‘Caso Baldwin’: las incógnitas de un wéstern convertido en ‘thriller’

Cientos de personas se reúnen en una vigilia en Albuquerque para despedir a Halyna Hutchins, la directora de fotografía muerta por un disparo accidental de Alec Baldwin durante el rodaje de la película

Un hombre enciende una vela durante una vigilia en recuerdo a Halyna Hutchins, el sábado por la noche en Burbank, California.
Un hombre enciende una vela durante una vigilia en recuerdo a Halyna Hutchins, el sábado por la noche en Burbank, California.Chris Pizzello (AP)
Luis Pablo Beauregard
Santa Fe (Nuevo México) -

El 6 de octubre comenzó el rodaje de Rust. La producción independiente eligió un bello rancho a 20 minutos de Santa Fe, la capital de Nuevo México, como localización de un wéstern ambientado en el siglo XIX. Es un sitio de colinas con un clima casi desértico, donde arbustos agrestes contrastan con el follaje amarillo de los álamos. A espaldas del rancho hay decenas de ruedos y clínicas ecuestres. Es allí, en medio de un poblado ficticio de madera, donde Alec Baldwin, también productor de la cinta, interpretaba a Harland Rust, un forajido que acude en ayuda de su nieto de 13 años, sentenciado a la pena capital por la muerte accidental de un hombre. Este escueto argumento resultó premonitorio cuando dos semanas después el protagonista de la película mató a la directora de fotografía con una bala de verdad mientras ensayaba una escena.

La policía intenta responder a la pregunta que se hacen todos: ¿cómo llegó una bala de verdad a la producción? El proyectil impactó en el pecho de Halyna Hutchins, de 42 años, e hirió en el hombro al director, Joel Souza, de 48, quien ha sido dado de alta. Un médico de la producción intentó frenar la hemorragia de la cineasta, mientras Mamie Mitchell, la supervisora de guion, llamó al 911. “Tenemos a dos personas heridas por un arma, necesitamos ayuda inmediatamente”, dijo la mujer a los servicios de emergencia. “¿Estaba el arma cargada de balas de verdad?”, preguntaron al otro lado de la línea. “No… no puedo decirlo…”, respondió Mitchell. Segundos después se dirigió a alguien junto a ella, según se escucha en la llamada, que ha sido filtrada: “Y ese jodido asistente de director, que me gritó a la hora de la comida por unas revisiones, ese hijo de puta… Se supone que él debió haber revisado las armas. Él es responsable”.

Trabajadores de la industria del cine estadounidense exhiben pancartas de protesta por los fallos de seguridad en los rodaje en la vigilia por Halyna Hutchins.
Trabajadores de la industria del cine estadounidense exhiben pancartas de protesta por los fallos de seguridad en los rodaje en la vigilia por Halyna Hutchins.KEVIN MOHATT (Reuters)

Uno de los detectives de la investigación, Joel Cano, asegura en su informe que Dave Halls, el asistente de dirección, confirmó haber revisado que las tres armas que se iban a usar en la escena no estuviesen cargadas. Eran armas reales. “Arma fría”, dijo antes de pasársela a Baldwin, quien pensó que podía accionarla de forma segura tras oír la consigna, que en los rodajes significa “pistola sin municiones”. Halls, afirmó la CNN este domingo, tiene un historial de fallos en platós donde ha trabajado. En una serie filmada en 2019 para Hulu, no organizó las juntas de seguridad que requieren los protocolos ni alertó a la producción de la presencia de armas cargadas.

Una declaración jurada filtrada la noche del domingo afirma que Souza, el director de la cinta, no estaba completamente seguro de que el arma hubiese sido revisada por Halls antes del ensayo, donde Baldwin practicaba cómo iba a desenfundar.

Los cabos sueltos de la historia sobrevolaban las cabezas de los centenares de cineastas que se reunieron la noche del sábado en el centro de Albuquerque, a 60 kilómetros de Santa Fe, para dar un último adiós a Hutchins. La fotógrafa era originaria de Ucrania y creció en una base militar soviética en el círculo polar ártico. Durante varios años fue periodista de investigación en Kiev y trabajó en varios documentales británicos. En 2015 se graduó en el American Film Institute.

“Esta película era un sueño para cualquier directora de fotografía”, contaba Miriam, miembro del IATSE, el sindicato de técnicos de la industria. “Un largometraje en una localización real, con estos cielos, un wéstern de época y con un actor de primera. ¿Quién podía pensar que esto tuviera un desenlace tan trágico”, aseguraba con una vela en la mano.

Lane Luper, un técnico que trabajó con Hutchins en Rust, contó a los asistentes a la vigilia que la fotógrafa, en pleno ascenso en una industria donde solo hay un 5% de mujeres detrás de las cámaras, había comprado recientemente una casa en Los Ángeles para vivir con su pareja y su hijo. “Era un alma maravillosa, y muy talentosa… tuve mucha suerte de trabajar con ella”, dijo entre lágrimas a los allí congregados.

Luper no dio detalles de las acusaciones que la muerte de Hutchins ha sacado a la luz. Un rodaje caótico que ya había tenido dos avisos de fallos de seguridad con el manejo de armas. El 16 de octubre hubo dos detonaciones accidentales de armas, según han confirmado tres miembros del equipo que pidieron a los responsables reforzar los protocolos de seguridad en el manejo de pistolas. Seis técnicos abandonaron la producción por las condiciones de trabajo, con jornadas de 13 horas y el trastorno de tener que hacer todos los días el viaje de vuelta a los hoteles en Albuquerque, a 90 kilómetros, para que los costes de producción no se disparasen.

Rust era una producción de nivel 1, según las categorías establecidas en Hollywood, lo que en esa industria significa que era de bajo presupuesto, pues contaba con solamente seis millones de dólares y 21 días para concluir el rodaje. “Un wéstern de época requiere más dinero y tiempo para hacerse bien. Es mi impresión que esta película estaba fuera de presupuesto y de calendario”, señalaba Matthew, integrante de IATSE, el sindicato de técnicos, que acudió a despedir a Hutchins.

Ashley Crandell, otro de los profesionales que asistieron a la vigilia, se ocupa del cuidado de las armas en los platós. En las grandes producciones, explica, las armas reales deben tener sendas copias en caucho. Este modelo es el utilizado en escenas donde, por ejemplo, serán lanzadas o no son captadas en un primer plano de la cámara, como cuando un policía la tiene en la funda del cinturón. En Rust no había modelos de caucho, las tres armas presentes el día del accidente eran reales. Cuando estas son accionadas, un armero debe ser el responsable de revisar la recámara y los seguros, además de instruir al elenco sobre su operación. En las producciones con menos presupuesto como esta es común que los encargados del atrezo compartan esta tarea con otras responsabilidades. “Al final, el encargado de mantener a todo el equipo seguro es el AD (asistente de dirección)”, puntualiza Crandell.

Serge Svetnoy, el electricista jefe de la producción, ha responsabilizado del accidente, sin mencionarla, a la encargada de la utilería y armamento, Hannah Gutierrez Reed. “Estoy seguro de que teníamos profesionales en todos los departamentos excepto uno, el departamento que se encarga de las armas... No hay forma de que una mujer de 24 años pueda ser experta de armamento”, escribió en Facebook el técnico, quien había trabajado antes con Hutchins en otra cinta. “Para ahorrarse algún dinero a veces se contrata a gente que no está completamente cualificada para hacer un trabajo complicado y peligroso. Y se pone en riesgo la vida de los demás y la propia”, añadió el gaffer, quien asegura haber sostenido en sus manos a la directora de fotografía mientras se le iba la vida.

La muerte de Hutchins ha revivido el debate de la seguridad en los rodajes. Algunas voces han pedido desterrar para siempre las pistolas de los sets y que estas sean sustituidas por efectos especiales. Esto será difícil en el país más armado del mundo. “A los actores les gusta el peso de un arma de verdad y, al menos la gente de la vieja escuela, cree que a cuadro deben de verse lo más reales posible”, dice Crandell. Miriam coincide: “Todos los días en todas las películas hay armas de fuego reales. Y no hay muertos. Tuvo que pasar algo muy malo para que esto sucediera”.

Sobre la firma

Luis Pablo Beauregard

Es uno de los corresponsales de EL PAÍS en EE UU, donde cubre migración, cambio climático, cultura y política. Antes se desempeñó como redactor jefe del diario en la redacción de Ciudad de México, de donde es originario. Estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y el Máster de Periodismo de EL PAÍS. Vive en Los Ángeles, California.

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