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Crítica:CINE

A la sombra de la OTAN

Dentro de las limitaciones consabidas del género, esta historia de la recluta Benjamín resulta, por lo menos, divertida a ratos. No aporta novedades, pero trae otra vez ante nosotros un nuevo y especial trabajo de la brillante actirz de Flor de cactus y Schampoo. Su fotogenia particular y su saber adaptarse a cualquier tipo de empeño dramático, aun sin perder el buen humor, le hacen salvar las fallas claras de un guión que, en ocasiones, sigue senderos un tanto trillados.

Una historia en tres capítulos

La recluta benjamín

Dirección: Howard Zieff.Argumento y guión: Nancy Meyers, Charles Shyery Harvey Zieff. Fotografía: David M. Walsh. Música: Bill Conti. Intérpretes: Goldie Hawn Eileen Brennan, Armand Assante, Robert Webber, Sam Wanamaker. Comedia. EE UU. 1980. Local de estreno: Paz.

Sin afán de profundizar, ni mucho menos de caer en cualquier tipo de análisis, tres capítulos componen esta breve vida a los que el Ejército de EE UU sirve de elemento conductor más que de tema principal, si bien se mira.El mejor de los tres resulta el primero, el que cuenta la boda, con su versión regocijada de la pequeña burguesía judía de América. Familia, relaciones, ceremonias se hacen presentes muy vivamente con gracia de buena ley, que paulatinamente se va perdiendo para hacerse más burda en las partes siguientes.

El segundo nos cuenta el paso de la vida civil a los campos de entrenamiento del Ejército y se atiene a las normas convencionales, sazonadas en este caso por la presencia de mujeres en maniobras, cuarteles y encuentros siempre heterosexuales. Ni contra la mujer ni a su favor, el guión roza más el humor bélico de un Gila que los matices del absurdo o la ironía. Hay en él los consabidos personajesque reparten una crítica blanda entre hembras y varones lejos de la que da entrada a la película.

La tercera parte entra de lleno en lo que podría defínirse como historias amorosas de americanos en París, con latin lover y todo naturalmente puesto al día. Las peripecias de la soldado Benjamín, convertida en oficial, su dilema entre un¡forme y nueva boda, se apartan definitivamente del tema inicial, rumbo a un desenlace que nos ofrece una mujer independiente, al parecer no se sabe si en busca de un grado superior o de su identidad perdida en tantas películas parecidas a ésta, por culpa de una mal entendida comicidad ajena a los verdaderos senderos de la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de abril de 1981

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