Acoso sexual

Denuncias de acoso sexual frustran el gran fenómeno editorial de la temporada en EE UU

La editorial de la biografía autorizada de Philip Roth suspende la distribución y promoción de la obra tras airearse las acusaciones de varias mujeres contra su autor, Blake Bailey

Philip Roth, en Nueva York, el 23 de mayo de 2007.
Philip Roth, en Nueva York, el 23 de mayo de 2007.ORJAN F. ELLINGVAG / GEtty

El gran fenómeno editorial de la temporada en Estados Unidos, la biografía definitiva y autorizada de Philip Roth, se ha truncado por las denuncias de acoso sexual y violación contra su autor, Blake Bailey. La editorial W. W. Norton ha decidido este miércoles suspender la distribución de Philip Roth. The Biography por “la seriedad de las acusaciones” y cancelar la promoción del libro, que iba camino de una segunda edición de 10.000 ejemplares. La primera, de 50.000, se había colado esta semana en la lista de superventas del diario The New York Times tras su publicación el pasado 6 de abril. También la agencia literaria de Bailey puso fin a su contrato de representación el pasado domingo. El libro, según confirman fuentes de W. W. Norton, estaba iniciando su andadura internacional, con la venta de los derechos a un buen número de países e idiomas, incluido el español.

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No es solo un revés editorial, ni la deshonra pública del biógrafo, que ha negado categóricamente unas acusaciones en la onda del movimiento MeToo. A la luz de las denuncias contra Bailey, su manera de relatar las escabrosas aventuras sexuales y la conocida misoginia de Roth —aspectos que vertebran el libro— cobran otro sentido, entreverado de sospechas de connivencia o al menos complacencia ante las vivencias del novelista. “Era una persona hacia la cual resultaba difícil no sentir ternura”, confiesa Bailey en los agradecimientos.

Los testimonios contra el biógrafo, de 57 años, se han multiplicado desde el domingo, cuando se conocieron las denuncias de exalumnas suyas en una universidad de Nueva Orleans en los noventa. Tres mujeres le acusaron de propasarse con ellas después de haberse ganado su confianza, gracias a un ambiente “de bromas subidas de tono y permisividad” destinado a preparar el terreno para el sexo. Otra mujer le ha acusado de violación. Esta última afirma que denunció el hecho de forma anónima a la editorial en 2018, en plena efervescencia del MeToo, y que no recibió respuesta.

La agresión sexual se habría producido en 2015, en el domicilio de Dwight Garner, un crítico literario de The New York Times, el diario en el que la novelista Cynthia Ozick ha calificado la biografía de “obra literaria total”. The Washington Post la consideró “un triunfo biográfico”, mientras otros críticos atribuían a Bailey el mérito de haber pergeñado un género total, a la manera de la ópera, en literatura.

Bailey parecía haber alcanzado la cima de su carrera con la biografía de Roth. Pero la expectación generada por una promoción exhaustiva —incluido un jugoso adelanto— se ha vuelto en su contra. Semejante ostracismo resulta inédito en el mundo editorial, que hasta la fecha se ha limitado a retirar obras por acusaciones de plagio o por inexactitudes o falsedades del contenido.

A lo largo de 900 páginas, Bailey recrea el universo creativo de Roth (1933-2018). Lo hizo gracias al estrecho contacto establecido durante casi seis años con el escritor, según explicaba la semana pasada Bailey a este diario por correo electrónico, antes de conocerse las acusaciones. Habló de “una semana entera en Connecticut, en el verano de 2012, a razón de seis horas al día de entrevistas; más al menos dos o tres reuniones al año con él hasta su muerte, por no hablar de las muchísimas cartas y llamadas de teléfono intercambiadas”. Así pergeñó una obra monumental que muchos enraízan en la estirpe de la novela del siglo XIX, pues no aborda solo el retrato de una persona, sino la visión con gran angular de una época: la gran épica estadounidense del siglo XX. La forja de la clase media, y las vivencias de la infinidad de héroes trágicos que se alzaron de puntillas sobre la desolación de la posguerra.

En un intercambio de correos con EL PAÍS previo al escándalo, el biógrafo explicaba cómo había sido su relación con el autor: “Mantuve una adecuada distancia profesional con mi sujeto de estudio, aunque yo le tenía cariño y viceversa”. Bailey no ha respondido este jueves a los mensajes de este diario sobre las acusaciones en su contra.

Conocido por retratar a los escritores John Cheever y Richard Yates, Bailey tuvo un acceso casi ilimitado a los archivos de Roth. Fue él quien se acercó al novelista en 2012, tras saber que le dejaba el campo libre su anterior biógrafo, un viejo amigo de Roth. El escritor lo contrató tras someterle a un exhaustivo examen “sobre la tradición literaria judeoamericana” y pretendió dirigir la investigación reclutando a amigos para entrevistas con las preguntas que él dictaba, mientras pedía a Bailey: “No quiero que me rehabilites; solo haz que parezca interesante”.

En una reciente comparecencia en público, Bailey contó que convenció al novelista asegurándole que no adoptaría “una visión demasiado remilgada o crítica de un hombre con esa florida vida amorosa”, recuerda The New York Times. Una frase a la que hoy sacan punta las contadas voces que han visto en su narración de las vivencias de Roth, si no simpatía, sí al menos empatía.

La promoción del libro abundó en pormenores sobre la faceta más lujuriosa y misógina de Roth. Su pulsión sexual era bien conocida desde la publicación de El lamento de Portnoy (1969), protagonizada por un adolescente obseso de la masturbación, que escandalizó a los rabinos de Newark. La dimensión sexual del personaje (“las erecciones de 1950 eran exactamente las mismas que las de 2012, solo que en 1950 no tenían a dónde ir”), la práctica cosificación de sus conquistas o las tormentosas relaciones con sus dos esposas, basadas tanto en el engaño como en la debida veneración al escritor, recibieron amplia cobertura. Con una de sus amigas universitarias, Roth recordaba una felación, “algo que hacían las putas”, forzada. Al trasladarse a Chicago para estudiar se propuso un ideal de vida byroniano: “Libros de día, mujeres de noche”. Todas las citas pertenecen a la biografía.

Hasta que el efecto bumerán de la promoción y el éxito de su libro acabó golpeándole, Bailey preparaba un nuevo proyecto. “Puede que esté trabajando en una biografía, en realidad solo estoy recolectando datos en este momento, así que prefiero no especificar un tema”, explicaba la semana pasada. Sobre el método utilizado para evitar la caracterización de la persona en personaje, decía: “No tengo ideas preconcebidas sobre mis temas. Sigo la a menudo vasta evidencia y dejo que las fichas caigan donde puedan”. Las fichas de la escalera de la fama se han derrumbado, al menos temporalmente, sobre Bailey.

Blake Bailey, en Los Ángeles, el 11 de abril de 2013.
Blake Bailey, en Los Ángeles, el 11 de abril de 2013. Allen J. Schaben / GETTy / GETT

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