del debate que deberá abrir en sus sesiones de octubre la Cámara de los Comunes sobre la ley de Nacionalidad Británica. Una ley que ya pasó por la Cámara de los Lores y que (en plena emotividad por el viaje de los príncipes Carlos y, Diana a Gibraltar en viaje de bodas) incluyó a los gibraltareños como detentores de la nacionalidad británica. Ahora, el Gobierno de Margaret Thatcher, con su mayoría en los Comunes, podría rectificar este apartado de la ley, y oponerse a la concesión de la nacionalidad británica a los ciudadanos de Gibraltar, cosa que sería bien vista por el Gobierno de Madrid.

El segundo gesto que se espera en la capital española se refiere a la discusión que los Comunes deberá celebrar también sobre el informe que la Comisión de Asuntos Exteriores de esta Cámara realizó el pasado verano sobre el problema de Gibraltar tras una visita a España. En este informe se incluyen posiciones muy favorables a las tesis españolas -como el no reconocimiento de la soberanía británica sobre el istmo del Peñón, la posibilidad de articular la autonomía gibraltareña en la Constitución española, la viabilidad económica, el derecho de los trabajadores hispanos y la utilización conjunta de la base militar-, que se reflejan en las conclusiones finales del documento. En Madrid se espera que el Gobierno acepte tales conclusiones también como prueba de su voluntad política y a pesar de que ello constituye un handicap en la negociación descolonizadora, que deberá conducir el Foreign Office, ya que elimina muchos de los argumentos británicos frente a los españoles.

En opinión de la parte española, estos dos gestos, que tampoco tienen demasiada importancia y alcance, que ninguno de los dos causará a Londres mallores problemas si obtiene a cambio el levantamiento de las restricciones a Gibraltar, ayudarán al Gobierno de Madrid a presentar ante la opinión pública la apertura de la verja de la Roca y el inicio negociador y, en consecuencia, a tapar y cubrir la operación OTAN de Calvo Sotelo.

La auténtica garantía política de que se inicia un camino hacia la recuperación de la soberanía de Gibraltar sería una declaración pública del Gobierno británico en este sentido y poniendo por delante su voluntad política a los compromisos que tiene contraídos con Gibraltar. Esto, en opinión de medios próximos al palacio de Santa Cruz, no se va a conseguir, y, por ello estos medios temen que el Gobierno, sumergido en la urgencia OTAN. haga concesiones al Reino Unido y entre en un proceso negociador ilimitado y sin garantías claras de conclusión final. Se teme, en definitiva, que Londres aproveche esta urgencia atlántica para conseguir el fin de las restricciones a cambio de casi nada.

Calendario de adhesión a la CEE

En medio de toda esta ofensiva diplomática de urcencia, que intenta controlar el ministro Pérez-Llorca, está el tema de la cumbre europea o Consejo Europeo de Londres, que reunirá en la capital británica el día 26 de noviembre a los jefes de Estado y de Gobierno de la CEE. Una reunión esta muy importante por la crisis interna de la Comunidad en los planos financiero y agrícola, y en la que Francia deberá descubrir las verdaderas intenciones europeas del Gobierno de François Mitterrand. Entre ellas estará el tema de la ampliación de la CEE hacia la Península Ibérica, aunque España desea que esto no quede en las consabidas declaraciones políticas de ánimo e intención. Para ello, Madrid ha pedido a la presidencia británica y a varias cancillerías europeas (el secretario de Estado para Europa, Raimundo Bassols, concluyó hace días una gira por las diez capitales comunitarias) que la cumbre suscriba la fecha del 1 de enero de 1984 como el día de la adhesión de España.

Esta fecha ha sido recoiiocida por varios Gobiernos europeos, así como por la Comisión Europea, pero nunca por el ejecutivo de la CEE a su máximo nivel, como ahora se pretende. Como siempre, Francia es el país más reticente, y por ello el Gobierno español ha iniciado toda una serie de gestos de acercamiento al país vecino, como el anuncio de la tramitación urgente en las Cortes del impuesto sobre el valor añadido (IVA).

En todo caso, esta triple operación OTAN, CEE y Gibraltar va a tener un calendario propio muy apretado y difícil de entroncar. La cumbre estará prevista para finales de noviembre; el Consejo Atlántico, que invitará a España a Ia adhesión a la OTAN, para primeros de diciembre, e inmediatamente después el viaje de Calvo Sotelo a Londres, si todo va como Madrid desea.

Asimismo, todo esto obligaría, a principios de 1982, a España a debatirse en cuatro negociaciones internacionales muy importantes a la vez: la de adhesión a la CEE; la de articulación hispana al sistema defensivo de la Alianza, según el deseo del Gobierno; la de Gibraltar, y la de la renovación del acuerdo bilateral Madrid-Washington, que deberá quedar concluida en mayo del año entrante.

Y mientras tanto, la oposición, y en especial su primer partido, el PSOE, incapaces de reaccionar y de seguir informativamente la actividad exterior del Gobierno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de octubre de 1981

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