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Estreno de la comedia "'Aspirina para dos" de Woody Allen

La comedia Aspirina para dos, de Woody Allen, se acaba de estrenar en el teatro Marquina, de Madrid, en adaptación de Juan José de Arteche y dirección escénica de Ángel F. Montesinos, con escenografía de Emilio Burgos e interpretada por Nicolás Dueñas, Yolanda Farr, Antonio Iranzo, Loreta Tovar y Africa Pratt. La sesión de estreno se celebrará el próximo martes.

Woody Allen, escritor, actor y director cinematográfico, tras sus actuaciones en televisión, radio y salas de fiestas, estrena con éxito su primera obra teatral, No bebas ese agua, confirmado, en 1969, con Play it again, Sam, titulada aquí Aspirina para dos, que permaneció dos años en un teatro de Broadway. En las mismas fechas inicia su carrera cinematográfica con Toma el dinero y corre y, posteriormente, Bananas, Lo que siempre quisiste saber sobre el sexo..., Sueños de un seductor, Annie Hall y Manhattan. En España, la editorial Tusquets ha agrupado sus textos en los libros Cómo acabar de una vez por todas con la cultura y Sin plumas, que incluye dos piezas breves de teatro: Muerte y Dios.Nicolás Dueñas, uno de los intérpretes de Aspirina para dos, declara que, durante las sesiones de preestreno, ha comprobado que «el humor universal y moderno» de Woody Allen Ilega con facilidad y aceptación al público espectador, sobre todo una vez clarificado el juego teatral entre las escenas reales y las soñadas por el protagonista, cuando «conversa» y se deja aconsejar -por Humphrey Bogart o idealiza a la mujer de su mejor amigo, escenas que aparecen también en sus películas Sueños de un seductor y Annie Hall.

«En esta comedia», dice Nicolás Dueñas, «aparecen algunos temas propios del sarcasmo de Woody Allen, como sus neurosis sexuales o las relaciones con las mujeres, con algunas referencias a su biografía y origen judío. La pieza tiene una construcción perfecta, es casi un embrión de guión cinematográfico. La acción se desarrolla en un clásico apartamento de Nueva York y aparecen personajes propios del mundo de Allen, desarrollados después en sus películas.

En el montaje hemos renunciado a la búsqueda descarada del efecto y la risa, para señalar todo el sentimiento, la soledad, la ternura y el cinismo, en un tono de humor y comedia, ese humor joven y cotidiano, donde el autor se ríe de sí mismo y de la sociedad».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de mayo de 1980