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Norteamericanos e italianos intentarán conseguir los premios de la Mostra de Cine de Venecia

La película española "Kargus", recibida con frialdad

La Mostra de Cine de Venecia conienzó el pasado martes con Y todos rieron, de Peter Bogdanovich, una comedia de contenido autobiográfico que no llegó a interesar. Lo mismo ocurrió con la pelicula checoslovaca Retazos, de Jiri Menzel, y con la española Kargus, de Miñón y Trujillo, recibida con frialdad por parte del público. Estados Unidos e Italia presentan en la Mostra el mavor número de producciones con interés para conseguir el León de Oro.

El pasadó martes comenzó la IXL Mostra Internacional de Arte Cinematográfica de Venecia. Una huelga del personal, que sólo termino una semana antes, estuvo a punto de acabar con la reanudación de este tradicional festival cinematográfico iniciado en 1932, por idea de Mussolini, y ha hecho que la organización se tambalee, la desorganización sea grande, y continuos los cambios de horarios en las proyecciones.Interrumpida a comienzos de los setenta, como consecuencia de los sucesos de 1968 y de la decisión posterior de no conceder premios, en 1979 se realizó un ensayo general de la mano de Carlo Lizzani, que continúa en 1980 con la concesión de los tradicionales leones de oro, para llegar a este año con el decisivo apoyo de los norteamericanos.

En esta especie de balneario decadente de principios de siglo que es el Lido, una isla de dieciséis kilómetros de largo y quinientos metros de ancho, de la laguna veneciana, una multitud de periodistas italianos y algunos extranjeros discuten más sobre quién será el continuador de Lizzani, el futuro de la Mostra y qué actos se organizarán el año que viene para conmemorar el cincuentenarlo, más que de las películas que se han comenzado a exhibir.

Hay una lucida representación norteamericana, que incluye la retrospectiva dedicada a Howard Haws, y más de otras doce películas, entre las cuales se encuentra Blow out, de Brian de Palma, con John Travolta; Confesiones verdaderas, de Ulu Grosbard, con Robert de Niro, S.O.B., de Plake Edwards, con Julle Andrews, y la superproducción de George Lucas: En busca del arca perdida, de Steven Spielber- junto a grandes clásicos, como Manos peligrosas, de Samuel Fuller, Y Que el cielo la juzgue, de John M. Stahl.

Sigue Italia con catorce largometrajes, la mayoría producidos por la radiotelevisión y dirigidos por debutantes, entre los cuales destacan El corazón del tirano, de Miklos Jaricsó e Historias de locura corriente, de Marco Ferreri. Y luego se sitúa España con Bodas de Sangre, la obra de Carlos Saura sobre el ballet de Antonio Gades inspirado en García Lorca, que está dando la vuelta al mundo de los festivales en olor de multitud; Reborn, de Bigas Luna, la reciente película del original realizador catalán rodada en Estados Unidos, que todavía no se sabe si llegará a tiempo, y Kargus, que es la única candidata española a los leones.

Comienza la competición

Kargus, de Juan Miñón y Miguel Trujillo, integrada por seis episodios muy desiguales y que tan poca aceptación tuvo para el público español, se presentó el primer día y fue recibida con frialdad. Lo mismo ocurrió con la checoslovaca Retazos, de Jiri Menzel, una comedia intrascendente que se desarrolla en los años veinte en medio de un plácido aburrimiento. Desde que en 1966 Menzel ganó el oscar a la mejor película extranjera extranjera, con Trenes rigurosatizenie controlados, tras intentar superar la crisis que para el cíne checoslovaco significó la invasión soviética de 1968, ha continuado por el camino de la comedia, pero sin lograr ningún nuevo éxito.

Algo más de interés ha despertado La caída de Italia, de Lordan Zafranovic, porque gira en torno a las consecuencias que en 1943 tuvo en Yugoslavia el final del fascismo italiano. Ganadora del primer premio del Festival de Pula de este año, no deja de ser la tradicional historia socialista de partisanos rodada de forma extremadamente apresurada, y que esta vez transcurre en un pueblo de pescadores de Dalmacia y narra los amores entre uno de estos partisanos, interpretado por el conocido actor polaco Daniel Olbrychski, y la hija del rico del pueblo que ha estudiado en Italia.

Y todos rieron, de Peter Bogdanovích, con la cual se inauguró la Mostra, tiene mala suerte. Está dedicada a Dorothy Stratten, ex playmate de Plalyboy, novia de Bogdanovich y protagonista de la producción, que fue asesinada el 14 de agosto del año pasado por su marido, celoso.

Muy parecida físicamente a Cybill Chepherd, la anterior novia y protagonista de Bo-danovich, es el eje de esta historia, que parece un homenaje a ella y que tiene un lado claramente autobiográfico. El propio Bogdanovich pensó en ser el protagonista y desistió cuando encontró a su doble, el actor John Rittel.

La muerte de Dorothy Stratten fue el motivo elegido por la Fox para guardarla durante un año y finalmente desentenderse de su distribución; la verdadera razón quizá sea que, transcurrida la primera media hora, esta pretendida comedia brillante no funciona. Los cuatro miembros de la agencia de detectives privados Odisea, de Nueva York, para facilitar su trabajo tienen por costumbre enamorarse de las mujercs a las cuales les encargan seguir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de septiembre de 1981