Antonio Navarro,
escultor, firma la estatua del general Franco que se va a inaugurar próximamente en la plaza Mayor de Guadalajara. El monumento, en bronce, representa a Franco «vestido con uniforme de campaña y unos prismáticos», tiene dos metros de altura y se colocará «sobre un pedestal de roca, rodeado de un estanque en el que, simbólicamente, flotará el victor del caudillo». La provincia de Toledo, donde numerosos alcaldes-jefe locales del Movimiento han encargado estatuas o bustos, va por ahora en cabeza de este tipo de homenajes. El fallecido general, que no se opuso a que se rotulasen con su nombre centenares de calles del país, era sin embargo bastante alérgico a las estatuas. A su muerte sólo había un modesto monumento ecuestre suyo -en los soportales del Ministerio de la Vivienda- otro, de tamaño reducido, en la Academia General de Zaragoza, otro en el Ferrol, claro.


























































