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Crítica:

La desconocida política de Lerroux

Los estudios acerca de los partidos políticos en España han proliferado recientemente como consecuencia lógica de la coyuntura que vive el país. En general se puede decir que se han centrado en los partidos. de derechas y de izquierdas. en parte debido a razones ideológicas y además. en el período cronológico. inmediatamente anterior al estallido de la guerra civil, por razones obvias. Los partidos de centro en cambió permanecen prácticamente vírgenes como campo de investigación. Hasta la aparición del libro de Ruiz-Manjón. éste era el caso del Partido Radical, cuya mala fama ha permitido en España ataques coincidentes desde todos los rincones del espectro político. Algunos autores anglosajones habían señalado hace algún tiempo que. a pesar de todo, una cierta dosis de corrupción hubiera sido tolerable en el caso de que los radicales hubieran logrado estabilizar la democracia en España. Tenía, por tanto. un especial interés estudiar hasta qué punto merecía ser considerada esta posibilidad. Ruiz-Manjón lo ha hecho y ha empleado para ello una documentación inédita muy Importante y. con toda probabilidad, inexistente para cualquier otro partido español de la época: nada menos que el propio archivo de su jefe. Alejandro Lerroux. Su libro es. en consecuencia, la primera investigación de un partido político español «desde dentro».La verdad. es que la imagen que, acerca del. radicalismo. se desprende de él no es positiva. Y ello no sólo por el tema, ya conocido, de la corrupción, sino por otros de significación política no menos importante. El Partido Radical parece no ser nada o casi nada. Carece de dirección, porque la mano temblorosa de Lerroux, a pesar de su prestigio, apenas si es capaz para ello, carece de ideología hasta el punto de que prácticamente en cada votación importante de las Cortes Constituyentes de 1931 supone una divergencia en su seno; carece de dirigentes valiosos, pues, los que tiene son revolucionarios pasados por agua desde sus tiempos mozos que ignoran casi todo de cómo gobernar a un país. Y sin embargo la ambigüedad voluntaria de los radicales les permitió obtener en 1933 unas votaciones muy elevadas. En realidad el partido era, dice Ruiz-Manjón, una esperanza imprecisa de republicanismo, de estabilidad y de oposición al socialismo. Después de esta fecha se de mostró que las propias,contradicciones internas y la incapacidad gubernamental hacían inviable la solución radical. En este sentido de la inviabilidad del segundo bienio republicano fue por lo menos tan culpable este partido como la CEDA.

El Partido Republicano Radical, 1908-1936, de Octavio Ruiz-Manjón Cabeza

Madrid. Tebas. 1976

En cambio, lo cierto es que de la flaura de Lerroux se desprende una.cierta y extraña grandeza. En el centro republicano los azañistas podían ser más valiosos para las tareas de Gobierno, pero Lerroux habló siempre con un lenguaje de tolerancia que no encontramos en Azaña. Madariaga ha escrito que una de las causas del colapso de la Segunda República fracasara fue la incapacidad de Azaña y Lerroux para entenderse: la Culpa bien puede haber sido, sobre todo, del primero. Entre los méritos del segundo siempre cabrá mencionar su deseo de atraer a la derecha a la República y su negativa a que la oleada reaccionaria que siguió a octubre de 1934 supusiera una violenta persecución de la izquierda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de septiembre de 1976