John Lennon, en busca de la madre perdida

Una nueva biografía, en el 40º aniversario de su muerte, revela la dependencia emocional del ‘beatle’ de las mujeres y sus temores homoeróticos

Una multitud, unas 50.000 personas, en la vigilia por el asesinato de John Lennon en Central Park el 14 de diciembre de 1980.
Una multitud, unas 50.000 personas, en la vigilia por el asesinato de John Lennon en Central Park el 14 de diciembre de 1980.ARCHIVO BETTMANN

El aniversario no puede ser más redondo: 40 años de su muerte; 80 los que habría cumplido, medio siglo de la disolución de The Beatles y 60 de la estancia de los Fab Four —aún no lo eran— en Hamburgo, el detonante de su éxito planetario, que inauguró la globalidad por encima de bloques y credos. Todas esas efemérides se celebran este año enfermo, pero la primera, que atrae siempre a una masa de admiradores hasta el mosaico con el lema Imagine que preside los Strawberry Fields, en Central Park, una loma del parque rebautizada con el título de su canción, se ve empañada por culpa de la pandemia y la falta de turistas, aunque siempre haya alguien haciéndose un selfi o rasgueando una guitarra.

Ni siquiera la subasta en Internet del disco que Lennon dedicó a su asesino horas antes de morir ha avivado el recuerdo del artista y se ignora si alguien ha ofrecido más de los 400.000 dólares (unos 330.000 euros) de salida en una puja abierta hasta el próximo fin de semana. Prueba pericial de la investigación, se trata de un ejemplar de Double Fantasy, publicado apenas tres semanas antes, una oda a la felicidad conyugal que quebraron los cinco disparos, cuatro de ellos mortales, que Mark Chapman, de 25 años, le descerrajó la noche del 8 de diciembre a la puerta del edificio de apartamentos Dakota de Nueva York.

De puertas para adentro poco parece haber cambiado. Yoko Ono, su viuda y para muchos la responsable de la disolución de la banda de Liverpool, vive encerrada en el Dakota, un edificio de aspecto amenazante por la noche, con sus antorchas de pega en el dintel y una garita broncínea donde se oculta un conserje de librea. Mark Chapman se consume en la prisión de Wende, cerca de Buffalo, viendo denegada una y otra vez la libertad condicional. Este verano recibió el undécimo revés, y en la vista el asesino —tras el que muchos quisieron ver la mano de la CIA o el FBI para acallar a un pacifista de izquierdas— reconoció que mató a Lennon para tener un momento de gloria, pero también se mostró arrepentido de un “acto despreciable” por el que pidió perdón a la viuda. Su intrincada mente ha sido objeto de una miríada de interpretaciones, pero nadie ha sabido explicar con certeza por qué llevaba encima un ejemplar manoseado de El guardián entre el centeno, de Salinger, cuando cometió el asesinato; por qué razón, tras ser desarmado por el portero del Dakota, permaneció embebido en la lectura hasta que llegó la policía.

El homenaje más vívido al ser en apariencia tranquilo y apocado, por dentro un torrente de contradicciones, que fue John Lennon tiene forma de biografía, “pero no es una biografía convencional”, explica por correo su autora, Lesley-Ann Jones, autora también, entre otros títulos, de Bohemian Rhapsody, la biografía definitiva de Freddie Mercury. “Todas las biografías de Lennon han sido escritas por críticos musicales de la vieja escuela, hombres, contemporáneos de la banda, que tienen una visión clara de los sesenta y los setenta porque estaban allí. Esos libros se ajustan a un estilo en el que los hechos, las cifras, el quién hizo qué y cuándo, y la música, son primordiales. Pero ninguno abordó la vida emocional de John de manera significativa”.

Así que el hilo conductor de ¿Quién mató a John Lennon? (Libros Cúpula) escarba en los temores, frustraciones y carencias del alma del beatle. En su vacío interior, incluso en lo más alto de su carrera, cuando alcanzó una conciencia aterrorizada de la nada; de su personal abismo lastrado por el desvalimiento de la infancia: abandonado por su padre, entregado a los cinco años por su madre a una hermana, para no arrastrarlo a una vida sin rumbo. “He pasado mi vida adulta entre estrellas del rock, y tienen mucho en común, ante todo una personalidad disfuncional como resultado del abuso o el abandono en su infancia, que es lo que les lleva a crear, la música como vía de escape. Fue sin duda el caso de John: su madre, Julia, dándoselo en adopción a su hermana mayor, Mimi; su padre huyendo al mar [era marino], la falta de afecto de tía Mimi y su insistencia en que John se atuviera a las normas. La desaprobación de Mimi fue uno de los factores clave que inspiraron sus canciones. John tenía algo contra lo que revolverse y terminó necesitando algo contra lo que poder hacerlo toda su vida”.

Primera fotografía de la ficha policial de Mark David Chapman, que tenía entonces 25 años.
Primera fotografía de la ficha policial de Mark David Chapman, que tenía entonces 25 años.Cordon

A quien para muchos fue el mejor de los cuatro Beatles le explican a la perfección las mujeres, sostiene Jones. “Sospechaba que podría encontrar al verdadero John a través de las mujeres de su vida, y mi corazonada funcionó. Rastrear su pasado a través de ellas resultó más revelador de lo que había imaginado. Cada mujer con la que tuvo una relación romántica o sentimental fue su ‘terapia maternal sustitutiva’. Su madre fue atropellada por un coche justo enfrente de la casa donde vivía con su tía cuando él tenía 17 años, y cada mañana al levantarse lo primero que veía era el lugar donde murió. Pasó el resto de su vida anhelándola, a través de canciones desgarradoras como Madre o Julia. Fue una relación que nunca pudo resolverse y una tragedia para él”.

Por el libro desfilan la madre, la estricta tía Mimi, su hermanastra, Julia Baird; Cynthia, su primera mujer y madre de su hijo Julian —que inspiró a Paul McCartney la hermosa Hey Jude, para arroparle en el trance del divorcio de sus padres—, y el sinfín de amigas y amantes, algunas consentidas por Ono como May Pang, para recomponer el puzle que fue el músico, del que parece que no quedara nada por contar. ¿Se sabe todo de Lennon o el empeño de trazar su semblanza se ha visto recompensado por algún descubrimiento? “Asombrosamente, ¡aún quedan cosas por contar!”, explica Jones, que resume en dos las contribuciones más novedosas del libro: el verdadero motivo por el que la pareja Lennon-Ono abandonó Inglaterra y se instaló en EE UU, y “la condición pansexual” del músico.

En la marcha a EE UU tuvo mucho que ver la desaparición de la hija que Yoko Ono había tenido con su anterior marido, que la secuestró. “La extraordinaria historia de cómo los Lennon perdieron a Kyoko explica por qué se mudaron a EE UU: no para huir de los ataques racistas a Yoko, de que le echaran la culpa por haber ‘roto los Beatles’, sino para intentar recuperar a la niña. Pero no pudieron y John no la volvió a ver”. Kyoko se reencontró con su madre mucho después en Nueva York, tras haber sido arrastrada por su progenitor de secta en secta en EE UU.

Sobre la condición sexual del artista, Jones desvela la relación erótica que mantuvo con David Bowie, amigo de la escritora. “No lo he contado de manera sensacionalista, sino para explicar aspectos de su personalidad y su carácter. John admitió abiertamente que ‘había tenido miedo del marica’ que había en él. Pero fue alguien que probó cosas, experimentó y claramente sintió satisfacción en sus relaciones tanto con hombres como con mujeres”.

Una vida vivida entre los ecos de la Guerra Fría y el amor libre, como precursor y epígono de la explosión del 68; entre la niñez desvalida de Liverpool y una madurez de drogas y sexo, a merced de una psicodelia esotérica e ingenua, buenista que se habría dicho ahora; de retiros en la India y proclamas pacifistas y caprichos de nuevo rico. La trayectoria de Lennon sigue destilando vivencias, al margen del ruido que haga la puja por el disco. Por cierto, es la tercera vez que se subasta, porque Lennon acostumbra a regresar una y otra vez, cual mesías, del mundo de la leyenda.

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