Una Arcadia cultural en el corazón de la pandemia

Bajo estrictas medidas de seguridad, el Hay Festival Segovia reúne a pensadores, escritores y artistas en cuatro días de celebración humanista

El aula magna de la IE durante la charla con el escritor francés Éric Vuillard, el pasado sábado.
El aula magna de la IE durante la charla con el escritor francés Éric Vuillard, el pasado sábado.Lisbeth Salas

Vivimos tiempos propicios al estoicismo y quizás por eso alguien en algún momento de estos días en los que Segovia se ha convertido en una isla de humanismo y cultura se acordó de Epicteto y aquello de que lo que nos hace sufrir no es lo que nos pasa sino lo que nos decimos sobre lo que nos pasa. Esa era la propuesta radical del Hay Festival, cambiar el discurso y, rodeados de extraordinarias medidas de seguridad, pensar y celebrar lo esencial, volver a los libros, a los paisajes, a las historias y reunirse durante cuatro días en torno a las ideas y la estética. Y todo a 30 minutos en AVE de un Madrid al borde del confinamiento y en una de las provincias de Europa más castigadas por el coronavirus.

“Es mágico estar aquí pese a todas las tormentas”, comentó la poeta Aurora Luque, última ganadora del premio Loewe, que pudo aprovechar el festival para presentar su poemario junto a Raquel Vázquez, la galardonada en la categoría de jóvenes creadores. Será la única presentación en un lugar con público en tiempos de relaciones telemáticas. “Hay que resistir a lo digital a través de la palabra y el pensamiento. Preservar los vínculos analógicos, lo que importa”, añadió Vázquez.

El plan de los organizadores de celebrar la mayoría de los actos en los magníficos jardines repartidos por la ciudad, muchos ocultos al paseante, se frustró por la lluvia. Bajo techo, en ocasiones con mucha más distancia de la exigida y siempre con mascarilla, el público seguía igual de entregado. Hubo más presentaciones inéditas, como la de la nueva novela de Rosa Montero, La buena suerte (Alfaguara), otra de sus historias de supervivientes, nada más propio para estos tiempos. “Toda historia es una historia de muerte”, dijo Guillermo Arriaga parafraseando a Hemingway para entrar en contexto en el diálogo con el periodista Antonio Lucas sobre la novela con la que ha ganado el premio Alfaguara, Salvar el fuego. Arriaga estaba en México, conectado por videoconferencia, frente a un público desperdigado por las butacas del Teatro Juan Bravo, la pandemia obliga, un foro que tantas veces en el pasado se ha quedado pequeño y que estos días parecía solemne y silencioso.

Yo creo que la cultura es un derecho del ser humano, una prioridad. No podemos volver a la dicotomía civilización o barbarie
Sheila Cremaschi

“Yo creo que la cultura es un derecho del ser humano, una prioridad. No podemos volver a la dicotomía civilización o barbarie”, comentó a este diario Sheila Cremaschi, directora del Hay Festival Segovia, para responder a quienes critican estos esfuerzos para difundir la cultura en plena crisis por la pandemia. Si hay un lugar en el que se pueden juntar el mejor paisajista del mundo, un príncipe con inquietudes ecologistas, un sacerdote con grandes best seller y un radical renovador de la novela francesa ese es el Hay Festival. “El final de las grandes guerras se ha firmado en jardines. Volvamos al origen, volvamos al jardín”, propuso desde su estudio el paisajista Fernando Caruncho a un público que madrugó el sábado para escucharlo en el aula magna de la IE University. Algunos repitieron más tarde con el príncipe Hussain Aga Khan y su cruzada conservacionista a favor de la vida oceánica, una misión con una alta carga estética que se podía ver en los cientos de fotografías mostradas.

Fue un pequeño momento de respiro para un festival en el que la pandemia se filtró por doquier. “La herida propia no se entiende sin la herida del mundo”, afirmó Pablo D’Ors ante un auditorio fascinado con las palabras del autor de Biografía del silencio (Galaxia Gutenberg), un ensayo que se agotó en las dos librerías del festival tras la charla y que el teólogo firmó y firmó como en tiempos prepandémicos. Su próximo libro se llamará Biografía de la luz, una pequeña primicia que D’Ors quiso compartir con los asistentes entre risas. También supieron quienes escucharon a Manuel Vilas que, tras Ordesa y Alegría, abandonará el universo personal y que en su próxima novela el coronavirus estará presente a través de una pareja cuyo amor se trunca por la pandemia. “Esto me ha dejado KO. Cuando un escritor no entiende lo que está pasando escribe”, aseguró. Y si alguien es capaz de explicar y transmitir mucho en poco espacio es Éric Vuillard. El autor de El orden del día (Tusquets) dio una clase magistral sobre los fundamentos de sus novelas, los ensayos previos, los entresijos del lenguaje o cómo llega a contar una rebelión ciudadana que reventó Europa en el siglo XVI en menos de 100 páginas tal y como hace en La guerra de los pobres.

El domingo Segovia despertó y la pandemia seguía ahí, pero la lluvia dio un respiro y la poesía llenó los jardines de El romeral de San Marcos, donde poetas, embajadores, espontáneos y aficionados leyeron poesías propias y ajenas y llenaron los rincones de este pequeño paraíso a los pies del Alcázar de versos en holandés, italiano, español, alemán, portugués y francés. Por unas horas, la palabra y la literatura se superpusieron al desastre.

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