Fotografía

Martín Chambi, el indígena que retrató al pueblo peruano

El fotógrafo se convirtió en un referente de las estampas paisajistas y de la antropología gracias a los retratos que realizó

Autorretrato de Martín Chambi en su estudio en 1928.
Autorretrato de Martín Chambi en su estudio en 1928.

La fascinación de un adolescente de una familia campesina muy humilde al contemplar cómo un gran artefacto era capaz de inmortalizar un momento de la realidad, y sorprenderse más aún del proceso hasta ver el resultado, le hicieron soñar a Martín Chambi con convertirse en fotógrafo. Para ello no dudó en trabajar, ahorrar y viajar con tal de aprender un oficio que se convirtió en su pasión durante más de medio siglo.

El momento histórico de Perú a principios del siglo XX también jugó a su favor. El despertar social y cultural del país facilitó que el espíritu inquieto y observador de Martín encontrase un gran abanico de posibilidades para desarrollarse. El descubrimiento de Machu Picchu, la tardía Revolución Industrial con los avances en el transporte transoceánico y la llegada del turismo contribuyeron a generar esas condiciones idóneas de progreso y apertura a nuevos campos.

Considerado como un pionero de la fotografía de retrato, Chambi fue reconocido como uno de los peruanos universales del siglo XX. Dedicado en un principio a los paisajes andinos y más tarde a los retratos, su estudio se convirtió en lugar obligado de paso tanto para la alta sociedad como para las clases más humildes. En él hacía pruebas con la luz a todos los personajes que retrataba y fue un revolucionario jugando con la intensidad de la luz. Siempre quiso dar a conocer y difundir su obra a través de exposiciones, pero el conocimiento y estudio de su trabajo llegó después de su muerte, a raíz de una muestra retrospectiva en el MoMA de Nueva York.

Martín Chambi Jiménez nació el 5 de noviembre de 1891, en el pueblo de Coasa, al norte de la parte peruana del lago Titicaca. La condición humilde de su familia, de origen quechua, le obligó desde muy pequeño a trabajar en el campo con sus padres.

Estudió los tres primeros años de educación primaria en su pueblo natal, pero su familia, ante la delicada situación económica y las pocas oportunidades, se vio obligada a abandonar los campos de patatas y coca que cultivaban para trabajar en las minas de oro situadas en Carabaya, propiedad de la empresa americana Santo Domingo Mining Company. Allí el pequeño Martín terminó sus estudios primarios y empezó a trabajar vendiendo alcohol a los mineros y ayudando a sus padres en la extracción del mineral.

Ese fue el momento en el que su vida dio un giro para siempre al conocer al fotógrafo de la compañía americana que documentaba el yacimiento. La cámara y el proceso fotográfico hechizaron a Martín, que decidió que eso era a lo que quería dedicarse el resto de su vida. Su sueño lo puso en práctica recogiendo pepitas de oro que se depositaban en la boca de la mina debido a las lluvias, y cuando tuvo un tarro lleno le pidió a su padre que le permitiera aprender fotografía.

Padre e hijo viajaron a Arequipa y contactaron con Max T. Vargas, el fotógrafo local con más fama de la localidad. Al ver al ilusionado Martín con el tarro lleno de pepitas, lo recibió dejando a un lado el oro y, de forma gratuita, se comprometió a enseñar al futuro fotógrafo. Chambi permaneció a su lado durante nueve años y finalizó su aprendizaje con su primera exposición fotográfica, gracias al patrocinio de su maestro, en el Centro Artístico de la ciudad el 12 de octubre de 1917.

Ese año también contrajo matrimonio con Manuela López Visa y comenzó su andadura en solitario como fotógrafo. Primero lo hizo en la ciudad de Sicuani, donde durante tres años se dedicó a realizar postales para vender después y también montó una galería en la que comenzó a mostrar tanto retratos como paisajes.

Tres años más tarde se establece en Cuzco, el centro del mundo inca, tal vez atraído por su esplendor e historia. En esta ciudad es donde desarrolló su trabajo más importante y deslumbrante. También es aquí donde formó una familia numerosa con sus seis hijos: Celia, Víctor, Julia, Angélica, Manuel y Mery.

Empezó a desarrollar su carrera y expuso en diversas salas y galerías de Lima y Arequipa, y también mostró más tarde sus obras en La Paz (Bolivia) en 1925 y en Santiago de Chile en 1936.

A la vez que comenzó a destacar como fotógrafo y el boca a boca le fue dando fama por su composición y utilización de la luz, compaginó su trabajo como reportero gráfico en periódicos y revistas peruanas, en el diario La Nación de Buenos Aires entre 1918 a 1930 y también publicó su obra fotográfica en la revista norteamericana National Geographic en febrero de 1938.

El éxito artístico convirtió a Martín Chambi en el fotógrafo favorito de la nobleza de Cuzco durante la década de los años 20, aunque él nunca olvidó sus humildes orígenes y su ascendencia quechua para mostrar su favoritismo y sensibilidad para retratar a personajes de la sociedad indígena que acudían diariamente a su estudio. De estos trabajos destacan algunos como ‘El gigante indio Paruro’ (1929), ‘La familia en el cementerio’ (1928), ‘En la hacienda La Angostura’ (1931), ‘La línea de ferrocarril de Cuzco a Santa Ana’ (1930) y ‘La mujer india con el niño’ (1934).

Entre los años 1943 y 1950 su estudio se convirtió en un punto de encuentro obligado al que acabó por denominarse “Embajada de la Bohemia”, y ya era considerado por todos, y sin ninguna duda, como el mejor fotógrafo andino. Su fama traspasó fronteras y el mítico Museo de Arte Moderno de Nueva York calificó su fotografía ‘La boda de don Julio Gadea, prefecto de Cusco’ (1930) como “una de las más grandes del siglo XX.”

Martín siempre empleó en sus trabajos negativos de placa en formato grande, una incomparable fuente de información fotográfica. Utilizaba cámaras Kodak que usaban placas de 18 x 24 cm. y de 13 x 18 cm., si bien al final de su carrera empezó a usar formatos más pequeños.

Chambi recorrió el país a lomos de mula en incontables ocasiones con su enorme y difícilmente manejable cámara encima. Otra característica de sus fotografías es que no eran instantáneas casuales, sino que requerían tiempo de preparación de la escena y análisis de las circunstancias y condiciones. No había lugar para la improvisación en sus trabajos.

En otra de sus etapas profesionales Martín Chambi se desmarcó de sus coetáneos realizando fotografías para él mismo en la que escogía sus escenas y personajes sin esperar nada a cambio. Salía a las calles y capturaba escenas cotidianas.

Sus trabajos personales se convirtieron en la mejor expresión de un profundo reconocimiento hacia su país y hacia sus gentes, con las que por sus orígenes indígenas, siempre estuvo íntimamente vinculado. “He leído que en Chile se piensa que los indios no tienen cultura, que son incivilizados, que son intelectual y artísticamente inferiores en comparación a los blancos y a los europeos. Más elocuente que mi opinión, en todo caso, son los testimonios gráficos. Es mi esperanza que un atestado imparcial y objetivo examinará esta evidencia. Siento que soy un representativo de mi raza; mi gente habla a través de mis fotografías”, dijo Martín en una ocasión.

La época de oro de Chambi se dio en la década de 1930. A partir de 1950, año en que inmortalizó escenas del histórico terremoto que ocurre en Cuzco, su capacidad creativa también parece derrumbarse aunque sigue haciendo fotografías.

Chambi fue uno de los protagonistas de la denominada Escuela de Fotografía Cuzqueña y a lo largo de su vida realizó una decena de exposiciones, tanto en Perú como en el extranjero. Antes de morir reunió a sus hijos para decirles que a pesar de que no les dejaba ninguna riqueza, había una mina en su archivo que ellos deberían cuidar muy bien. Ese tesoro lo componían cerca de 30.000 negativos en placas de vidrio y casi 15.000 en películas flexibles, rollos de 120 y de 35 mm.

Martín Chambi, el pionero de la fotografía de retratos, y quien con mayor dignidad reflejó a la comunidad indígena, falleció en su estudio de Cuzco el 13 de septiembre de 1973 a los 81 años.

Su obra fue reconocida mundialmente a partir de la exposición retrospectiva que realizó el MoMA en Nueva York en 1979. Dos de sus hijos, Julia y Víctor, trabajaron después en la difusión y en preservación de su obra. Después, su nieto Teo Allain Chambi ha continuado con esa labor de divulgación y conservación.

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