Juan Luis Goenaga, un pintor en el objetivo de Woody Allen

Los cuadros expresionistas del artista vasco forman parte del elenco de la nueva película del director, ‘El festival de Rifkin’, ambientada en San Sebastián y estrenada este viernes

Juan Luis Goenaga en su caserio Aitzerterdi en Alkiza, Gipuzkoa, el 29 de septiembre de 2020.
Juan Luis Goenaga en su caserio Aitzerterdi en Alkiza, Gipuzkoa, el 29 de septiembre de 2020.JAVIER HERNÁNDEZ

El día luce espléndido, de modo que el pintor aprovecha para realizar la videollamada desde su jardín, un vergel frente a un voluminoso edificio de piedra encajado en el corazón de la provincia de Gipuzkoa. En el interior, donde se amontonan decenas de lienzos y dibujos, botes de pintura desordenados y pinceles que han dejado su rastro escrito a chorretones, no hay apenas cobertura. Es una de las desventajas de habitar un caserío de entre los siglos XV y XVI, Aitzeterdi, el lugar que desde hace más de dos décadas Juan Luis Goenaga (San Sebastián, 70 años) llama su hogar y su estudio.

Otro inconveniente de una residencia por lo demás idílica es que no todos los días brilla el sol, y las temporadas de lluvia y grisura que definen los inviernos del País Vasco acaban pesando. Aunque a él no le afecta ni al ánimo ni a su creatividad. “Que pintes un paisaje negro no quiere decir que estés deprimido”, se ríe el artista, de barba blanca y carácter afable pese a su reconocida tendencia a la soledad. Los trabajos de Goenaga acaban de salir de Aitzeterdi y de los museos y galerías donde se suelen mostrar para exhibirse en la gran pantalla de la mano de Woody Allen en El festival de Rifkin, una comedia ambientada en San Sebastián que se estrenó este viernes en cines.

Como ya ocurriera en Vicky Cristina Barcelona con el artista Agustí Puig, el cineasta se ha fijado en un nombre local para convertir sus obras en uno más de los protagonistas de la trama. El tema de la pintura es una constante en su filmografía: desde la discusión sobre arte de los protagonistas de Manhattan en el Guggenheim de Nueva York al encuentro en la Tate Modern de Londres en Match Point, Allen ha recurrido a ella una y otra vez como contexto y pretexto de sus historias de neurosis y filosofía. “No sé cómo su director de arte llegó hasta mí”, reconoce Goenaga, “pero la película me gustó muchísimo, sobre todo el final, además de que me sentí muy identificado con Woody Allen”.

Más allá un incansable impulso creativo, son notables las cualidades que comparten el donostiarra y el neoyorquino. Para empezar, “los dos somos personajes totalmente barojianos”, bromea el pintor. “Y ambos nos conformamos con cuatro paisajes: él, con unas calles de Nueva York; yo, Donosti, Zumaya, y si me tengo que ir lejos, algún pueblo de Ávila, de Soria, de Burgos. A los pintores vascos nos interesa Castilla”, dice Goenaga, que tiene otra localización predilecta compartida con Allen: París, ciudad que este retrató en el filme de 2011 Midnight in Paris. El artista ha pasado allí largas temporadas, en un piso compartido con otros pintores en el distrito XIX. Y por allí transitaron casi todos los creadores que le interesan. “Aquello está lleno de galerías”, suspira. “Hay un gran respeto por la pintura”.

Los temas que atraviesan su obra, el paisaje y el cuerpo femenino, también tienen que ver con los intereses narrativos del director. “Cuantos más temas tenga un artista, peor le va”, cree. Habitar en plena naturaleza, con gallinas y cabras como compañía (“siempre he vivido solo”, relata, si bien tiene dos hijos, una la actriz Bárbara Goenaga, y nietos a los que visita asiduamente en Madrid), influye tanto en su cosmovisión como en la de Allen lo hace residir en Manhattan.

Del universo de Goenaga, el cineasta quiso quedarse no solo con sus cuadros sino también con su estudio, que trasladó a otro caserío cercano dada la imposibilidad de colocar cámaras en Aitzeterdi. “Se llevaron botes de pintura, pinceles, hasta libros de arte”, recuerda el artista, que tiene una biblioteca rebosante de títulos de “arqueología, pintura, arte rupestre, geología… Y otro tema que me interesa, el de los capricornio como yo”, cuenta divertido. “Lo son Antonio López, Cézanne, Baroja, Allan Poe o Chillida, con quien lo comentaba y nos reíamos”.

Referentes como esos han sentado las bases de su estilo, expresionista sin abandonar lo figurativo. Un repaso de su trayectoria titulado Goenaga se exhibe actualmente en la sala Kubo-Kutxa de Donostia. “Nunca sé lo que voy a pintar, empiezo con una mancha y el cuadro va surgiendo”, asegura el artista, que ahora también tiene una exposición permanente en el Olimpo de los directores de cine.

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