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Crítica:CINE / "JUEGO PELIGROSO"

Un suspense divertido

Colin Higgins es el más reciente escritor que se pasa al cine. Sus dos guiones de más éxito -Harold y Maude y El expreso de Chicago- le han abierto las puertas de la realización, es decir: del control total de sus historias. Si Harold y Maude era un tanto efectista y buscaba antes que nada sorprender, El expreso de Chicago se apuntaba al difícil enero de la comedia de suspense hitchcockiana. Lástima que la realización de Ashby y la música de Cat Stevens malograran la primera y la falta de imaginación visual de Arthur Hiller la segunda.Juego peligroso sigue el camino de El expreso de Chicago, y donde aquélla se evidenciaba descendiente directa de Con la muerte en los talones, ésta lo hace de El hombre que sabía demasiado. Pese a los años-luz de distancia que median entre el maestro y el discípulo, Higgins se revela como un hábil recreador del estilo y los temas del cine de Hitchcock, así como un constructor de buenas y divertidas intrigas, algo que escasea cada vez más en el cine moderno.

Juego peligroso (Foul play)

Guión y dirección: Colin Higgins. Fotografía: David M. Walsh. Música: Charles Fox. Intérpretes: Goldie Hawn, Chevy Chase, Burgess Meredith, Rachel Roberts y Dudley Moore.Norteamericana, 1978. Local de estreno: Palafox.

Juego peligroso arranca carcajadas y lograr un inquietante suspense; sin embargo, la forma en que Higgins resuelve su intriga en las escenas final es no está a la altura del resto de la película. El reparto, a pesar de que Goldie Hawn realiza su mejor trabajo, resulta descompensado, al estar la pareja protagonista muy por debajo de los secundarios. La realización resulta, en sus mejores momentos, un pastiche perfecto y la música, de Charles Fox posee varios temas directamente inspirados por las composiciones de Bernard Herrmann para los filmes de Hitchcock.

Juego peligroso es una película divertida y a defender que demuestra hasta qué punto el cine de Hitckcock es imitable pero inigualable, del mismo modo que ¿Qué me pasa doctor? de Bogdanovich, mostraba la irrepetibilidad de las grandes comedidas de Hawks, y que confirma que el mejor cine actual está claramente dividido en dos bloques: uno que mira hacia el cine pasado, otro que mira hacia el presente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de febrero de 1979