Nueva temporada del Teatro Real

El Teatro Real parte del conflicto racial para abrir su nueva temporada

El coliseo madrileño retoma la actividad con un ‘verdi’ de gran carga política

Representación de 'Un ballo in maschera' en su estreno en Venecia en 2017.
Representación de 'Un ballo in maschera' en su estreno en Venecia en 2017.MICHELE CROSERA

Si La traviata fue lo primero que sonó en el Teatro Real cuando reabrió sus puertas en julio, después de cuatro meses de silencio por el coronavirus, el coliseo madrileño vuelve ahora a confiar en otra popular ópera de Verdi para retomar su actividad después del verano. La próxima semana inaugurará su nueva temporada con el estreno de Un ballo in maschera, una producción que tuvo su estreno absoluto en 2017 en La Fenice de Venecia, con una puesta en escena que traslada la acción al contexto de las luchas raciales en EE UU y que introduce modificaciones sobre la que ideó originalmente el director Gianmaria Aliverta para adaptarla al protocolo sanitario impuesto por la pandemia. Es decir, con distancia de seguridad entre los cantantes, máscaras para los bailarines y barreras de metacrilato en el foso, entre otras medidas.

“No se trata de una versión de concierto semiescenificada como fue La traviata en julio, sino de una puesta en escena completa adaptada a la normativa de seguridad actual”, se apresuró a aclarar ayer el director artístico del Real, Joan Matabosch, durante la presentación de la obra a la prensa. "La traviata nos sirvió como banco de pruebas para dar ahora este paso más y confiamos en lograr el mismo éxito que entonces”, añadió el director general, Ignacio García-Belenguer, aportando varias cifras: “20.000 entradas vendidas en 27 representaciones y dos millones de euros de recaudación. Cumplimos tanto los objetivos de asistencia como los artísticos y sanitarios”. La soprano Lisette Oropesa logró incluso arrancar un bis en su última función, convirtiéndose en la primera mujer que consigue uno en solitario desde que el coliseo se reinauguró en 1997.

El propio Gianmaria Aliverta se ha encargado de adaptar su puesta en escena. “El público casi no lo va a notar, pues hemos conservado los principales elementos de la escenografía. Lo que más cambia es la disposición del coro, que para evitar aglomeraciones en el escenario va a estar colocado sobre unas plataformas móviles. Los bailarines llevarán mascarillas con sus rostros impresos en ellas y, por supuesto, no habrá besos en el dueto de amor entre Riccardo y Amelia [los dos protagonistas]”, explicó ayer Aliverta. “Pero la música expresará ese abrazo por sí sola. Verdi no era solo un excelente compositor, sino también un magnífico dramaturgo que conseguía crear acciones con la partitura”, dijo.

Es lo mismo que dijo el maestro Nicola Luisotti cuando dirigió a la orquesta en La traviata de julio y lo que volvió a repetir ayer: “La música llenará la distancia entre los amantes. Esa es de hecho la esencia de la ópera y su ventaja sobre el cine o el teatro: la música nos permite transportarnos a cualquier lugar y cualquier momento de la historia sin necesidad de escenificarlo. Así que no necesitamos (ni debemos) ser veristas. La ópera nunca lo ha sido”.

La puesta en escena de Aliverta explota esa cualidad y traslada la trama que Verdi imaginó en Estados Unidos durante el siglo XVIII hasta el siglo XIX, en los años posteriores a la Guerra de Secesión, cuando la abolición de la esclavitud provoca una reacción de racismo extremo que aún perdura en la sociedad norteamericana. “Verdi nunca se habría interesado por un libreto que hablara solo del amor, quería que hubiera siempre un trasfondo político. Si hubiéramos mantenido la acción en la época original, el montaje se habría quedado desnudo de contexto, por eso consideré oportuno introducir el conflicto racial, de plena actualidad hoy día”, explicó el director.


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