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Marta González de Vega: “En el amor, hoy estamos igual de frustrados a los 50 que a los 15”

La guionista y escritora protagoniza ‘De Caperucita a loba’, arropada por decenas de cómicos y que adapta su obra de teatro

Jorge Morla
Marta González de Vega, en el Café Manuela, en Madrid.
Marta González de Vega, en el Café Manuela, en Madrid.Samuel Sánchez

A Marta González de Vega (Santa Cruz de Tenerife, 45 años) se le sale un deje canario que guarda delante de las cámaras, pero que luego lucha por salir delante de la grabadora, en el madrileño café La Manuela. Es guionista, escritora, dramaturga. También actriz, pero lleva 23 años detrás de las cámaras. Comenzó en los primeros dos mil con El club de la comedia y 5mujeres.com, que impulsó el stand up por España, y luego ha colaborado con (casi) todos los cómicos del país. Guionista con Santiago Segura de las sagas Padre no hay más que uno y A todo tren, colaboradora de José Mota, se muestra dispuesta a dar el salto y convertirse en protagonista. Con miserias sentimentales propias y cercanas escribió en 2015 un libro que adaptó a teatro y que lleva siete años representando. Ahora esa historia, esa forma de entender las historias sentimentales, llega al cine: De Caperucita a loba.

Pregunta. ¿Qué hay de verdad, de su vida, en esta historia?

Respuesta. Hay todo de verdad a nivel emocional. Luego, lo que son las vivencias, es una recopilación de lo que me ha pasado a mí, pero también a mis amigas y amigos. Porque todos nos podemos sentir identificados con la protagonista. Bueno, y con los determinados chicos que se va encontrando: todos hemos sido “el ex”, “el bueno”, “el amigo con derecho”, “el flipado”…

P. Primero vino el libro, luego el teatro, ahora el filme. ¿Qué diferencias encontró entre esos medios?

R. Yo llevaba siendo guionista muchos años. El libro era una experiencia de tú a tú, como una conversación privada. El teatro vino luego y la experiencia, con el feedback en directo, es brutal: vas ajustando, cambiando cosas en vivo. En la película lo difícil fue decidir qué dejar fuera, el proceso de trasladar a imagen real las fantasías de la protagonista, reunir al elenco…

P. Santiago Segura, José Mota, Berto Romero, Martita de Graná, David Guapo, Antonio Resines… todos los cómicos de España salen. ¿Cómo lo hizo?

R. Lo bonito es que todos son además amigos. Todos se volcaron, querían estar, y algunos no salieron por falta de tiempo. Yo soy la más desconocida, así que también era importante para la película. Estoy muy agradecida a todos.

P. ¿Supone pasar a Primera División protagonizar una película en la que sale en todos los planos? ¿Está dispuesta a ser famosa?

R. Ojalá pase; querrá decir que la gente ha visto la película. Porque es lo que pasa hoy con la fama: está todo tan diversificado… Hay gente superfamosa, pero que, si no has visto su serie en concreto, no sabes quién es. El tipo de fama que hemos conocido hasta ahora, con gente que, como José Mota, Santiago Segura, conozca todo el mundo, ha pasado ya.

P. En la película hay otro nombre muy presente: Eduardo Punset, cuyo libro lee la protagonista para buscar ayuda. ¿Hoy nos obsesiona el manual de instrucciones? ¿Del amor, de la felicidad, de la vida perfecta?

R. Claro, yo lo que planteo es que al final cada uno tiene que hacer su propio proceso para ser feliz. Que cada uno encuentre su camino. Y seguir fórmulas es lo contrario a la conciencia. Así que yo propongo un sistema por si a alguien le sirve. De Punset me ayudó mucho la parte neurobiológica: qué pasa en el cerebro cuando nos enamoramos, nos dejan… Tú sabes que haces el gilipollas por amor, pero es la oxitocina, el cortisol que te sube, la dopamina… y saberlo es liberador.

Marta González de Vega, en el Café Manuela, en Madrid, el día 4.
Marta González de Vega, en el Café Manuela, en Madrid, el día 4.Samuel Sánchez

P. Lo dice en el filme: “Toda la vida echándole la culpa al corazón, pero es el cerebro el que te le lía”.

R. Exacto. Y ayuda de verdad saberlo. Tú puedes estar mal por una relación, pero saber que es el cerebro ayuda a tomar distancia, o sea, estás literalmente drogado viendo unicornios.

P. Hay un tono de comedia adolescente, pero los personajes son mayores. ¿Los dilemas amorosos que antes pasaban a los 20 ahora pasan a los 30 o 40?

R. Totalmente. Lo que pasa es que hoy todos estamos en el mercado todo el tiempo. Desde que nos empezamos a enamorar a los cuatro años hasta los 80 estamos todos en lo mismo, todo el tiempo: enfrentándonos a las emociones. Madurar no tiene que ver con envejecer, sino con alcanzar esa libertad interior. En el amor, hoy veo a la gente igual de frustrada con 15, con 20 o con 50. De hecho, a la obra viene mucha gente recomendada por su psicólogo.

P. Es curioso: en la película no salen aplicaciones para ligar.

R. ¡Es que nunca en la vida las he usado! A mí lo que me interesa es la emoción que te provocan las cosas, no la forma que tienen. Al final da igual cómo te conozcas, porque acabas sintiendo lo mismo. Además, sentí que, si me metía ahí, era todo otro universo. Para la segunda parte (ríe).

P. Lo sugiere en la película: ¿hay un complot para conseguir jodernos la vida a partir de los 40?

R. Ahora mismo, a los 40 eres una chica. Un chico. Incluso a los 50. Y la sociedad no se ha dado cuenta: cuando hablan de una mujer de 40 años proyectan una imagen que no tiene nada que ver con la realidad.

P. Estamos en un café muy presente en la película, como otros rincones de Madrid. ¿Qué significa esta ciudad para usted?

R. Madrid es La Ciudad, con mayúsculas. Malasaña, Gran Vía… es precioso para mí. Para los actores, para los cómicos, es brutal: estar en tal o cual teatro, quedar a la salida… Ha sido un momento también generacional muy potente: hoy los cómicos copan la mayoría de los teatros.

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Sobre la firma

Jorge Morla
Redactor de EL PAÍS que desde 2014 ha pasado por Babelia, Cultura o Internacional. Es experto en cultura digital y divulgador en radios, charlas y exposiciones. Licenciado en Periodismo por la Complutense y Máster de EL PAÍS. En 2023 publica ‘El siglo de los videojuegos’, y en 2024 recibe el premio Conetic por su labor como divulgador tecnológico.

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