Chindasvinto y Recesvinto: una simple prueba de ADN para demostrar si realmente son ellos
De la treintena de monarcas godos que reinaron en Hispania, solo se conoce el enterramiento de tres


Era sumamente improbable que un rey visigodo muriese plácidamente en su cama. Estos nobles de origen germánico tenían la insana costumbre de exterminarse unos a otros. Así que no sabemos dónde están enterrados la inmensa mayoría de ellos. No matas a un rey y luego le haces un funeral de Estado y una gran tumba. De hecho, de la treintena de monarcas godos que reinaron en Hispania, solo se conoce el enterramiento de tres, y hay más que dudas razonables de que los supuestos huesos que se conservan de ellos les pertenezcan. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].
Los restos mortales de Chindasvinto y su esposa Reciberga se exponen en la iglesia parroquial del municipio vallisoletano de San Román de Hornija. Los vecinos han habilitado una especie de minimuseo con todos los objetos que poseen relacionados con el monarca: huesos, sepultura, cofres o columnas de la iglesia y del desaparecido convento godo de la localidad y que fueron destruidos en el siglo VIII durante la invasión musulmana. La iglesia actual es posterior y se levantó aprovechando el material que quedó de la vieja y del cenobio arrasado.
Por otra parte, en la capilla Mozárabe de la catedral de Toledo se guardan las urnas con los restos de los reyes Recesvinto, hijo de Chindasvinto, y Wamba. En el siglo XIII, fueron trasladados a la iglesia toledana de Santa Leocadia a petición de Alfonso X el Sabio, que se consideraba sucesor de la estirpe goda. Por eso, quería tener el máximo número posible de parientes enterrados en la ciudad del Tajo, Pero en 1808, a causa de la completa ineptitud de nuestros gobernantes, España sufrió una de las invasiones más terroríficas que un país puede imaginar, la napoleónica. Centenares, si no miles, de conventos, iglesias, palacios o castillos fueron saqueados o destruidos por placer, codicia, venganza u odio. Y eso, exactamente, fue lo que pasó con las tumbas de Recesvinto y Wamba en Santa Leocadia, que fueron saqueadas, quemadas, reventadas y profanadas.
En 1814, acabada la primera pátina de libertad, igualdad y fraternidad que extendió Napoleón por España —poco después llegó una segunda con Los cien mil hijos de san Luis—, los supervivientes intentaron reagrupar los huesos de Wamba y Recesvinto. Recogieron del suelo sus restos óseos, los encerraron en cofres y lloraron la humillación. En 1845, Isabel II ordenó que se les volviese a dar sepultura, pero ya en la catedral. Un espectacular cortejo fúnebre recorrió la ciudad.
El problema es comprobar si los restos de los tres monarcas se corresponden realmente con ellos o, si al contrario, fueron tales los destrozos que se metieron en las urnas huesos de otras tumbas también mancilladas. En el monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos), por ejemplo, la profanación de la sepultura de El Cid provocó enormes daños en el conjunto funerario y los huesos fueron vendidos como souvenir por toda Europa. De la espada y del resto del material militar y religioso del enterramiento, ya ni hablamos.
Es decir, como en el municipio de San Román de Hornija se guardan los hipotéticos huesos de Chindasvinto, padre de Recesvinto, una simple prueba de ADN sobre los vestigios de ambos demostraría si son ellos realmente. Se despejarían así las dudas de quién está enterrado en la catedral primada de España y en el humilde San Román. No debe ser muy caro...

PD: La iglesia parroquial de San Román, levantada por Chindasvinto, merece una visita para ver los restos de este rey y de su amada esposa, que murió con 22 años. Hay que reservar en el teléfono 722 592 660 y preguntar por Clara Mari. La gente del lugar —alcaldesa, alguacil e hija de Clara Mari...— son amabilísimos, y Tordesillas (Valladolid) y Toro (Zamora) quedan a un paso. La gastronomía de la zona es espectacular; el vino, divino y el castellano que hablan, perfecto. Yo ahí lo dejo como propuesta de finde. También te puedes quedar el sábado viendo una película de Netflix y meterte entre pecho y espalda una bolsa de patatas fritas de girasol. Hay gente pá tó.
En el boletín ‘Cuatro piedras’, Vicente G. Olaya recoge cada lunes historias como estas, además del repaso a las últimas noticias de hace siglos. Si también quieres formar parte de la comunidad de ‘cuatropedreros’, apúntate aquí.
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