EL HOMBRE QUE FUE JUEVESColumna
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En todos los viejos cines hay fantasmas

Cuatro personajes a la huida o a la deriva se encuentran en un antiguo teatro. Un proyeccionista, un hombre metido en política; su hermano, que ha de enviar una carta misteriosa. Y todavía más misteriosa es la señora Selma Parker

Los protagonistas de 'Els subornats', de La Ruta 40.
Los protagonistas de 'Els subornats', de La Ruta 40.david ruano

Una mujer arroja una cafetera hirviendo sobre el rostro de su agresor en una vieja película de Fritz Lang, de la que Lluïsa Cunillé ha utilizado el título para su nueva obra, Els subornats. Me dice la directora Lurdes Barba: “Acabamos de empezar el viaje: los ensayos en el Teatre de Salt. Estás convencida de que creías saber muchos secretos, pero cuando menos lo esperas llegan nuevas revelaciones”. La función se estrena el 10 de octubre en Salt, en Temporada Alta. Y hará temporada en la Beckett desde el 20 de enero hasta el 14 de febrero. La obra está escrita para la compañía La Ruta 40, con la incorporación de Àurea Márquez. Los restantes intérpretes son Albert Prat, Sergi Torrecilla, y Alberto Díaz. Cuatro personajes a la huida o a la deriva se encuentran en un viejo cine. Un proyeccionista, un hombre metido en política; su hermano, que ha de enviar una carta misteriosa. Y todavía más misteriosa es la señora Selma Parker, cuyo enigma conviene desvelar lo justo: curiosamente, Cunillé no ha elegido evocar el personaje de Gloria Grahame, sino una aparente secundaria de la historia. Pero no estamos en lo más turbio del cine negro. “Desde luego, es un guiño o un homenaje a Los sobornados, aunque, como siempre, la mirada de la autora abarca otros paisajes y otros perfiles”, dice Lurdes Barba. “Personajes perdidos, muy de Lluïsa, que parecen habitar un mundo que está acabando. Selma toma una determinación que la puede poner en peligro; el político también elige correr un riesgo”.

Le digo que leyendo el texto me volvieron ecos de la desaparecida madre de los hermanos. “Hay historias para todos. Se quedó viuda. El padre era boxeador. Con un director de tercera se fue a vivir a Italia. Ella siempre llama al hijo mayor porque le gusta escuchar las mismas historias”, me dice. Pensé en esta frase, que parece escrita a medias entre Marsé y Modiano: “En todos los viejos cines hay fantasmas”. Pensé en The Flick, la obra con la que Annie Baker ganó el Pulitzer, que también sucedía en un cine destartalado. Pienso en narraciones de la propia Cunillé, como Passatge Gutenberg, donde Lurdes Barba actuaba o dirigía: grandes piezas como Barcelona, mapa d’ombres, La cita, la reciente Islandia u Occisió, que tiene quince años y el pasado invierno, me cuenta Barba, se estrenó en la sala pequeña de la Comédie. Celebremos el comienzo de temporada con un regalo infrecuente: otras dos obras de la autora subirán esta temporada a la escena. Mientras Els subornats ocupa una sala de la Beckett, en la otra dirigirá El jardí Albert Arribas. Y del 6 de mayo al 15 de junio, en el TNC, Xavier Albertí se despedirá del Nacional dirigiendo L’Emperadriu del Paral.lel, con Pere Arquillué, Chantal Aimée, Silvia Marsó y Montse Esteve, al frente de un gran reparto. Ahora, Barba y su banda están impregnándose del perfume del viejo cine recreado por Cunillé: el mundo al que quiere arrastrar a los espectadores. Me vuelve la imagen final de una colilla roja agujereando la oscuridad. Y perdura en la memoria.

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