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Marcela de Juan: coraje e inteligencia

Marcela de Juan, autora de una importante antología de la poesía china, falleció en Ginebra (Suiza) el pasado mes de agosto. Tenía 76 años. Estaba destinada, por su origen chino (nació en Pekín en 1905), a vivir entre mandarines y princesas, pero optó por protagonizar una rica vida intelectual. En 1977 publicó un libro-memoria, La China que ayer viví y la China que hoy entreví, donde Marcela de Juan describe con sencillez sus vivencias en China, desde comienzos de siglo hasta la revolución maoísta.

Ma Ce Huang, hija de mandarín y de una dama belga, estaba destinada desde su niñez a ser la esposa de un príncipe del Celeste Imperio, pero se hizo española al contraer matrimonio con un diplomático granadino. Al quedarse viuda muy pronto y con escasos recursos, se dedicó, con coraje e inteligencia, a ser uno de los contados enlaces que durante los últimos años tuvimos los españoles con esa extraña, milenaria y paradójica civilización china, donde las casas se empiezan por el tejado, el luto es blanco, la cortesía es una necesidad vital y cuya larga historia parece demostrar la realidad del mito del eterno retorno.Marcela de Juan ha fallecido un día del mes de agosto pasado en Ginebra, una ciudad muy querida por ella como lugar de ocio y de trabajo y adonde fue, en el que iba a ser su último viaje, para tratar una incurable dolencia. Su muerte ha sido un ejemplo de elegante discreción, como si hubiera querido esfumarse para no molestar a sus amigos, lejos de ellos y aprovechando el estío, cuando los sabía en la dispersión veraniega.

Estoy seguro que todos ellos recordarán no sólo su interesante personalidad, sino también su meritísima labor cultural: sus conferencias sobre el teatro chino, personalmente ejemplificadas; su trabajo como traductora oficial del Ministerio español de Asuntos Exteriores; su apoyo entusiasta a la creación de la Asociación Profesional Española de Traductores e Intérpretes. Pero su más valiosa aportación intelectual fueron, sin duda, las sucesivas Antologías de la poesía china, que le animé a publicar en la Revista de Occidente y en Alianza Editorial. (Fue quizá la primera en traducir al castellano los poemas de Mao, delicados y culteranos en curioso contraste con la rudeza y elementalidad de su gran revolución.)

Y hay que darse cuenta, para estimar cumplidamente su mérito, que si, como ella misma dijo, «la traducción es punto menos que imposible, por muy afin que sea la otra lengua y si una antología poética es siempre empeño arriesgado, las dificultades se multiplican cuando el objeto de la selección es la poesía china y el espacio histórico estudiado abarca desde el siglo XXII antes de Cristo hasta las canciones de la Revolución Cultural». Pero Marcela de Juan se atrevió a eso y hoy sigue siendo la suya la mejor antología que poseemos en castellano de esa poesía china que no se escribe, sino que se dibuja con un levísimo pincel.

En 1968, aprovechando un viaje que hizo a la India como intérprete simultánea de la UNCTAD, le encargué una entrevista con Indira Gandhi, que entonces, como ahora, presidía el Gobierno indio. ¡Debió ser una conversación apasionante entre dos mujeres excepcionales! Después de todo, lo que Marcela realizó para favorecer la confluencia de ambas culturas, china e hispana, es lo mismo que el Mahatma Gandhi decía respecto a la confrontación de las culturas india y occidental: «No quiero que mi casa esté rodeada de muros por todas partes ni que estén cerradas mis ventanas. Deseo que el viento de las culturas de todos los países entre en mi casa con la mayor libertad, pero sin levantarme a mí por los aíres».

Los que quieran saber más de Ma Ce Huang pueden acudir a sus Memorias, donde se cuentan muchos pormenores de una vida nada vulgar. Sólo he querido con esta nota romper el silencio que había tras su muerte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de septiembre de 1981