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Premio Cervantes de Literatura

Un escritor comprometido

El ilustre escritor, periodista y novelista uruguayo nació el 1 de julio de 190, en Montevideo. Orietti estudió poco: frecuentó la escuela primaria y abandonó la secundaria sin terminar el bachillerato. Trabajó en varios oficios. En 1932 publicó su primer cuento en La Prensa, de Buenos Aires, que llamó la atención del público culto argentino. Al mismo tiempo comenzó a trabajar como periodista. En 1939 llegó a ser jefe de redacción del semanario Marcha, que dirigía Carlos Quijano y en el que colaboraron los escritores más importantes de América Latina. Por esa misma época publica El pozo. En 1940, su novela Tiempo de abrazar obtiene en Nueva York el segundo premio en un concurso de novela, detrás de una obra de Ciro Alegría.Desde 1941 hasta 1955 colaboró en la revista Sur, La Nación, Clarín, en la agencia Reuter y en periódicos de provincias. En 1950 publica La vida breve, en que inicia su cielo sobre santa María, un Montevideo legendario y mítico.

Más tarde regresa a Montevideo, se incorpora de nuevo al semanario Marcha, donde forma parte de un jurado de novela. La obra premiada, juzgada pornográfica e inmoral por la dictadura militar, acarrea a Onetti serias dificultades. Desde 1975, Onetti reside en España. Se le puede considerar como un escritor exiliado. Su cuento Presencia, publicado en Cuadernos Hispanoamericanos, constituye una denuncia de una situación de represión en la lejana Santa María. Ha escrito artículos en EL PAÍS. Entre las obras importantes de Onetti cabe citar las siguientes: El pozo (1939), Tierra de nadie (1941), Para esta noche (1943), La vida breve (1950), Los adioses (1953), Para una tumba sin nombre (1959), El astillero (1961), Juntacadáveres (1964) y Dejemos hablar al viento (1979), esta última publicada en España.

No puede dividirse en Onetti la vida de la obra; la suya es la presencia entrañable del que no cree que la suya sea una presencia literaria en la que el esfuerzo forme parte fundamental de la creación; más bien se halla convencido de que cuando escribe descansa, devuelve a la vida aquello que sólo es del sueño.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de diciembre de 1980