La emoción de Verdi y las palabras de Vargas Llosa abren la temporada del Real

Los Reyes asisten al estreno de la ópera ‘Un ballo in maschera’, del genio italiano

Un momento de la representación de 'Un ballo in maschera', en el Teatro Real.
Un momento de la representación de 'Un ballo in maschera', en el Teatro Real.Javier del Real

“Que muchas cosas andan mal a nuestro alrededor, sin duda. Pero a lo largo de la historia de la humanidad, nunca hemos estado mejor”. Con esta cita del filósofo Karl Popper dio la bienvenida Mario Vargas Llosa al público congregado en la noche del viernes en el Teatro Real, entre el que se encontraban los Reyes de España, que presidían la inauguración de la temporada, y un buen número de ministros (entre ellos, el de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes), políticos (Pablo Casado e Inés Arrimadas) y autoridades del Estado, con la vicepresidenta Carmen Calvo y la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, a la cabeza. El escritor, presidente de honor del consejo asesor de la institución, al frente de cuyo patronato está Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, habló antes del estreno de Un ballo in maschera, de Verdi, en una producción de La Fenice de Venecia que pone el foco en el conflicto racial en Estados Unidos y que desde los primeros minutos arrancó aplausos de un público entregado y especialmente emocionado por poder disfrutar de una ópera en directo en un día tan difícil en Madrid, pocas horas después de que la presidenta de la Comunidad, Isabel DíazAyuso, anunciara duras restricciones de movilidad y aforo en la región. Ni ella ni el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, asistieron a la función.

La lluvia impidió que se pudiera retransmitir en directo el estreno a través de grandes pantallas colocadas en el exterior del edificio como estaba previsto, pero no perturbó la emoción que se vivió dentro. Con el maestro Nicola Luisotti a la batuta y un trío de primeras voces formado por Michael Fabiano, Anna Pirozzi y Artur Rucinski en los papeles principales, la música de Verdi embargó de nuevo anoche el patio de butacas del coliseo, que también había elegido una obra del compositor italiano, La traviata, para reabrir sus puertas en julio tras seis meses cerrado por el coronavirus.


Versión adaptada

Antes de la pandemia, el Real había previsto inaugurar la temporada con una versión diferente de la misma obra, la dirigida por David Alden y estrenada en la Metropolitan Opera de Nueva York en 2012, pero este teatro se mantiene todavía cerrado por el coronavirus (según ha anunciado, al menos hasta final de año) y no ha sido posible trasladar la escenografía hasta España. Casualmente, La Maestranza de Sevilla había programado una producción de este mismo título para febrero del año que viene, la que estrenó La Fenice de Venecia en 2017, con puesta en escena de Gianmaria Aliverta, por lo que el decorado estaba ya preparado para viajar a España, circunstancia que fue aprovechada por el Real.

La traviata del verano fue una versión de concierto semiescenificada, pero ayer el coliseo dio un paso más con una puesta en escena en toda regla, aunque con algunas modificaciones sobre la original de La Fenice para evitar contactos directos entre los intérpretes. No hay besos entre los amantes Riccardo y Amelia, el coro se distribuye en plataformas móviles para evitar aglomeraciones en el escenario y las máscaras del baile de disfraces que da título a la obra son aquí mascarillas que reproducen los rostros reales de los bailarines.

Lo que no ha variado un ápice es la carga política de la puesta en escena de Aliverta. Así concibió originalmente la obra el propio Verdi, que en origen había situado la trama en Estocolmo, inspirándose en el asesinato Gustavo III de Suecia durante un baile de máscaras en el siglo XVIII. La censura le obligó a trasladar la acción a Estados Unidos.

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