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Pepe Carvalho triunfa en Europa

Pepe Carvalho es un personaje agradecido y pertinaz. Tras su aparición en Yo maté a Kennedy, fábula de política-Ficción, con sus ribetes satíricos de parodia de los mass media y de la sociedad industrial desarrollada, convenció Finalmente a su creador, Manuel Vázquez Montalbán, para que le bajara de las teorías sociopolíticas y le convirtiera en un personaje de consumo más cotidiano, tal vez también más trivial, pero al fin y al cabo más cercano a la mesocracia ambiental de la España final del franquismo y de la transición democrática. El resultado fue el éxito comercial, el Premio Planeta -lo que no estaba tan mal para un comunista que pasó por cárceles y condenas- y al final el permiso de exportación.Su primera peregrinación fue de Barcelona hasta Árristerdarri, en Tatuaje. Un cadáver aparecía en la playa de Vilasar, con un tatuaje: «He nacido para revolucionar el infierno»: Desde estas alturas, Pepe Carvalho pareció refugiarse definitivamente en Barcelona y sus aledaños, precisamente en las dos novelas traducidas al francés, de las que la segunda le ha valido a su autor el Grand Prix du Roman Poficier: La soledad del manager y Los mares del Sur, que muchos consideran como las mejores de la serie. En la cuarta llegó el exilio centralista: Pepe Carvalho se vino a Madrid a investigar el Asesinato en el Comité Central, sin duda la más floja de todas. La gastronomía madrileña es más vacilante que la catalana para Vázquez Montalbán, y el erotismo era insuficiente: le faltaba la Charo, ocupada en Barcelona en sus habituales menesteres.

Al final, Pepe Carvalho conquista Europa, lo que no consiguió su autor como poeta, narrador, dramaturgo y periodista. Hasta la Encarna quedó atrás, ante la presión de este detective atípico, ex comunista y ex agente de la CIA, gallego afincado en Cataluña, periférico hasta los tuétanos. Con él, Vázquez Montalbán ha conseguido su mejor comunicación con el público.

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