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Garry Winogrand, un mito de la fotografía también en color

El KBr de Barcelona expone, por primera vez en España, la mirada del creador norteamericano sobre la vida en su país desde la década de 1950, más allá de sus icónicas imágenes en blanco y negro

Fotografía de Garry Winogrand de una calle de Nueva York (ca. 1967).
Fotografía de Garry Winogrand de una calle de Nueva York (ca. 1967). The Estate of Garry Winogrand, courtesy Fraenkel Gallery San Francisco

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos se vivió un boom económico y social; unos años que dejaron paso, ya en la década de los sesenta, a un periodo de inquietud y desilusión ante la amenaza nuclear, los disturbios raciales, las guerras de Indochina y Vietnam y el magnicidio en noviembre de 1963 del presidente Kennedy. Y hubo muchos fotógrafos que se echaron a la calle para captar con su cámara esa época: el bullicio, la energía y la efervescencia de las calles de ciudades como Nueva York y el trasiego de sus gentes anónimas, que disfrutaban de la vida, pero también protestaban contra todo lo que consideraban injusto.

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Entre ellos, Lee Friedlander y Diane Arbus. Pero ninguno como Garry Winogrand, nacido en el Bronx en 1928 y fallecido en Tijuana, México, en 1984, a los 56 años, después de haber realizado miles de fotografías, mucha de ellas inéditas. Como las que contenían los 6.500 carretes que dejó sin revelar, en los que abundan las imágenes llenas de vida de los transeúntes en las avenidas neoyorquinas: jóvenes mujeres, hombres de negocios de Wall Street, casi siempre trajeados, pero también hippies, niños, actores y deportistas, el mundo del espectáculo, manifestantes contra la guerra, animales y coches, dos de sus pasiones. “A veces siento como si [...] el mundo fuera un lugar para el que he comprado una entrada. Es un gran espectáculo para mí, como si no fuese a suceder si yo no estuviera allí con una cámara”, dijo Winogrand en 1980.

Garry Winogrand: 'Zoo de Central Park', Nueva York,1967.
Garry Winogrand: 'Zoo de Central Park', Nueva York,1967.The Estate of Garry Winogrand, courtesy Fraenkel Gallery San Francisco

Una selección de 169 imágenes de esta vasta producción puede verse hasta el 5 de septiembre en la exposición Garry Winogrand, que organiza el KBr de la Fundación Mapfre de Barcelona. Comisariada por Drew Sawyer, conservador de fotografía del Museo de Brooklyn, en la muestra se proyectan por primera vez en España 152 de las 45.000 diapositivas en color que Winogrand realizó de forma paralela a sus imágenes en blanco y negro, con la intención de arrojar una nueva luz en la carrera de este artista fundamental de la fotografía. Los temas son los mismos: luminosas escenas de playa, bulliciosas calles, parques y edificios de oficinas de la ciudad. De hecho, Winogrand llevaba dos cámaras, una con película en blanco y negro y otra con color y si se cotejan unas y otras es posible comprobar que alternaba los dos aparatos, pero sus colores han quedado eclipsados por su conocida producción en blanco y negro.

“Era muy caro revelar estas películas; del orden del 200% más que las de blanco y negro”, subraya el comisario. Por eso, Winogrand las utilizó solo para ilustrar algunas de sus clases en la Universidad de Texas desde 1973. En 1967 las mostró (solo 80) por primera vez durante la exposición New Documents en el MoMA de Nueva York, en la que compartió cartel con Friedlander y Arbus. Pero tras un fallo del proyector, que acabó quemando una decena de ellas, ya no volvió a enseñarlas más y son muy poco conocidas.

Fotografía en color de Garry Winogrand de 1964.
Fotografía en color de Garry Winogrand de 1964. The Estate of Garry Winogrand, courtesy Fraenkel Gallery San Francisco

En palabras de Winogrand, “la fotografía es una forma de pensar, de ver, de sentir, no es pintura, ni poesía, ni otra cosa que fotografía en sí misma”. Según el comisario, “consideraba que la importancia de las fotografías no estaba en lo que narraban, sino en lo que preguntaban y por eso se aleja del fotoperiodismo para ser un artista”. De ahí que en sus imágenes, realizadas siempre con una Leica de 35 milímetros con un gran angular y a base de planos inclinados, abunden los temas, y pocas veces haya un solo punto focal, obligando al espectador a recorrer la imagen de parte a parte para poder captar las intenciones últimas de su trabajo. “Winogrand se sumergía en el caos de la ciudad para intentar reproducirlo y así capturar el flujo de la vida”, prosigue Sawyer.

Garry Winogrand, 'Nueva York, 1970'. The Estate of Garry Winogrand, courtesy Fraenkel Gallery San Francisco
Garry Winogrand, 'Nueva York, 1970'. The Estate of Garry Winogrand, courtesy Fraenkel Gallery San Francisco

Como una de sus piezas más icónicas, la de la pareja elegantemente vestida de 1967 que lleva en brazos dos bebes chimpancés tan bien vestidos como ellos en medio de la multitud. O la que le hizo al presidente Kennedy en la convención de 1960 en la que aparece dando un discurso, de espaldas y su cara solo se ve por una televisión, visualizando el creciente poder de la pantalla frente a las revistas y diarios. También, en la fotografía en la que cuatro emperifolladas ancianas pasean por una calle de Nueva York en 1970. A su lado cuatro o cinco enormes bolsas de basura. Detrás, una joven en vaqueros, “y posiblemente sin sujetador”, apunta Sawyer, por si hubiera duda del desfase generacional.

Garry Winogrand, 'Exposición Universal de Nueva York', 1964.
Garry Winogrand, 'Exposición Universal de Nueva York', 1964.The Estate of Garry Winogrand, courtesy Fraenkel Gallery San Francisco

A Winogrand le interesaba hacer fotos, pero no imprimirlas, editar libros o exponerlas. Por eso su trabajo no se entendería sin el papel del jefe de fotografía del MoMA desde 1962, John Szarkoswki, una de las personas más influyentes en la formación del gusto contemporáneo en el campo de la fotografía. Szarkoswki consideraba a Winogrand el “fotógrafo más importante de su generación”. Fue él quien organizó la primera exposición individual del artista en un museo, The Animals, en 1969, con sus fotos de zoos y acuarios de Nueva York, y el encargado de positivar y llevar a contactos 2.500 de los 6.500 carretes que dejó sin editar Winogrand tras su muerte; un material que vio la luz en la retrospectiva Figments from the Real World, organizada en el MoMA en 1988, una muestra canónica de este fotógrafo desde entonces. “Nos queda la duda de si esa es la imagen que a Winogrand le hubiera gustado dar a conocer de su trabajo”, concluye Sawyer.

El arte de envejecer de Nicholas Nixon

El KBr de Barcelona programa, desde que se inauguró en octubre de 2020, dos exposiciones a la vez. Comenzó con Bill Brandt y Paul Strand. Siguió con Claudia Andujar y la colección de daguerrotipos del Centre de Recerca i Difusió de la Imatge de Girona. A partir de este viernes, junto a la de Winogrand estará la dedicada a Las hermanas Brown, la serie más famosa de Nicholas Nixon, sobre su mujer, Bebe, y sus tres hermanas, Heather, Mimi y Laurie, que realiza desde 1975 de forma ininterrumpida y en la que se ve a las cuatro envejecer, año tras año.

Retratadas siempre en el mismo orden y mirando el objetivo, la serie se va completando con nuevas entregas cada año que reciben los centros “a modo de suscripción”, comenta Carlos Gollonet, conservador jefe de fotografía de la Fundación Mapfre. La última fotografía, la de 2020, marcará un hito en esta popular serie, ya que por primera vez, las cuatro hermanas no pudieron reunirse por la pandemia para la imagen y Nixon tuvo que capturar sus rostros vía Zoom.

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