Crítica | Érase una vez en VenezuelaCrítica
i

Ante un pueblo que se hunde

A un buen documental no le bastan las ideas brillantes, solo la perseverancia acaba marcando la diferencia: la directora Anabel Rodríguez Ríos rodó durante siete años

Imagen de 'Érase una vez en Venezuela'. En el vídeo, tráiler de la película.

A un buen documental no le bastan las ideas brillantes, ni siquiera el despliegue de medios. Solo la perseverancia acaba marcando la diferencia. Y esa es la diferencia de Érase una vez en Venezuela, película que se rodó durante casi siete años en Congo Mirador, un pueblo de pescadores flotante situado al sur del lago Maracaibo, al oeste de Venezuela, en uno de los lugares donde la explotación petrolífera y el cambio climático han acabado ahogando sus recursos naturales hasta expulsar a sus habitantes. Un lugar que, según explica una voz en off, “conoció mejores tiempos y en la noche de una era nos cuenta su historia”. Es en esa decadencia donde la directora Anabel Rodríguez Ríos encuentra la metáfora de un país empobrecido y dividido, un pueblo que literalmente se hunde en el barrizal que avanza por el agua.

La historia la conocemos a través de sus habitantes, entre los que abundan los niños y los personajes pintorescos, y sobre todo a través de dos mujeres, la grotesca Tamara, una empresaria devota del chavismo, y la maestra del pueblo, Natalie. La presentación de ambas no deja dudas sobre la mirada de la directora: Tamara cuenta billetes escoltada por una disparatada parafernalia chavista mientras la humilde maestra baña a su preciosa hija en un barreño. Eso sí, sin dramatismo alguno, la niña baila feliz: quiere ser reina o princesa.

Entre una y otra, el espectador conoce las alegres y cada vez más precarias construcciones de Congo Mirador y su vida cotidiana. La película, presentada hace un año en el festival de Sundance, muestra el imparable deterioro del pueblo y sus tensiones políticas locales hasta llegar a su recta final a lomos de su personaje más fascinante y problemático, Tamara. Es ella quien roba de forma definitiva el protagonismo con su visita al entonces gobernador del Estado de Zulia, el militar Francisco Arias Cárdenas, hoy embajador en México, para pedirle ayuda para su pueblo. Será un gesto inútil destinado a rescatar del lodazal a este remoto sueño chavista.

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50