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Crítica:TEATRO

Estreno de "Los hijos de Kennedy"

Anoche se estrenó en el teatro Bellas Artes la obra Los hijos de Kennedy, de Robert Patrick, en traducción y adaptación de José María Pou. Bajo la dirección de Angel García Moreno, está interpretada por María Luisa Merlo, Pedro Civera, Marisa de Leza, Francisco Valladares, Gemma Cuervo y Amadeo Sans, con la intervención del pianista Angel René.El norteamericano Robert Patrick es autor de más de cien obras, que se han representado en los circuitos off-off, alejados de los grandes centros teatrales, en salas underground y cafés-teatros. Entre sus obras figuran títulos como Cámara oscura, El poder absoluto, Lirios en el valle de las muñecas y Teatro barato. En la actualidad trabaja en el proyecto de Orfeo y América, que se estrenará este año en Nueva York.

«En la temática del teatro de Patrick predomina la frustración del ser humano, el desencanto de su propia generación y de la juventud que tenía nuevos ideales en esa década prodigiosa de los años sesenta. En Los hijos de Kennedy lleva estos niveles a un estado límite. Escrita en 1970, la obra se estrenó tres años después en Nueva York y a partir de este momento tuvo un gran éxito internacional», declaró a EL PAIS Angel García Moreno, director de la compañía Morgande Teatro. Por primera vez una compañía distinta a la de José Tamayo ocupa el escenario del Bellas Artes.

García Moreno sitúa la obra recién estrenada: «El teatro de Robert Patrick es muy duro, más que tomar partido expone una serie de casos particulares de diferentes estamentos sociales, con el problema común de la incomunicación y la soledad. Esta frustración es patente y se refleja en Los hijos de Kennedy, donde presenta unos personajes signiicativos de ese momento norteamericano, como el hippy, el soldado de Vietnam, la estrella de cine o una secretaria; distintas capas sociales a las que llegó el sueño y la posterior utopía. El desencanto llega tanto a las personas progresistas como reaccionarias.»

En su montaje de Los hijos de Kennedy, García Moreno declara qué ha evitado una excesiva americanización de la obra: «En la puesta en escena he procurado enriquecer la pieza para conseguir tuna universalidad. El texto de la obra carece de acotaciones, lo que obliga al director a crear el espectáculo. También los actores ofrecen una interpretación más latina, para romper el estatismo de documento de una época determinada. En realidad, cada uno de los cinco personajes es una historia, por lo que he realizado ensayos con cada actor de forma individual para después unificar la acción de la obra. Creo que Los hijos de Kennedy es un documento vigente y tiene dos cosas fundamentales: un buen texto y una buena interpretación. »

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de febrero de 1977